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miércoles, 4 de febrero de 2026

Obra cumbre

Siempre fui de emociones intensas. De apretar los dientes con el frío y morderme la lengua en las cálidas conversaciones. Siempre fui de abismos ininterrumpidos y de inviernos eternos que les daban la vuelta a todas las estaciones. Siempre fui de emociones contenidas, de enamorarme una vez cada ocho años y medio y querer a todo el que me dé los buenos días. Siempre fui de arañar las paredes con mis trenzas de espiga y morderme las uñas sin llegar a romperlas. Siempre fui de dormir con la puerta cerrada y recibir a los fantasmas con la boca abierta, deseando saliva. Siempre fui de hacerles el amor llamándolos por otros nombres, hasta creerme que ya no llevaban mi apellido. Siempre fui de abrazar fuerte sin decirte por qué, pero hacerlo hasta sentir un pellizco. De no contestarte los mensajes mientras te escribo pergaminos. Siempre fui de carreteras empapadas, de cielos cubiertos, de rostro serio y llorar de la risa. Siempre fui de saltos al vacío en cámara lenta y goterones de agua que calaban hasta la roca más dura para hacerle una grieta. ¿Qué quieres que te diga? Si fui Romeo sin Julieta y un gato herido sin sus siete vidas. Fui la cumbre de la torre de Pisa y lo que nadie encontró en La Atlántida. De querer y odiar a mi madre a partes iguales, de mandar y recibir cartas. De escribir libros a la musa que nunca lo mereció, pero que llegaba siempre puntual a su visita. Siempre fui una niña grande buscando la mano que ahora escribe, siempre fui sus ojos a punto de llorar mirando el arcoiris que su mismo llanto había creado, siempre fui el pájaro que volaba más alto y todos los aviones que acaban aterrizando. Siempre fui de dejarte volar lejos, volar libre, y reservarte tu hueco de siempre por si alguna vez decides volver, aunque ya no le pongo ni cojines. Fui maleza y bosque y la presa que se oculta en él, fui la víctima arrepentida que decidió vengarse y acabó dándote un beso delante de tu madre. Fui la que acabó hablándole de las nubes a las que me subiste confiando en que la tormenta nunca amenazase. Y ¿Lo adivinas? Cayeron rayos tan fuertes que las quemaduras de tercer grado que aún conservo tienen la forma exacta de tus dedos en la escalada cumbre hasta mi cuello, que aún hoy agoniza irreparable. Soy la niña pequeña que echa de menos a su mejor amiga y solo quiere volver a ponerse su ropa para hacerse fotos en el espejo, solo por seguir conservando algo de ella. Soy la que la quiere a rabiar aunque hayan pasado los años y no entiende que sus lazos ya solo los sostienen el pasado. Soy la mujer que siente una por una a cada persona que ha fallado y que no encuentra una salida cuando le avisan del incendio que avanza a gran paso. Soy la que intenta quererte, de verdad, pero me engancho a otras sombras y me arrastro. Soy la que se deja besar en el portal medio abierto y llega con el corazón más arañado que las medias. Soy la que lee el libro hasta los agradecimientos y sueña con agradecerte algún día todas sus letras. Soy la que apaga luces y enciende velas solo por sentirlo todo un poquito más cerca. Soy la que se marea en los barcos y pierde el rumbo en tierra firme. Soy de acariciar con ambas manos y escribir con el nudo que a mi alma persigue. Soy la del cañón abierto, la del puño cerrado, la del cajón medio abierto, la del corazón congelado. Soy la que sale a la calle con tu mechero para ver si lo pierdo y así te olvido, para acabar igualmente pidiéndote otro. Soy la de las contradicciones a pie de letra, la de las inundaciones en la isla desierta, la de los esquemas rotos. Pero todo esto me gusta, porque soy yo y no cabría otro yo en lo que hoy y ahora soy, y con eso, me conformo.

