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jueves, 18 de septiembre de 2025

No todos los padres son dioses

¿Podemos dejar de idealizar a los padres? Que sí, que los hay buenos, muy buenos, pero también los hay malos, regulares y pésimos. Que están los que te dan techo, comida, ropa y dinero, y están los que te dan todo eso mas comprensión, ayuda y apoyo emocional. Y que, por supuesto, también existe la otra cara de la moneda en la que no te dan absolutamente nada. Me duelen los oídos cada vez que escucho por la calle a un desconocido decirle a otro “tendrías que valorar más a tu madre”. ¿Te has preguntado qué clase de madre es? Porque siempre hablamos desde nuestra propia perspectiva y experiencia, pero sorpresa, hay más. Quizás tu madre es buena y la suya regular. Me aventuro a más ¿Por qué nunca nadie dice “tendrías que valorar más a tu hijo”? Hay hijos que hacen de padres con sus propios padres y estos no lo valoran. Por favor, antes de decir que todos los padres son buenos por igual piensa que quizás, por ejemplo, mientras tú tenías a tu madre leyéndote cuentos a pie de cama o escuchando alguno de tus problemas, la de otra persona podría estar encerrada en el baño llorando de una depresión crónica, en el bar sin poder superar su alcoholismo, en una silla rígida criticando e invalidando todo lo que sentías, y aunque nos asuste, incluso abusando de sus hijos. Porque sí, la otra cara de la moneda existe y es tan real como tú o yo.

miércoles, 18 de junio de 2025

La estación sin ti

Hola, abuelo. Quiero decirte que me sigue encantando ver trenes pasar. Mis favoritos son los trenes sin parada, cuanto más rápido pasen, mejor. Y no sé si me sigue gustando porque me recuerda a ti o porque lo llevo en el ADN y por eso me gustaba verlos desde pequeña. En cualquier caso, quiero que sepas que cada vez que tengo la oportunidad de ir a la estación y espero sentada en el andén es como reencontrarme contigo, que los sigo mirando con los ojos muy abiertos cuando pasan y que pienso muy fuerte en ti, a la vez que escucho en mi cabeza tu voz imitándome, diciendo: “¡Abuelo, mira, otro tren!” y tus continuas quejas porque ya era la hora de comer y llegábamos siempre tarde. A día de hoy solo pienso que ojalá hubiese alguno que me llevase hasta ti.

martes, 12 de febrero de 2019

Mi pequeña

Yo he visto en tus ojos renacer aquel fuego de una hoguera en ti jamás apagada. He visto a todos esos girasoles seguir tu figura cuando los has deslumbrado al pasar. He visto tu mar de lágrimas en noches eternas, y también te he visto por el rabillo del ojo cuando de emoción te has echado a temblar. He visto tu colección de peluches viejos, y tus historias sin acabar. Y sé que duele. Pero un mundo sin ti todavía dolería mucho más. Tus pequeños vestidos desteñidos guardan memorias de bailes a la luz de la luna en bodas de verano. Tienes un armario lleno de zapatos que ahora te quedan pequeños, pero un día te guiaron. No puedo olvidarme del dorado que emergía de tu pelo cuando el sol allí se dormía, ni de la ilusión que te hacía ver a las flores bailar con el viento. Tienes que ser fuerte, te dijeron. Y tú lo fuiste por las dos, intento tras intento. He entendido tus mil motivos para marcharte y te he expuesto el mío para que te quedes. Así que quédate aquí, que todavía me quedan fuerzas para amar. He visto al tiempo pasar desde la ventana aquella. He visto muchas cosas y sólo he llegado a entender una de ellas; nunca sabré vivir sin ti. Nunca más, pequeña.

lunes, 12 de septiembre de 2016

Aquel viejo reloj

Probablemente el verano se vuelva a marchar. Quizás se cruce por el camino con el invierno. El frío hará eco en los rincones de las calles en los próximos meses, y la nieve aceptará resignada su mortal caída desde las nubes del cielo. Las persianas volverán a abrigar a los cristales, y las ventanas se despedirán de las caricias que les regalaba la brisa mañanera. Tal vez todo sea como siempre. Posiblemente todo ocurrirá de la misma manera.

