martes, 29 de mayo de 2018

Arrebol en mi corazón

Yo no sé lo que es pasar hambre. No sé lo que es dormir en el suelo. No sé cómo sienta el frío en las madrugadas de invierno, como tampoco sé cómo se siente una ducha helada. No sé lo que es que te violen, que te torturen, que te denigren como mujer, y peor aún, como persona. Jamás he visto morir a nadie, y tampoco conozco de primera mano el color de la sangre. No sé lo que es una guerra, ni siquiera he visto nunca de cerca una pistola. Vale, quizás no sea la persona más desgraciada de este mundo, pero ¿Sabéis qué? Aún así sigo pensando que yo tengo derecho a estar triste. Sí, yo tengo derecho a llorar. Porque yo no sé muchas cosas, pero sin embargo, sí sé muchas otras.

Sé lo que es sentirte sin casa aun estando en la tuya propia. Sé lo que es no tener familia, peor aún, tenerla en un paréntesis acomodado en el olvido. Sé lo que es vivir con la depresión a tu lado, combatiendo día tras día para que no te salpique a ti también, y estar involucrada en esa lucha durante años y años, casi toda tu vida. Sé lo que es tener que partirte en dos, para estar con tu padre y con tu madre, sin que ellos tengan que verse. Dos casas, "qué privilegio" dicen. Qué ingenuos son. También sé lo que es llegar a casa y jamás escuchar un "buenos días" o un "buenas noches", ni recibir dos besos de tu madre. Sé lo que es vivir cuidando de tu "familia", si a "familia" se le puede llamar a un padre por un lado y una madre por otro, cuando es tu familia quien debería cuidar de ti. Sé lo que es abandonarte a ti mismo por mantener con vida a los demás. Lo peor de todo, y lo que los más ingenuos desearían para ellos, sé lo que es no tener un sólo hermano en quien apoyarte cuando la casa se te cae encima. Por no tener, no tengo ni perro.

Sé lo que es sentir que estás en casa cuando estás en la de tu novio, en la de tus amigos, incluso cuando estás en la calle, pero jamás, nunca cuando estás en la tuya. Sé lo que es vivir entre rejas desde pequeña y sin cometer delito. Sé lo que es aprender a base de castigos incluso antes de haber aprendido siquiera a andar bien. Sé lo que es pasar las Nochebuenas y las Navidades sentada sola en la mesa, como también sé qué se siente al tener tres años de vida y verte llorando encima de tu madre mientras no se puede levantar del suelo y tu padre grita, y grita, y vuelve a gritar, y si mueve un dedo, o echa una mano, no es precisamente para ayudarla. Y a pesar de todo esto, sé también, y mejor que nadie, que lo que no te mata, te hace más fuerte. La primera opción no fue la que la vida eligió para mí, y por lo tanto, me he visto durante los 18 años de mi vida en la segunda; aprender a ser más fuerte a base de palos, y a veces escribir, contarlo, soltarlo, es la única manera de seguir siéndolo. Así empezó todo esto hace seis años, y esa es la verdadera razón de la existencia de este blog. Y supongo que cada uno tendrá su historia, que no seré la única. Pero hoy creo que ya era el día de contar la mía.

Siempre he pensado que hay gente que ha nacido para luchar, más que para vivir. Esas personas que son como "salvadores" del mundo, que sirven de referencia para que mucha gente siga adelante. Yo siempre me he considerado una de esas personas. Vivo en el "casi, pero no", en el "para la próxima será", en el "esta vez no ha habido suerte". Si consigo algo es porque antes la vida me ha dicho veinte veces que no. Si sigo andando es porque antes me he tenido que tropezar mínimo diez veces. Soy la última de la fila en el patio del recreo, soy la que llega tarde, cuando se ha acabado la función, cuando ya no quedan trozos de tarta. Soy el "qué lastima, pobrecita", soy la última persona en la que alguien pensaría para hacer un equipo en educación física. Siempre lo he sido, esa es la verdad. Pero no importaba, porque yo seguía luchando, y a pesar de todo, salí de todas mis enfermedades, incluso de la que casi me cobra la vida. Y fui el "me he graduado en bachillerato", el "he entrado en la universidad", el "se me da bien escribir". Sí, a veces he sido muy feliz, a pesar de mi mala suerte. Pero a nosotros, los luchadores, ser ese tipo de persona también nos cansa, y hay veces que no podemos más, y que por intentar ser más fuerte de lo que somos, la vida nos juega malas pasadas.