viernes, 30 de enero de 2026

Yarazunoame

Hoy llueve, pero no sé si más dentro que fuera. La lluvia se lleva las canas de tu pelo y arranca de tu mano la bolsa de caramelos. Qué oscuro es todo ahora que solo eres estrella. Qué dura se hace la vida sin tu abrazo al final de la escalera.  
Y de ti ¿Qué me queda? Un par de decenas de fotos con un par de copas en la mano, reflejo de las fiestas donde siempre dejábamos rastro. Una canción olvidada en el país vecino, una caricia dormida a la melena que creció contigo, y que hoy ya no está. ¿Qué fuimos en realidad, querida? ¿Qué tan alto lloraron esas sirenas por nosotras aquella noche, que aún en esta las puedo escuchar? Y tú, querido amor. ¿Eres amor o desamor? ¿Eres la boca que besa o la que muerde? ¿La mano que sostiene o que retuerce? ¿Los ojos que alumbran o que ciegan? ¿El cazador que dispara o el que cuida a la presa? ¿Quién eres? ¿Aún existes? ¿O solo es tu fantasma el que comparte conmigo los cigarrillos cada noche? Que el agua cale, que el agua limpie, que el agua arrastre. Que el agua ahogue y lo lleve todo consigo, excepto aquello que aún conservo, mi nombre. 

martes, 20 de enero de 2026

La mujer del balcón

Era una noche tórrida de verano, coincidimos en el balcón de una casa al salir a fumar. Yo no sabía quién era, pero ella sí me reconoció a mí. Supongo que también acudió al olor de la sangre de la presa. Pero ella, en cambio, vino a tratar de salvarla. Me habló de las verdaderas intenciones del cazador, me hizo un nudo con una cuerda antes de lanzarme por el vacío de la cruda realidad. Fue la primera que me tendió la primera mano para salir de mi largo letargo. Me enseñó las atrocidades que había cometido conmigo, nada que reprochar, pues yo las cometí peores. Con una sola diferencia, que yo sí lo amaba de verdad, tanto que estaba dispuesta a dejarme domesticar. Y así es como las ovejas negras se convierten en perras de caza para poder sobrevivir mientras el pueblo las llama simplemente perras. Así es como cuando ven al cazador se convierten en zorras mientras él las dispara excusándose en que eran simplemente eso, zorras. Tú eras una muy inteligente, casi tanto como yo, supongo que por eso, años después, y después de mucho perseguirnos e intentar acorrolarnos, hemos conseguido darle esquinazo. Tranquila, ya nunca más me volverá a dar caza. Lo juro por todas las de nuestra manada que murieron por él.

jueves, 27 de noviembre de 2025

Asteroides y hojas de otoño caídas

¿Será que a veces idealizamos el amor? No el amor, sino la persona por la que creemos sentirlo. Una vez escribí que a veces el amor es un espejismo que nosotros mismos creamos, y creo que es justo a eso a lo que me refiero. A veces nos convencemos de que queremos a alguien solo porque la primera vez lo sentimos así, y podemos estar años defendiendo a capa y espada esa idea, hasta cuando dejó de ser cierta. Creo que algo así me pasó contigo, porque cuando por fin quité el espejo y me atreví a mirarte a la cara solo vi a un niño inocente en el cuerpo de un adulto inseguro, alguien con ideales claros, pero con ideas vagas. En el fondo creo que eres una estrella confundida de galaxia. Alumbras, el problema es que lo haces en la dirección equivocada y tú eres el único que aún no sabe que, en realidad, ya se ha apagado. Eres como el asteroide fundido, que impresionó a la gente más por el espectáculo de sus trozos rotos, pero el problema es que siempre hay alguien a quien le acaba dando alguno. Ese alguien fui yo. Eres la semilla que va cambiando de sitio porque no termina de echar raíces, y eres el viento que la mueve inquieto por no acabar de encontrar nunca su lugar. Eres como las personas que no quieren darle una nueva vida a la ropa que ya no usan, por si algún día lo terminan haciendo, cuando ese día al final jamás llega, y les da igual tenerlas en el armario cogiendo polvo y desgastándose. Eres así, pero con las relaciones interpersonales. No cuidas lo que quieres, por la sencilla razón de que no sabes lo que quieres. Y si no sabes lo que quieres ¿Cómo vas a saber a quién amas? Eres como el novato que va dando palos de ciego, que prueba, que tienta a la suerte, que aporrea el piano con las dos manos abiertas y otras veces con los puños bien cerrados, a ver si, en alguna de esas, por fin da con la tecla. Eres un batiburrillo de emociones, casi todas buenas, pero tan tremendamente enredadas que se acaba formando tal tormenta de la que no solo tú sales encharcado. Y despistas, despistas muchísimo porque ni tú mismo sabes el camino que estás siguiendo. A veces te das por vencido, te relajas, sueltas la maleta, preparas la tienda de campaña y haces noche en algún lugar, con alguien a tu lado que te la haga un poco más cálida, y por un momento tu mundo cobra sentido. La contradicción es que al día siguiente los primeros rayos de sol te despiertan, te entra el agobio y necesitas volver a echártelo todo a la espalda para seguir andando rumbo a no sabes dónde, ni con quién. Sí, contigo ¿Pero con cuál de todas las versiones de ti mismo que habitan dentro de ti? No lo sé, quizás el tiempo me haya dado la perspectiva, pero eres la hoja a la que no le hace falta que llegue el otoño para caerse, porque tú lo has hecho siempre de mi mano a la primera brisa. Pero cuando los vendavales apretaban fuerte ahí fuera, siempre sabías cómo volver a casa. Desde la primera vez debí haberte cerrado la puerta, por eso de que solo a quien permitas entrar en tu casa podrá destrozártela, mientras que el resto solo se conformará con pisotearte el jardín. No lo sé, no sé cuál será tu galaxia, ni tu árbol donde echar raíces, pero ojalá que algún día al mirarte a ese mismo espejo, sepas quién eres.

