Me gustaría decir que me crié en un mundo bonito y justo. Me gustaría decir que viví y vivo en un mundo bueno. Que es verdad eso del Karma, o los experimentos sociales en los que alguien recoge del suelo la cartera de alguien y se la devuelve. Me gustaría poder decir que es cierto que los amigos siempre se quedan, y que el amor, cuando es verdadero, es para toda la vida. Me gustaría pensar que es cierto eso de que es el mismo amor el que siempre mueve el mundo. Pero no, nada de eso es verdad. En este mundo puedes ser un hijo de puta toda tu vida mientras la misma te trata como un rey, y viceversa. Generalmente lo que encuentras te lo quedas, y ni siquiera reconoces que alguna vez se perdió. Aquí al final acabas perdiendo hasta esos amigos que contabas con los dedos de una mano, y normalmente se enamora de ti alguien completamente diferente a de quien tú lo estás. Este mundo se mueve por el dinero, da igual cuánto lo quieras, o el talento que tengas, si no tienes dinero para pagarlo no lo puedes tener. Todos valoran lo que tienen los demás pero nadie valora lo que él mismo tiene. Nos hacemos ilusiones, daño unos a otros, vamos a por el débil y lo hacemos más débil para que los valientes se hagan más valientes. Juzgamos sin saber, y machacamos después de juzgar. Y qué fácil se ve. Nos da igual lo que le pase al vecino del cuarto pero la cosa cambia cuando afecta de puertas para dentro de casa. Y qué lástima de sociedad. Pero es así, nada es justo y nada es eterno. La vida es una ruleta rusa constante y hay que saber ponerse las gafas para encontrar la belleza y la bondad detrás de todo eso, porque después de todo, ahí sigue estando, diminuta pero impoluta, para el que sepa apreciarlo y verlo.
La vida es como un juego de cartas, suerte que yo todavía conservo los comodines sobre la mesa y los ases bajo la manga.
viernes, 10 de marzo de 2023
Búscame y encuéntrame
en cualquier cafetería
de la calle Álamo
Llévame de la mano
a aquel mirador
que jurabas le hacía justicia al cielo
y pareciese que nunca podría llover
Bésame justo cuando pase
una estrella fugaz
y suelta mis labios
cuando vuelva a pasar
el último cometa
que haya cruzado la ciudad
de un punto a otro
sobre nuestras cabezas
Encuéntrame al anochecer
enredada entre las sábanas
de la que fuera nuestra cama
y los mechones de tu pelo
que después del orgasmo
entre los dedos se me escapan
Prométeme, amor,
que aunque nazcan cientos
de ciudades nuevas
siempre haremos de Madrid París
y que aunque me queden por vivir
miles de tormentas
siempre podré encontrar la calma
ahí mismo, debajo de tu almohada.
El chico de los ojos marrones y verdes
El chico de los ojos marrones pero que cuando los miras de cerca ves que son verdes. El chico de las chanclas blancas y azules en verano y de los tenis solo azules en invierno. El chico de la riñonera negra y las llaves haciendo música al andar. El que ríe sin parar y no calla ni para respirar, pero que carga todo un mundo interior de luchas y batallas que no cuenta a nadie. El chico que te encuentras por la calle cuando vuelve por vacaciones y parece que nunca se fue. El que ves en cualquier esquina con su cigarro de liar, aunque siempre te dice que lo está dejando, y distingues por su risa particular. No creas que te recuerdo solo por lo malo. Eras un poco inocente, infantil a ratos, y de ese tipo de persona que hay que martillar hasta romperle la coraza para que sean capaces de ver y decirte que te quieren. De no entender la poesía pero ser capaz de presentarte hasta cien videojuegos diferentes. De no tener la confianza para hablarte pero cuando lo hace se disculpa con su auténtica carita de niño por no haberlo hecho antes. Y esa es la parte buena, aunque ocultos, tus sentimientos son puros. Aunque en silencio, tu corazón late. Aunque esquivo, siempre pones la sonrisa cuando estás en frente. Me gusta, eres simple, pero llano. Eres amigo de tus amigos y generoso con el vecino. Eres buena persona, siempre lo has sido y es lo único que no va a cambiar pase el tiempo que pase, y por eso te voy a querer toda la vida, aunque un día te mudes a Marte y yo siga en la Tierra, a millones de kilómetros y minutos luz de poder visitarte.
P.D: la camisa estampada del verano pasado te quedaba muy bien.