¿Te acuerdas de aquella vez que te dije que no era justo que tú hubieras entrado en medicina y yo no en mi carrera? Pues por ello tiré por la borda mis quince años de amistad contigo. ¿Te acuerdas cuando me encapriché con aquel chico que estaba contigo y no paré hasta estar con él? Por culpa de eso me perdí tres años de vida contigo. ¿Te acuerdas de aquel día que preferiste salir con tu amiga antes que conmigo y yo me enfadé? Por eso no volví a saber nada de ti en cuatro años. Sí, es un rasgo de las personas luchadoras, sabemos mejor que nadie lo que es perder a alguien, y por eso tratamos a toda costa de mantener a la gente a nuestro lado. Los que encima tenemos mal carácter, lo tenemos muchísimo peor. Nuestras palabras nos hacen perder relaciones muy valiosas, como las que yo perdí con todos vosotros. Pero ¿Qué queréis que os diga? A veces tener algo de maldad me hace sentir persona, porque de verdad que no suelo sentirme así a menudo. No sé, si luego me arrepiento a veces no sirve de nada, el daño está hecho. Pero sé que sigo siendo persona, y buena, en el momento justo en que lloro por vosotros. Y hablando del otro tema, nunca juzguéis a nadie por ir de flor en flor. Es muy sencillo, cuando alguien no tiene amor en su casa, lo busca en la calle.

Un día me levanté por la mañana y ella ya no estaba. Se había ido. Y esa misma noche él se fue con ella. ¿Y sabéis cómo me vi de la noche a la mañana? En frente de dos ataúdes y con dos abuelos menos, los últimos que me quedaban. Otro día también al levantarme por la mañana vi a mi madre normal. Esa noche sonó el timbre. Podría ser alguien de la familia que no tenemos, que venía a visitarnos, pero no, era la ambulancia, que venía a por ella. También otro día, de repente se encontró en el hospital con cinco bolsas de sangre y un cáncer que podía con ella. Una vez esperé en el balcón, como cada noche, a ver aparecer el coche de mi padre, pero él no volvió, la verdad es que nunca más lo hizo, y mi madre me cantó desde esas Navidades, cada año, la canción "Vuelve a casa por Navidad".  La vida siempre se ha acostumbrado a quitarme las cosas de un plumazo ¿Comprendéis ahora que siempre saque la garra cuando veo que alguien se aleja de mí o que intentan quitarme lo que es mío?

Desde que lo conozco, siempre he admirado a Migue Benítez, porque escribe, porque canta, lo que mi mente piensa, lo que mi corazón dice. Porque nunca sabremos qué nos depara la vida, porque la felicidad la tienes que buscar tú, porque nadie lo hará por ti. Porque se halla en las cosas simples, las cosas simples como las garrapatas, como una guitarra, como una tarde de verano al sol, como un pan con manteca, como un huevo duro y una rodaja de tomate. Porque hay que vivir el presente, y hacer lo que más te llene. Porque con un traguito de cerveza y un cajón flamenco todo se arregla, porque la droga, después de lo mala que es, lo purifica todo. "Dice la gente que vamos rápido, que a nuestra edad es raro pensar lo que pienso yo. Tal vez, yo muera antes que los demás". Y sí lo hizo, a los 21 años. Y me siento tan identificada con él, que incluso en lo más profundo de mi ser, desearía irme de este mundo tan joven como él. Es mi otra mitad. Creo que es a quien he estado buscando en cada novio que he tenido. Pero bah, como él jamás habrá nadie. Lo que yo siento con su legado, jamás nadie lo podrá entender, y es otra de las razones por las que yo hoy soy así.