martes, 12 de agosto de 2025

Hatsune

¿Sabes lo que pasa?
Que a todos nos gusta que nos digan cosas bonitas de vez en cuando
que nos quieran un ratito sin condiciones 
y que nos abracen sin hacer preguntas ni esperar respuestas
A todos nos gusta tener un sitio de resguardo
donde ponga nuestro nombre en negrita
y esté solo reservado para nosotros
A todos nos gusta ser ese pájaro herido
que recogen con las manos
y en cuanto lo curan echa a volar
Lo que pasa es que es muy fácil querer y que te quieran cuando estás abajo
cuando has tenido un día tonto
cuando las nubes son grises 
y el aire frío
Lo que pasa es que es muy cómodo
tener unos brazos a los que correr cuando lloramos
porque sabemos que siempre van a estar abiertos
¿Sabes lo que pasa?
Que la debilidad nos vuelve débiles
porque somos seres humanos
y con otro la herida duele menos
pero eso
jamás será amor
solo supervivencia 

viernes, 25 de octubre de 2024

Punzadas en el cora

Volverte con el olor de alguien a casa
cuando querías dormir con él
Escuchar una canción y que se te venga a la cabeza alguien que ya no está, pero estaba
Confundir una voz y darte cuenta en mitad de una risa
Un “te quiero” seguido de un implacable “pero” al final
Abrir los ojos después de un sueño bonito
“Ojalá estuviera aquí para contárselo”
El impulso de compartir algo con alguien y recordar que ahora ya no puedes o no debes hacerlo 
El pico final después de un beso que no querías que se acabara
Ver de lejos a alguien y aguantarte las ganas de saludarle
Pasar por su calle y evitar mirar hacia arriba
“Esto le encantaría si lo viera”
Confirmar algo que en el fondo ya sabías
Mirar a los ojos y no ver lo que veías antes
Ver cómo ha cambiado un sitio
Saber que nada ni nadie sucederá de la misma forma dos veces
El final de un texto y que no haya página siguiente

martes, 28 de marzo de 2023

¿Y qué quieres que te diga? Si sigues siendo el amor de mi vida

¿Y qué quieres que te diga? Si aún escucho tu risa al final del pasillo, como un niño que corre eufórico cuando le persigue su madre para castigarle, pero que lo único que realmente le esperaba al llegar a la puerta era mi beso de buenas noches y la víspera de los buenos días. ¿Qué quieres que te diga? Si todavía me despierto en mitad de la madrugada y puedo ver tu mirada buscando la mía, y eso que duermo a oscuras. ¿Qué quieres que te diga? Si aún me acuerdo de tu nombre a voces, y de ese tal vez que condenamos cruelmente a que no lo fuera nunca. ¿Qué quieres que te diga, mi amor? Si he contado las veces que así te llamaría y no hay números hasta el infinito, si paso por tu casa y te veo justo ahí, en mi recuerdo, siendo lo que un día fuimos. Dime qué coño quieres que te diga la próxima vez que tus labios se enreden en los míos con la excusa infalible de que nunca sabrán encontrar el camino. Qué fijación para elegir el lugar donde perderte. Qué quieres que te diga, si fijé mi calendario en el viernes, solo porque tú venías. Qué quieres que te diga, joder, si por más tiempo que pase, por más veces que llueva, nunca será el necesario para olvidarte, ni para ahogarme en otras mareas. No sé qué coño decirte, cada vez que pasas por mi lado y siento que nunca lo harás lo suficientemente cerca. Dime qué me dirías, si supieras que hay mundo detrás del vacío, vida en otros planetas. Dime qué me dirías, si supieras que podemos ir juntos de la mano a cualquiera sin billete de vuelta. Yo creo que lo sé, que conmigo te irías. Pero mientras eso no ocurre, dime ¿Qué quieres que te diga? Si todavía eres y seguirás siendo siempre el amor de mi vida.

