¿Podemos dejar de idealizar a los padres? Que sí, que los hay buenos, muy buenos, pero también los hay malos, regulares y pésimos. Que están los que te dan techo, comida, ropa y dinero, y están los que te dan todo eso mas comprensión, ayuda y apoyo emocional. Y que, por supuesto, también existe la otra cara de la moneda en la que no te dan absolutamente nada. Me duelen los oídos cada vez que escucho por la calle a un desconocido decirle a otro “tendrías que valorar más a tu madre”. ¿Te has preguntado qué clase de madre es? Porque siempre hablamos desde nuestra propia perspectiva y experiencia, pero sorpresa, hay más. Quizás tu madre es buena y la suya regular. Me aventuro a más ¿Por qué nunca nadie dice “tendrías que valorar más a tu hijo”? Hay hijos que hacen de padres con sus propios padres y estos no lo valoran. Por favor, antes de decir que todos los padres son buenos por igual piensa que quizás, por ejemplo, mientras tú tenías a tu madre leyéndote cuentos a pie de cama o escuchando alguno de tus problemas, la de otra persona podría estar encerrada en el baño llorando de una depresión crónica, en el bar sin poder superar su alcoholismo, en una silla rígida criticando e invalidando todo lo que sentías, y aunque nos asuste, incluso abusando de sus hijos. Porque sí, la otra cara de la moneda existe y es tan real como tú o yo.
La vida es como un juego de cartas, suerte que yo todavía conservo los comodines sobre la mesa y los ases bajo la manga.
jueves, 18 de septiembre de 2025
miércoles, 18 de junio de 2025
La estación sin ti
Hola, abuelo. Quiero decirte que me sigue encantando ver trenes pasar. Mis favoritos son los trenes sin parada, cuanto más rápido pasen, mejor. Y no sé si me sigue gustando porque me recuerda a ti o porque lo llevo en el ADN y por eso me gustaba verlos desde pequeña. En cualquier caso, quiero que sepas que cada vez que tengo la oportunidad de ir a la estación y espero sentada en el andén es como reencontrarme contigo, que los sigo mirando con los ojos muy abiertos cuando pasan y que pienso muy fuerte en ti, a la vez que escucho en mi cabeza tu voz imitándome, diciendo: “¡Abuelo, mira, otro tren!” y tus continuas quejas porque ya era la hora de comer y llegábamos siempre tarde. A día de hoy solo pienso que ojalá hubiese alguno que me llevase hasta ti.
martes, 12 de febrero de 2019
Mi pequeña
lunes, 12 de septiembre de 2016
Aquel viejo reloj
El mundo no entiende de cinco estaciones. La vida se muere en el octavo día de la semana. No me importa si hay trece meses si no conozco el último. Me es indiferente el fuego o el hielo. Veo que las cosas van perdiendo su sentido, como el túnel perdió su eco.
Nos quedaron muchas charlas pendientes. El café se nos enfrió mientras no llegábamos nunca a la mesa. Parece que el parque ha cerrado ya sus puertas. El aire ni siquiera ya saluda al viento. La vida seguía pasando y no éramos conscientes de que el tiempo avanzaba en nuestra contra, y nunca lento.
Viajaba en coche y desde mi empañada ventanilla contemplaba tus confusos pasos. Ya no llevabas bastón. Esta vez no ibas a dar un paseo. Tu destino era otro y yo no podía acompañarte como tantas otras veces, aunque ese fuera mi mayor deseo.
Tu sonrisa valió más que mil palabras y estabas tan guapa como siempre. Pero se nos escaparon demasiados momentos, perdimos muchas historias por el camino. También hicimos grandes cosas. Fuimos justas y sinceras. Ambas somos testigo. Formábamos un buen dúo. En la competición de parejas habríamos ganado por tu gran carrera. Fuiste grande y a tu lado yo siempre seré pequeña.
Prométeme que serás la lluvia que mojará mi rostro cuando me acuerde de ti. No quiero otro ángel a mi espalda si no lleva tu nombre y se apellida igual que tú. Dime que cuidarás siempre de mí. Tú siempre vivirás en los colores de mi arco-iris a contra luz.
Te hacías mayor, y yo crecía. Un par de direcciones diferentes por tomar. Dos personas en un mismo salón, gobernado por un viejo reloj. Aquel reloj no quería sacarle tarjeta roja al tiempo, decían. Yo sólo quería que tú siguieras siendo mi abuela por tan sólo unos infinitos instantes más.
viernes, 25 de diciembre de 2015
Si fuésemos valientes
Sigo creciendo, cada vez me hago más mayor, y no dejo de pensar en ti. Bien sé que a ti no te gustaba esta vida, bien sé cuán falta hace esa justicia que tú siempre reclamabas. Esa solidaridad que ya pocos tienen. Me duele que no hayas podido vivir en un mundo mejor. Me lastima saber que te has ido sin que me de tiempo a poner tan siquiera mi granito de arena para conseguirlo. Porque yo sigo creyendo que se puede conseguir, ¿sabes abuelo? Si fuésemos valientes...
Si algún día pudiera ser tan valiente como tú fuiste, si todos se hubiesen fijado en ti cuando podían... Créeme, yo sigo apostando por un nuevo día, por un mañana que nada tenga que envidiarle al hoy del mundo en el que vivimos. Lo haré por ti, bien segura estoy, que nada podrá conmigo, que leeré mil libros antes de morir, que habré escrito dos mil. Haré todo aquello que me gusta, seré feliz y si todos nosotros fuésemos valientes... Abuelo, te prometo que yo seré valiente, todo lo que tú me enseñaste a ser, lo seré abuelo, y siempre.Voy a contribuir en el mundo de aquí abajo, y cuando pueda también ayudaré al de arriba. No quiero que sufras. Quiero que estés bien donde quiera que estés. Y quiero que tú también seas feliz por mí.
Algún día seremos valientes, no temas abuelo, mi querido abuelo, que este mundo cambiará, por mí o por alguien, de la mano de un milagro quizás, aprenderemos a ser valientes y a luchar por un mundo mejor. No temas abuelo, que yo eternamente velaré por ti.
Mi querido y amado abuelo