Y con todo esto,


Yacía mi corazón en vilo,
inefable tormenta acaecida.
Amanecer desmesurado en sigilo,
etéreo llanto tras tu partida.

Ademán de correr
bonhomía consumida.
Garras al proteger
la sombra de mi melancolía.

Bésame si aquí estás,
abrázame si en mí aún sigues.
Acendrada es mi forma de amar,
epifanía lo que tú persigues.

Arrebol en mi corazón,
locura en mi mente.
Limerencia si tú, o si yo.
Ojalá tenerte por siempre.


Loes

miércoles, 23 de mayo de 2018

La belleza y tú

Hace tiempo que vengo diciendo,
que hace tiempo que vengo olvidando,
que el corazón lo tengo en el cielo
y los pies hundidos en barro.

Hace tiempo que es verdad,
que hace tiempo que ya no es mentira,
que aprendí de una vez por todas a amar
a quien sin buscar encontró mi alma perdida.

Las grietas de mi cuarto ya no crujen,
los cristales de las ventanas no se quiebran,
ahora hallo la serenidad
después de mil noches en vela.

Bajo mi manta escondo mi plan más frío,
que ese hombre sea pa' mí, pa' siempre mío.
Bajo mi manta escondo mi cabeza cuando voy a dormir,
y cien veces que sueño que te pierdo, cien veces que deseo morir.

Si abro la puerta mi ilusión se escapa
y se cuela por la ventana que de luz llena tu cama.
Rayito de sol, nube de algodón,
pintas de hermosura mi mundo interior.

Luna llena,
lucero azul.
Marea alta,
la belleza y tú.

Cielo naranja,
cometas en el aire.
El verano del amor
si se enciende arde.

Tengo una espinita en el corazón
que lleva por nombre Adrián.
Dice que nació en mi interior
y que jamás de ahí se irá.

A Adri Aguilar, el rey de mi vida.

viernes, 9 de marzo de 2018

Un día más

En esta vida he aprendido que ignorar los problemas es sólo una manera de alargarlos. He aprendido que lo inevitable pasará, y que debes luchar por lo que quieres conseguir, del mismo modo que he aprendido a desistir de lo prescindible. He aprendido que la lluvia es lo único que cae del cielo, y que a veces ni el suelo es lo suficientemente estable para pisarlo. He aprendido a andar con pies de plomo, a hacer de tripas corazón. Porque la vida es tan relativa como lo es el tiempo, porque un día estás en la cima, y otro enterrado bajo cemento. Durante algún tiempo fui feliz. Pero la vida se me fue, huyó de mí. Tiempo después, construí una muralla para protegerme del exterior, pero aquellos ladrillos no consiguieron soportar tanto peso, era demasiada la soledad, era abundante la tristeza, era insoportable el recuerdo. Aquella muralla se cayó y fuerza no he tenido ni para recoger los restos. Quiero verlo de otra forma, pero no puedo. Mis amigos se fueron, y echarles de menos no basta para que vuelvan. Aquellos que un día estaban conmigo hoy hacen su vida sin mí, y en mí habita el vacío de su ausencia. Qué tan duro debe ser el invierno que ni frío siento en las manos, sino mi corazón hayándose congelado hace duros esfuerzos por mantenerme con vida. Por la calle del olvido ecos de sus pasos suenan, de todos aquellos que se van por el camino fácil en busca de una felicidad inmediata. De todos aquellos que prefirieron el naufragio antes que la tormenta. De los orgullosos, de los cobardes, de los que no buscan soluciones pero no quieren problemas. Para los que huír renta más que luchar. Yo me quedé sola en la batalla, con un corazón hecho de cristal que se quebraba al más mínimo daño que sentía. Y sin embargo hoy es ese corazón el único que me mantiene con vida. Ya el invierno toca su fin y yo poco a poco voy entrando en calor, busco cobijo sobre un colchón de plástico y entre unas mantas de algodón. Todo se esfuma tarde o temprano. Todo sustento se derrumba. El sol se pone. Las nubes chocan. El agua cae. Pero yo seguiré de pie. Aunque solo sea por un día más.

viernes, 2 de febrero de 2018

Qué bonito

Qué bonita esa ciudad,
espejo de la mía,
a kilómetros de distancia,
pero tan cerca como parecida.