lunes, 13 de marzo de 2023

Dime qué se siente

Dime cómo te sientes ahora que nadie siente lo que sentí yo una vez por ti.
Dime qué se siente al saber que nadie volverá a escribirte como si el bolígrafo acariciara terciopelo y no papel.
Dime qué sientes cuando besas otras bocas y no encajas en sus labios.

Cuando rozas otras pieles y se te duermen las manos 

           en

               el 

                  intento.

Cuando miras hacia el lado y ves en otros lo que un día tuviste conmigo, y de repente empieza a llover por dentro.

O cuando giras otra vez en esa esquina y te vuelve a abofetear el mismo recuerdo martilleante, una y otra vez, incesante.

Dime qué sentiste la última vez que me miraste a los ojos y ya no te viste reflejado en ellos.

Dime qué has sentido cuando te han hablado del amor e irremediablemente he vuelto a aparecer en tu cabeza como un fantasma del pasado que jamás dejará de atormentarte.

Dime qué sientes cuando me ves y te tiembla la mente. Cuando imaginas que todavía puedes venir corriendo a darme un beso, pero cuando te fijas en que voy de la mano de otro recuerdas el presente y te quedas estancado en el suelo.

Dime ¿Qué se siente ahora que tienes lo que siempre quisiste, tu libertad? Porque te aseguro que al irte tú, me devolviste la mía, pero de la tuya, sin embargo, lo único que puedo decir es que ahora para ti es más cárcel que nunca.


                     Las ironías de la vida

jueves, 23 de febrero de 2023

Hoy te he visto

Hoy te he visto. Y, joder, estabas más guapo que nunca. Te he visto exactamente igual que estabas la última vez, con la sonrisa puesta y la ropa quitada. Con las persianas medio bajadas y la luz apagada, escondiendo nuestros miedos bajo la manta y hablándonos a los ojos. Te juro que nos he visto, de verdad. Ahí mismo, en el sofá, abrazados, restándole importancia al frío del invierno. He visto esos brazos acariciarme como quien pinta una obra de arte para un museo, he visto tu espalda curvarse en el momento exacto en que un beso impactaba contra ella, y he visto a nuestras manos bailar sin música una danza propia, entrelazándose dedo a dedo. He visto mil y un detalles que creía haber borrado de mi memoria, y otros cien que pensaba que, de darse alguna vez, serían difíciles de ver a los ojos, pero, maldita sea mi suerte, que siempre alcanzo a apreciar hasta la última peca que cuelga de tus hombros. Joder, es que hasta te juro que me esforcé en verte borroso, tanto que no supiera descifrar tu cara, tanto que pareciera pixelada, pero, vaya, si me la sé de memoria, si la llevo fotografiada. Así que nos he visto, en 5D, he visto cada poro de mi piel erizarse ante cualquier roce tuyo, he visto una pestaña caerse, y no he podido evitar soplarla y pedir un deseo estúpido. Nos he escuchado reír, y te prometo que sigue siendo la melodía más bonita del mundo, que no ha cambiado un solo tono, un solo acorde, un único matiz. Nos he visto en casa y no había techo, había cielo, nos he visto mirar a la cámara y sonreír, y he caído en la cuenta de que ya no sé ni siquiera dónde está esa foto, seguramente la perdí. Nos he visto queriéndonos, y jamás alcanzaré a comprender por qué, ni en qué momento dejamos de hacerlo. Fallo de aprendiz.

