Llevo 300 clavos
para sacar el tuyo
para sacar el tuyo
100 dagas para matar
todo lo que llevo dentro
y resulta que nada ha servido
Te cuelas por cada resquicio
en mis recuerdos
en mis sueños
en el fuego cuando abrasa
en el hielo cuando quema
en mi boca cuando hablo
y todavía no he dicho nada
Estás hasta en el jodido aire
que entra por debajo de la puerta
un domingo a las tres de la mañana
Y entonces la daga no sólo no te mata a ti
sino que me mata a mí
de una forma lenta y dolorosa
¿Y quién se cubriría las manos de sangre
para salvarme la vida?
Quién
nadie
nunca
ni por esta herida
ni por ninguna otra
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