Qué bonito campo,
donde el viento corre y purifica,
qué bonita casa,
aquella en la que vive mi segunda familia.

Ellos me dan cobijo,
compañía y amor.
Y si alguna vez tengo frío,
me regalan su calor.

Desde que estoy con ellos
la vida me sonríe
los pájaros me cantan
y las mariposas me siguen.

No saben cuánto les quiero
y tampoco imaginan
que en mi vida son lo primero.

Ni por todo el oro del mundo
yo los cambiaría,
ni a todos ni a ninguno.

Qué bonitos son,
qué bonito lo hacen,
qué será lo que tendrán,
que son como nadie.

Corazón de oro,
puño de acero,
valen mucho más
que cualquier dinero.

Los veo y la tristeza se me murió,
los tengo y nada más necesito tener.
Qué bonitos que son
Isabel, Paco y Rubén.


domingo, 31 de diciembre de 2017

Rostros sombríos

Vengo rumiando un tiempo
que las cosas han cambiado,
que ya no hay tal cenicero
ni sobre él dolor alguno apagado.

Vengo rumiando un tiempo
que las cenizas se me caen al suelo.
Porque las piso y no se apagan,
me las llevo con el dolor de mi alma.

Por qué necesito que el humo persista,
porque respiro aire y me ahogo.
Por qué anhelo el alcohol en mi sangre,
porque bebo agua y me subrogo.

Vengo rumiando un tiempo,
que ya no soy la misma,
de mi mano alguien se soltó,
y la lluvia de caer desistía.

Quizás de mí ingenua,
que lo ignoré por completo,
pero ahora anhelo aquellas manos
como a la sombra que se llevó el viento.

Aquellas risas ahora permanecen congeladas
viviendo en todos esos rostros sombríos.
Miradas esquivas si las hubiere,
ceniza donde hubo madera quemada.

Cruzo las calles,
abordo las esquinas
y en cada mujer
creo ver tu figura.

Aquellos pasos que oigo tras mi espalda,
no son más que el lejano recuerdo
 que tengo de los tuyos.
Quisiera verte a ti, amiga,
después de girarme,
y no tener motivos para huir,
sino de tu ausencia librarme.


Te echo de menos.


A A.F
A Alicia




sábado, 2 de diciembre de 2017

Tras aquellas paredes

Sintiendo el arroyo de la noche la sutileza de mis pensamientos se tornaba ensordecedora, abasteciéndome de tus efímeros recuerdos intentaba hallar la calma en el campo de batalla que había irrumpido en mi habitación. Hasta tan dichosa calma se me antojaba tempestad cuando tú no estabas ahí para referirme cuánto para ti mi vida significaba. Creí estar sola cuando te encontrabas a mi vera, creí haber tocado con la punta de mis dedos el fuego del infierno cuando con tus labios callabas los anhelos de mi boca. Qué alma tan estúpida la mía que por tales sandeces ahora agoniza ante la tormenta de tu irrevocable marcha. Que me condenen si en amarte no me empeñé, que me lleven junto al diablo si en hacerte mi hombre yo no insistí. Tal fue mi tarea y siempre mi empeño puesto en ella, pero el cielo no me sonrió, yo lo vi llorar. Sus lágrimas mojaron mis sentimientos y calaron hasta los resquicios del ático de mi alma. Ahora padezco la gotera de tu amor quebradizo, impune, absuelto de ser castigado. Me da un vuelco el corazón y estimo que en tu regreso estaría el milagro de mi ser, ser mundano que sólo mendiga tu calor en los días de desdicha. Pero ya no me queda más remedio que callar y obedecer a las paredes que me dan cobijo, que más allá de ellas serenidad alguna encontraré, ni pasos que me lleven de vuelta a tu edén.

jueves, 16 de noviembre de 2017

Hoy ha sido un día triste

He llorado la pérdida
de mil lunas a mi vera,
aquellas me alumbraron el camino
cuando me perdía por las veredas.