viernes, 10 de febrero de 2023

Me querías

Tú, que decías que me querías, que va, no lo hacías. Cuando quieres a alguien recoges su felicidad si la ves tirada en el suelo, no la pisas. Cuando quieres a alguien te quitas minutos de tu tiempo, para ponerlos en su reloj. Cuando quieres a alguien no pones el cronómetro a cero, y te quedas mirando cada milisegundo que pasa, con la pierna temblorosa bajo la mesa y ojos de cordero mientras la otra persona te cuenta cosas que tú ni siquiera estás escuchando. Cuando quieres a alguien pides perdón, y lo pides porque te sientes mal, no por obligación. Cuando quieres a alguien te preocupas de dejarle bien antes de irte, aprendes a leerle el alma antes que los labios, aprietas los dientes ante el problema y sigues, ahí, a su lado. Cuando quieres a alguien te brillan los ojos, te baila el cuerpo con los pies en el suelo, te pillan de vez en cuando mirando con cara de no estar en La Tierra y ni siquiera saberlo. Tú, que decías que me querías, jajaja. ¿Acaso sabes qué es eso? Cuando quieres a alguien, cuando lo quieres de verdad, te importa una mierda cómo estás tú, aunque veas la vida color gris, a esa persona le dices que hoy el cielo es de color rosa. No pagas con ellas tus frustraciones, ni la obligas a ver las cosas a través de tus ojos. Cuando quieres a alguien y se está cayendo, tienes los cojones de parar el mundo, todo el puto mundo entero, para darle la mano hasta que consiga estabilizarse. Cuando quieres a alguien no lo abandonas a su suerte, esperando que un día su herida sane. Cuando quieres a alguien te quedas haciéndole compañía, aunque haya mil kilómetros de por medio o se haga de día, aunque caiga un aguacero. Tú, que decías que me querías, que va, no lo creo. Tú, que decías que me querías, yo ya no te quiero.