El mundo no entiende de cinco estaciones. La vida se muere en el octavo día de la semana. No me importa si hay trece meses si no conozco el último. Me es indiferente el fuego o el hielo. Veo que las cosas van perdiendo su sentido, como el túnel perdió su eco.

Nos quedaron muchas charlas pendientes. El café se nos enfrió mientras no llegábamos nunca a la mesa. Parece que el parque ha cerrado ya sus puertas. El aire ni siquiera ya saluda al viento. La vida seguía pasando y no éramos conscientes de que el tiempo avanzaba en nuestra contra, y nunca lento.

Viajaba en coche y desde mi empañada ventanilla contemplaba tus confusos pasos. Ya no llevabas bastón. Esta vez no ibas a dar un paseo. Tu destino era otro y yo no podía acompañarte como tantas otras veces, aunque ese fuera mi mayor deseo.

Tu sonrisa valió más que mil palabras y estabas tan guapa como siempre. Pero se nos escaparon demasiados momentos, perdimos muchas historias por el camino. También hicimos grandes cosas. Fuimos justas y sinceras. Ambas somos testigo. Formábamos un buen dúo. En la competición de parejas habríamos ganado por tu gran carrera. Fuiste grande y a tu lado yo siempre seré pequeña.

Prométeme que serás la lluvia que mojará mi rostro cuando me acuerde de ti. No quiero otro ángel a mi espalda si no lleva tu nombre y se apellida igual que tú. Dime que cuidarás siempre de mí. Tú siempre vivirás en los colores de mi arco-iris a contra luz.

Te hacías mayor, y yo crecía. Un par de direcciones diferentes por tomar. Dos personas en un mismo salón, gobernado por un viejo reloj. Aquel reloj no quería sacarle tarjeta roja al tiempo, decían. Yo sólo quería que tú siguieras siendo mi abuela por tan sólo unos infinitos instantes más.

Abuela


Loes

viernes, 25 de diciembre de 2015

Si fuésemos valientes

¿Qué podría decirte a ti, mi amor? ¿Qué te diría que no supieras? Tú bien me conoces. Sabes cuánto te quiero. Mi querido y amado abuelo. ¿Qué puedo decirte de esta vida? Tendrías que decirme tú sobre la vida del cielo. Aquí abajo ya sabes cómo suelen funcionar las cosas. El sol sale y la luna se esconde. El viento sopla y las plantas bailan. Algunos van y otros vienen mientras el tiempo sigue dándole vueltas al condenado reloj.

Sigo creciendo, cada vez me hago más mayor, y no dejo de pensar en ti. Bien sé que a ti no te gustaba esta vida, bien sé cuán falta hace esa justicia que tú siempre reclamabas. Esa solidaridad que ya pocos tienen. Me duele que no hayas podido vivir en un mundo mejor. Me lastima saber que te has ido sin que me de tiempo a poner tan siquiera mi granito de arena para conseguirlo. Porque yo sigo creyendo que se puede conseguir, ¿sabes abuelo? Si fuésemos valientes...

Si algún día pudiera ser tan valiente como tú fuiste, si todos se hubiesen fijado en ti cuando podían... Créeme, yo sigo apostando por un nuevo día, por un mañana que nada tenga que envidiarle al hoy del mundo en el que vivimos. Lo haré por ti, bien segura estoy, que nada podrá conmigo, que leeré mil libros antes de morir, que habré escrito dos mil. Haré todo aquello que me gusta, seré feliz y si todos nosotros fuésemos valientes... Abuelo, te prometo que yo seré valiente, todo lo que tú me enseñaste a ser, lo seré abuelo, y siempre.

Voy a contribuir en el mundo de aquí abajo, y cuando pueda también ayudaré al de arriba. No quiero que sufras. Quiero que estés bien donde quiera que estés. Y quiero que tú también seas feliz por mí.
Algún día seremos valientes, no temas abuelo, mi querido abuelo, que este mundo cambiará, por mí o por alguien, de la mano de un milagro quizás, aprenderemos a ser valientes y a luchar por un mundo mejor. No temas abuelo, que yo eternamente velaré por ti.
                                 
                                                                      Mi querido y amado abuelo