He querido reemplazarlas
y su lugar ya está precintado,
volaron las liebres hacia lejanas aguas,
me escondí en un lugar abandonado.

Dicotomía en mi vida,
fui y ya no soy,
echo de menos los días
que ya no son como hoy.

Mis amigos ya se fueron,
ahora otros me dan cobijo,
es esto lo que yo quiero
mas no lo he elegido.

Mi nueva vida me abraza
y yo me dejo hacer buena dama,
el relente de la noche me sorprende
y envuelvo mis miedos en su manta.

Culpable es el tiempo,
bonitas las nubes
que quiero tocar
y ellas se cubren.

Rocío de la mañana que viste
de blanco el bosque,
de negro mi alma;
hoy ha sido un día triste.



miércoles, 8 de noviembre de 2017

Mi(l) mundo(s) interior

Le planto frente
a esta hoja en blanco
con lluvia en los ojos
corazón hundido en barro.
Las alas no se me encrispan,
en la cima de mi alma
se esconde una carta
firmada con borrosa tinta.
Y el hielo me baña,
y el viento me enreda
en una noche oscura
me desvío por tus veredas.
Oscuro es el camino
verde la primavera
en el mar nado conmigo
y canto con las sirenas.
Muriendo me hallo
a ti te quería
incluso me has dado
donde más me dolía.
Que los duendes te cuenten
quién era yo
que las hadas brillen
hasta que muera el sol.

miércoles, 30 de agosto de 2017

Tengo un invierno en el corazón

Tengo un invierno en el corazón. Cada vez que no me miras. Cada vez que no me rondas. Cada vez que para no besarme. No me abres la boca. Cada vez que te vas. Pero vienes. Pero vuelves. Para volver a irte. Para no regresar. Porque es mejor despedirse. Porque es peor no decir adiós. Porque adiós y te quiero no echan raíces. Porque el viento arrasó. No ha existido invierno tan frío. Invierno con más ansias de verano. Ni corazón que lo soporte. En sí mismo. Corazón mundano. El mío se extinguió. Hace un segundo. Hace un segundo llovió. Hace un segundo. Que le tengo miedo al sol. Tengo un invierno en el corazón. Que alberga lluvia, nieve, tormenta. Que abarca mar. Que abarca selva. Que da cobijo al frío. Que siento que ese corazón ya no es mío. Que me congela la piel. Que lo miro y no es él. Que de mí se olvidó. Que me dejó sin calor. Y ahora muero de frío. Y ahora escucho el eco del pájaro sombrío. Desistir de escuchar su voz. Asumir mis propios desafíos. Tengo un invierno en el corazón. Que me dice que él ya se marchó. Que me dejó y no se asustó. Que sacó un pañuelo y no lloró. Que lo abrió y lo celebró. Triste mi corazón. Triste mi alma y triste yo.


Tengo un invierno en el corazón
que no deja que las flores crezcan en mi interior.

Corazón, pobre del mío. 

domingo, 20 de agosto de 2017

Despídete de la luna

Donde el cielo nace
donde el horizonte acaba
en el universo el sol duerme
en el firmamento las estrellas bailan
he dormido toda la noche
añorando el despertar del alba
he abrazado a la luna entre poemas
entre lágrimas las nubes me lloraban
y el agua pura en mi piel se resbalaba
y pasaba dentro y mi corazón limpiaba
de polvo antiguo de barro sucio
de viejos recuerdos marchitos y absurdos
y en el suelo yacía un charco transparente
yo tendida al lado miraba al fondo de frente
entonces pasó una niña a verme
la asusté y lloró desconsoladamente
ella me conocía y sabía que yo no podía
que el frío me calaba que no me abandonaba
que la fiesta de la madrugada no me pertenecía
que en el llanto de mi pasado mi pena se ahogaba
siempre he echado más de menos
que he echado cosas de más
que siempre me lo guardo que siempre lo escondo
que incluso cuando lo pierdo la vida me vuelve a ganar
ya es verano y no me importa
que ahora hace calor aquí dentro
y en esta habitación soy yo la que sobra
ya es verano y no perdono al invierno
que a mi cuerpo le faltó calor
que a mi mechero le faltó fuego
sola sola me encuentro
dentro dentro pasa la madrugada
tarde tarde se hace
llora llora la mariposa sin sus alas
grito y me quedo muda
grito pero nadie me escucha
lloro y en el cielo amanece
niña, despídete de la luna.