Cuando te acuerdes de mí

Hola, otra vez, amor mío. Supongo que tú sabrás mejor que yo eso de que el asesino siempre vuelve al lugar del crimen, así que aquí estoy. Aquí vengo, de nuevo, a contemplar una vez más el esqueleto que queda de lo que fuera nuestro amor, a cara descubierta y con los ojos abiertos de par en par, como si quisiera o me gustara recrearme en la que quizá haya sido nuestra obra de arte más macabra, y sólo tal vez, sin ni siquiera sentirme culpable por ello, después de ti. Quería decirte que cuando te acuerdes de mí, y de lo que teníamos antes de que lo matásemos a sangre fría, sigas autoconvenciéndote de que tampoco fue tan grande lo que sentiste, y yo, por mi parte, cuando me acuerde de ti, trataré de olvidar que sí lo fue. Cuando te acuerdes de mí, sigue intentando fingir que no te fallan las piernas cuando coges a alguien más, y yo, fingiré que me siento igual de segura en otros brazos. Cuando te acuerdes de mí, hazte a la idea de que todo lo que te escribí está al alcance de cualquiera, que volverán a escribirte igual, o al menos parecido. Yo, trataré de pensar que tengo textos mucho más bonitos, y otras cuantas musas que te pasan de largo. Cuando te acuerdes de mí, olvida el sabor de mis labios y recuérdame solo por mi nombre. Cuando te acuerdes de mí, olvida nuestras miradas cómplices, o cómo nuestros gemidos se confundían en uno solo cuando hacíamos el amor en la parte de atrás del coche. Sigue pensando que el amor no está hecho para ti, cuando eres tú el que quizá no esté hecho para el amor. Sigue refugiándote en tu complejo de Peter Pan, con la diferencia de que esta vez te tocará hacerlo sin una Wendy. Yo olvidaré, o al menos negaré hasta la muerte, que fuiste el amor de mi vida, como un náufrago que ya no recuerda de dónde viene. Sonreiré cuando te vea pasar, como si hubiera metido en una botella todos nuestros recuerdos y la hubiera lanzado al mar más lejano de casa. Haré mi vida, seré feliz, porque me quedarán por ver cientos de estrellas fugaces que me recuerden el significado de la palabra fugaz, después de que tú me lo enseñaras. Aún así, hay cosas que son eternas, como la huella que has dejado en mí, pero de la que haré de tripas corazón para no mirar. Así que, cuando te acuerdes de mí, ten presente todo esto y olvida también la historia de los hilos rojos, porque ya no sé de qué color es el mío, ni si se parece en algo al tuyo. Pero cuando te acuerdes de mí, no dudes, ni por un instante, que volvería a repetir nuestro crimen desde el principio, volvería a elegirte a ti como culpable de dejar de querernos, y como víctima de mi manera de enamorarme. Cuando te acuerdes de mí, te pido que no lo hagas también de nuestras manos entrelazadas mientras nos contábamos secretos a la luz de la luna, de esos abrazos que abarcaban todos los problemas del mundo o de ese silencio que solo se atrevían a romper los besos atropellados en el camino de tu boca a la mía en un cuarto a media noche. Cuando te acuerdes de mí, olvida la capacidad de reconocimiento que tenían nuestros cuerpos uno con el otro, los nervios a flor de piel cuando nos encontrábamos por puro azar o por mano del destino, o la paz que nos podíamos dar en una mirada que fácilmente duraba horas. Cuando te acuerdes de mí, olvida todas las cosas que me dijiste, las que te escribí, y las que los dos nos callamos. Cuando te acuerdes de mí, olvida mis ojos sostenidos por los tuyos, mis manos haciendo de pincel por tu espalda, tu cuerpo contra el mío, mi vida con la tuya. Yo mentiré, diré que ya ni siquiera recuerdo tu voz, como si fuera una melodía desconocida que cada vez se escucha más lejana en el tiempo. Diré que ya no sueño contigo, y que si lo hago, ya no me despierto con mal sabor de boca y una angustia clavada en el pecho. Diré que me es indiferente encontrarme por casualidad con tu familia, esa que me tendió la mano como si fuera una más, para que tú un día me terminaras sacando por la puerta de atrás mientras todos dormían y no podían enterarse, como quien abandona a un perro herido en la carretera y no mira por el retrovisor del coche hacia atrás cuando se está yendo. Diré que ya no recuerdo lo que nos pasó, y que ya no pienso en lo que nos podría haber pasado. Diré que me alegro por ti si consigues ser feliz con alguien más, con la mayor sonrisa jamás dibujada en mis labios. Diré que aquellas noches frías en las que visitaba un rato nuestros recuerdos para calentarme un poco, o quizás para acabar aún más congelada, ya quedaron muy lejos. Diré que jamás te quise tanto, y que de haberlo hecho alguna vez, ya ni siquiera lo recuerdo. Mentiré tan bien que me creeré mis propias mentiras. Siempre fui más de empezar por el final que por el principio, como cuando al comprar un libro leía siempre primero cómo terminaba. Siempre me gustó más empezar por la Z que por la A, creo que va siendo hora de retomar viejas costumbres. Tú jamás le cuentes a nadie lo que fuimos juntos, sigue recordándome como esa niña loca que escribía y sentía sin parar, y que solo te regaló una pequeña parte de su vida, obviando que fue la más importante también para los dos. Piensa que jamás habríamos conseguido ser felices, que algún día encontrarás a esa persona que se parezca tanto a ti que nunca encontréis un motivo para separaros, yo rezaré para que esa vez sí os funcione la teoría de los imanes, como no nos funcionó a nosotros a la inversa. No recuerdes nuestro amor como el más grande que hayamos tenido en nuestra vida, porque te vas a sentir como un cobarde por haber preferido no luchar, igual que me sentí yo. Guarda nuestras fotos y mis cartas en el cajón más hondo que encuentres, y no encuentres nunca un solo motivo para volver. Que nuestro único atisbo de esperanza de estar juntos sea encontrarnos en otra vida, una en la que también te vuelva a esperar para nacer. Cuando te acuerdes de mí, olvida que me has echado de menos. Olvida tus oscuras noches de invierno aferrado al colchón maldiciendo que esa sea tu única compañía, muy lejos de casa y de los que te quieren. Olvida que el verdadero motivo por el que nunca hemos intentado de verdad ser amigos es porque han pasado tres años y cada día hemos sido más conscientes de que no hay peor despedida que volver a saludar con dos besos cuando los labios ya se conocen. Olvida que en realidad piensas que somos dos masoquistas, que cuando se cruzan, más tarde o más temprano acaban cayendo y cometiendo el mismo delito, una y otra vez, aunque se pasen el resto de su vida jurando que son inocentes de querer. Olvida lo felices que podríamos llegar a ser, y sigue caminando de la mano de ese miedo que siempre nos ha frenado cuando el semáforo se ponía en verde. Podrías pensar que yo soy la única que todavía vive aferrada al pasado, pero olvida que una parte de ti aún no está preparada tampoco para vivir sin mí en el futuro. Cuando te acuerdes de mí, olvida que me quisiste y convéncete con seguridad de que ya no soy el amor de tu vida, si es que alguna vez llegué de verdad a serlo. Convéncete tan fuerte hasta que de verdad lo creas. Olvídate de las veces que has sentido el inevitable impulso de buscarme. Olvida las veces que te has acordado de nosotros y se te ha escapado una pequeña sonrisa, y olvida también las que has sentido un puñal en el pecho al hacerlo. Cuando te acuerdes de mí, si lo haces al leer esto, olvida que te lo he escrito. Cuando te acuerdes de mí, olvida que me has recordado. Cuando te acuerdes de mí, dime si tú también eres capaz de olvidarme, porque yo no me lo creo.