jueves, 23 de febrero de 2023
Hoy te he visto
Tenías razón, estoy muy por encima de ti
viernes, 10 de febrero de 2023
Todavía sigo siendo yo
Todavía sigo siendo yo. Lo he asumido, al fin, como suerte, en todos sus sentidos. Me siguen brillando los ojos con las puestas de sol y cuando te veo pasar. Me sigue palpitando el corazón con las piezas de piano y con una escasa y sutil mirada tuya, que salta esquiva de esquina a esquina, como si así no la pudiese encontrar. Me sigue poniendo nerviosa conducir cuando hay mucho tráfico y también tu risa cortando el aire que respiro. Sigo bebiendo café tres veces al año y acordándome de ti cada noche de mi vida, porque de todas las preguntas que un día me hice, hasta hoy ni una respuesta has dejado de llevar contigo. Todavía no he superado del todo lo del miedo a las personas y sigo queriendo más a los animales. No he dejado de sentir cientos de mariposas por dentro que podrían perfectamente en el otro extremo del mundo causar el mayor desastre. Sigo abrazándome a los libros en invierno y haciendo de la playa mi casa en verano. Todavía guardo la camiseta que me regalaste aunque esté desteñida, y tus cartas mal escritas aunque ya no las lea. Ahora tengo más quemaduras, pero tú sigues siendo la única de tercer grado, y sigo siendo de moratón fácil, de herida pronunciada, de cicatriz perfecta. Me sigue gustando la comida salada y jugar estando rota a que no he dejado nunca de estar entera. Sigo escondiendo la cabeza debajo de la almohada cuando tengo pesadillas, y ahora miro la pluma de mi brazo derecho cuando me olvido de los motivos para avanzar, porque a fin de cuentas, estés o no estés tú, siempre seré esa niña de la burbuja azul que escribe infinitas letras sobre el frío y empañado cristal, para que algún día las leas.
Me querías
Tú, que decías que me querías, que va, no lo hacías. Cuando quieres a alguien recoges su felicidad si la ves tirada en el suelo, no la pisas. Cuando quieres a alguien te quitas minutos de tu tiempo, para ponerlos en su reloj. Cuando quieres a alguien no pones el cronómetro a cero, y te quedas mirando cada milisegundo que pasa, con la pierna temblorosa bajo la mesa y ojos de cordero mientras la otra persona te cuenta cosas que tú ni siquiera estás escuchando. Cuando quieres a alguien pides perdón, y lo pides porque te sientes mal, no por obligación. Cuando quieres a alguien te preocupas de dejarle bien antes de irte, aprendes a leerle el alma antes que los labios, aprietas los dientes ante el problema y sigues, ahí, a su lado. Cuando quieres a alguien te brillan los ojos, te baila el cuerpo con los pies en el suelo, te pillan de vez en cuando mirando con cara de no estar en La Tierra y ni siquiera saberlo. Tú, que decías que me querías, jajaja. ¿Acaso sabes qué es eso? Cuando quieres a alguien, cuando lo quieres de verdad, te importa una mierda cómo estás tú, aunque veas la vida color gris, a esa persona le dices que hoy el cielo es de color rosa. No pagas con ellas tus frustraciones, ni la obligas a ver las cosas a través de tus ojos. Cuando quieres a alguien y se está cayendo, tienes los cojones de parar el mundo, todo el puto mundo entero, para darle la mano hasta que consiga estabilizarse. Cuando quieres a alguien no lo abandonas a su suerte, esperando que un día su herida sane. Cuando quieres a alguien te quedas haciéndole compañía, aunque haya mil kilómetros de por medio o se haga de día, aunque caiga un aguacero. Tú, que decías que me querías, que va, no lo creo. Tú, que decías que me querías, yo ya no te quiero.
Te echo de menos
Te echo mucho de menos. Te echo terriblemente de menos. Echo de menos tu mano cogiendo fuerte la mía cuando no tenía, o simplemente no sabía, dónde agarrarme. Echo de menos tus ojos destellantes de ilusión ante cualquier atisbo de vida, tu forma de ver el oasis en el desierto, el agua en el hielo, la isla en el mar. Echo de menos tu valentía enmascarada de riesgo, tu pecho al descubierto cuando la bala venía directa, abrirle a cara descubierta la puerta al miedo para invitarle gentilmente a pasar. Echo de menos tu coraje, tu forma de andar hacia delante aun sabiendo las cosas que dejabas atrás, no responder ese mensaje, no hacer aquella llamada, jugar a que ya no duele y ganar. Echo de menos tu forma de arrancar la piel a tiras, solo porque sabías que ahí estaba la herida y nunca iba a cicatrizar. Echo de menos tu forma de combatir la tristeza, echarle un pulso al dolor y acabar rompiéndole el brazo. Echo de menos cómo eras y fuiste capaz de dejar de ver como un mar lo que en realidad era tan solo un lago. Echo de menos tu risa invadiendo la casa y el portal, como una onda expansiva que se va colando por los huecos más recónditos, hasta llegar al último rincón del mundo y allí explotar. Echo de menos que me digas que sí se puede, que no habrá tormenta en el mundo que pueda apagar un fuego interior, que no habrá abrazo en el mundo que pueda abarcar la fuerza que tenemos tú y yo. Te echo de menos con los seis sentidos. Joder, cómo te echo de menos… Me echo de menos, porque nunca me he tenido.
Cuando te acuerdes de mí
Reflexiones
martes, 17 de enero de 2023
Mundo propio
metida dentro de una burbuja de cristal
transparente a medias
donde los demás podían mirar hacia dentro
pero yo no podía ver lo que había fuera
y aparentemente frágil
en la que cualquier roce la podía arañar
pero ningún golpe la podía romper
He sentido toda mi vida
miles de miradas inquisitivas
y cientos de manos que intentaban sacarme de ahí
como en un eterno susurro que repetía una y otra vez:
“ven, conoce el mundo tal y como es”
Yo no sé si la burbuja me puede proteger
o si son los demás los que me intentan proteger de ella
porque a veces no sé qué es mejor
ser uno más en el mundo real
y encajar con sus ideas
o ser uno mismo en el tuyo propio
aunque todos puedan verlo
pero nadie mirarlo ni comprenderlo