-Despídete de la luna

miércoles, 19 de julio de 2017

Quizás sólo llueva dentro de mi casa

Cuando el reloj se para
mi corazón se congela
y empiezo a dudar;
¿Por qué todo en mí se quiebra?
Si quisiera continuar
andaría con los pies vendados
pero me da miedo caer
sin que nadie me abra sus brazos.

Cuando el reloj anda
deseo que lo haga al revés,
que se reste el tiempo,
que de y cuarto se pase a y diez.
Quisiera andar hacia detrás,
no al futuro sino al pasado,
para saber lo que se me viene
y poderlo esquivar antes de que llegue.

Cuando el reloj hace tic-tac,
comprendo que el tiempo no está ausente,
y que la eternidad es sólo un parche
que me inventé para protegerme.
Y aunque todo esto sea cierto,
he podido comprender que con lo malo no basta;
el tiempo permite que fuera el sol brille,
(quizás sólo llueva dentro de mi casa).

jueves, 6 de julio de 2017

Me han crecido alas en las cicatrices

Siempre he querido pensar que la vida es demasiado bonita, y algunas veces he creído falsamente que a tu lado lo sería aún más. Tenerte es un plato prohibido, tu compañía; un sabor que mi paladar nunca tendrá el gran privilegio de poder degustar. A menudo mis pensamientos acerca de ti me desgarran el corazón y él empieza a dudar si debe latir. Tengo miedo de que en un tiempo termine por olvidarlo y por eso ya no me hablo de ti. Guardo tu memoria bajo llave en los resquicios de mi casa con el inútil objetivo de no encontrarme con tus recuerdos de frente y no saber por dónde huír. No lo sé, el cómo, pero ellos siempre consiguen salir y pasan a verme. Y entonces desisto de huír, y me vuelvo a esconder para poder sobrevivir.
Resultado de imagen de alas
Si te dijera las veces que, contradiciendo a mis principios de supervivencia, he mirado detrás de la puerta para ver siquiera tu sombra aparecer tras ella... Si te dijera que tiemblo al verte temblarías conmigo y estaríamos en igualdad de condiciones. Me he dormido cien noches imaginando tus ojos posarse sobre mi silueta, visualizando cómo tu mirada se torna dulce y en un gesto amable le sonríe a mi cuerpo dormido. Si te dijera que otras cien noches las pasé contigo... Tomamos café y nos dimos la vida. Nos leímos y nos escribimos, legra a letra, poniéndole punto y final a cada frase que acabábamos. En mis sueños ocurría así. Estás en mí, en mis tazas de café y en las portadas de mis libros. Atrincherado en mi espalda y aferrado a mi alma. Como el niño de ojos brillantes y nervios incontrolables que agarra con fuerza y premura su balón.

Y es en este punto de la historia donde me doy cuenta de que ahora yo soy la mujer que lleva esos tacones de aguja pero que pisa fuerte y lleva paso firme. El rumbo me lo ahorro y prescindo de coger atajos ni servicios. La vida ahora es más bonita sin ti. Los ramos de flores me llueven solos y los piropos me los digo a mi antojo. El pájaro hace su nido y yo hago mi camino. Mi piel ya no necesita tus caricias y mis labios ahora saben respirar sin tus besos. Mi cama deja de estar fría a pesar de que ahora vuelves pero ya estás lejos. Te nombro y al amor ya no lo siento. Me voy al aeropuerto; quiero viajar antes de irme. Me marcho a otros países y no cojo avión


...porque me han crecido alas en las cicatrices.

Loes