jueves, 10 de noviembre de 2022

Tres años, dos meses y un día

A veces te imagino apareciendo por la misma esquina que te fuiste
caminando con paso firme hacia mí
y con una sonrisa tan amplia que dejas ver todos tus miedos
teniendo el valor de presentármelos por primera vez en tu vida

A veces nos imagino en la esquina fría del sofá
olvidándonos por un ratito de que es invierno
y de que han pasado tres años, dos meses y un día
olvidándonos en los brazos de alguien más

A veces, cariño mío, me acuerdo de ese par de cobardes
que se juraron un mal escrito "para siempre"
y se cansaron al rato

Y te prometo que sólo a veces
lo borro y puedo olvidarlo. 

jueves, 11 de agosto de 2022

¿Pensabas que había cambiado?

Pues no.

Sigo siendo yo.

La misma niña azul

que congelaba burbujas

para quedarse a vivir en ellas

La misma que hacía bailar a los bolígrafos

creando una perfecta danza sobre el papel

Porque esa es mi vida

porque eso es todo lo que tiene sentido para mí

aunque otros no lo entiendan

Sigo siendo la misma a la que

si tocas con un solo dedo

se desarma como un castillo de naipes

porque derrocho sensibilidad por cada uno

de los millones de poros que tiene mi piel

Sigo siendo la que se esconde detrás de las cortinas cuando está triste

pero que ruge como león cuando tocan lo que es mío 

Sigo siendo la que se choca en cada uno de los vértices de tu cuerpo

y luego se pregunta por qué

cuando la respuesta es más que obvia;

soy el ser más masoquista que te vas a echar a la cara.

Soy la misma que mira con fuego,

que tiembla como hielo,

que cuenta todas las primaveras,

otoños, veranos e inviernos

que me quedan hasta llegar a ti

¿A quién quiero engañar? 

Por el amor de Dios, 

si lloro con las piezas de piano

y abrazo como si me quisiera romper.

Guardo todos mis recuerdos en una cajita de madera

que abro sin falta cada noche antes de dormir

solo para volver a romperme un poquito más

Porque así soy yo

lo siento todo el doble

y eso a veces es jodido

Pero ¿Sabes una cosa? 

Una vez alguien me miró

a través del espejo

y me hizo sentir que en esos ojos

podía encontrar mi hogar

un refugio al que acudir

cuando todo lo demás dejara de tener sentido para mí 

y desde ese día

es la persona a la que más quiero


Y, sinceramente, lo único que me da lástima

de todo esto

es que jamás vas a tener el privilegio

de conocer el amor

como lo he conocido yo


Atentamente, la chica de tinta invisible

para ADMP

y el resto del mundo.

miércoles, 27 de julio de 2022

El proceso de superarte

Creo que este es el texto más desgarrador que voy a escribir jamás.
A la pregunta más obvia que todos me hacen;
¿Y por qué no saludarte?
Mi respuesta, para mí, es mucho más obvia:
porque yo aún estoy en proceso de superarte.
Ojalá mis sentimientos fueran como los tuyos,
ojalá pudiera controlar al ciclón que me toma de la mano
cada vez que veo tu rostro aparecer cerca,
ojalá pudiera verte con los ojos que tú me ves a mí
y no como si al verte a ti estuviera viendo al mundo entero.
Pero los dos, en el fondo, sabemos que, 
desgraciadamente, eso no es así.
Solo te diré algo; 
has sido mi fuente de inspiración para escribir
durante más tiempo del que imaginas,
y solo te preguntaré algo;
¿Sabes lo difícil que es para un escritor
olvidar a su musa?
Solo por eso tiene sentido
que no pueda olvidarme de ti.
A mí también me gustaría aprender a verte como un amigo
pero ¿Sabes qué pasa? 
Que la vida es muy puta y cruel,
porque cuando me decido a dejar de quererte,
cuando le pido a tu hermano que me borre de la lista
de mejores amigos de Instagram,
cuando quito todos tus regalos del coche
y los escondo en el rincón más oscuro que veo por mi casa,
cuando dejo de leer libros románticos,
de escuchar canciones de amor,
cuando me deshago de todo lo que tiene que ver contigo,
justo entonces,
tú, tan oportuno como siempre,
te cruzas por mi camino dos veces seguidas.
Discúlpame, pero no puedo saludarte.
No puedo ni siquiera mirarte,
porque se me cae el alma
y se me paraliza este terco corazón
que insiste en su absurda idea de quererte.
Por eso no puedo.
Porque la vida es jodida
y no deja de joderme contigo.
No me malinterpretes,
me gusta verte,
me encanta verte feliz,
pero a la distancia precisa.
Cuando estábamos en el bar aprovechaba cuando no mirabas
para poder mirarte yo
y sonreía de la manera más estúpida que jamás lo haré
simplemente por verte a unos metros de mí
después de tanto tiempo separados, y,
sobre todo, por verte feliz.
Pero no puedo romper esa corta distancia,
decirte: hola ¿Cómo estás? 
Darte dos besos.
No.
Es como cuando sigues o espías a alguien,
que tratas de mantenerte cerca,
pero sin que te vea,
y sin acercarte del todo.
Con la diferencia de que en ese caso es para que no te pillen,
y en el mío, pues supongo que es para
poder disfrutar de ti
sin darte el poder de volver a matarme.
¿Sabes? 
Una vez aprendí que no hay peor despedida
que volver a saludar con dos besos,
y por eso, yo jamás voy a poder ser tu amiga,
porque nunca he querido despedirme de ti.
De nuevo, discúlpame,
pero tal y como te dije en innumerables ocasiones,
yo siempre seré, sin esfuerzo alguno,
la segunda mujer en el mundo que más te quiera.
Y eso no va a cambiar ni cuando llegue a la meta
de este puto proceso de superarte.
Que Dios me perdone.
Atentamente,
del casi amor de tu vida
para el amor de la mía.


lunes, 18 de julio de 2022

La noche que me rompí

Después de años por fin he encontrado el motivo
por el que no era capaz de olvidarte;
real y sencillamente no quería hacerlo.
Ahora he entendido que el primer paso para olvidar
es querer hacerlo de verdad, 
y yo realmente ni siquiera lo intenté alguna vez, 
solo me dediqué a (sobre)vivir
aferrada con todas mis fuerzas
a la última esperanza de que algún día volvieras, 
sin darme cuenta de que era precisamente esa estúpida idea
la que más daño me hacía y más me impedía olvidarte. 
Por eso he decidido romperme del todo, 
a mí misma y a todo lo que me une a ti, 
para poder empezar de cero.
Es como conducir a trescientos kilómetros por hora
por una línea recta con un muro al final, 
con el único propósito de estrellarme.
Por eso esta noche tengo la valentía y osadía
de acelerar cuanto más cerca de mí lo veo.
Lo tengo a 1 kilómetro.
                    500 metros
                            50 metros.
                                  Acelero.
                                               Y pum. 
                                               Me estrello.
                                               Y pum.
                                               Me he roto. 
Mensaje enviado. 
Ya puedo empezar a recomponerme
y formar mi nueva vida.

Que te vaya bonito 
y disfrutes de los paisajes de esta accidentada carretera. 

martes, 12 de julio de 2022

De huracán a viento

Que no soy el amor de tu vida
pero sí a la persona que más has querido. 
Solo dime algo;
¿Cómo se mastican y se tragan esas palabras
que aún tengo atragantadas en la garganta
como dosis de cianuro?
Solo te diré algo;
esta vez seré yo la que me rompa a mí misma, 
pienso romperme en trocitos tan pequeños
que no haya forma humana 
de que se vuelvan a unir en el mismo puzle
que estaba hecho de pedacitos de ti.
Con la dignidad que aún me queda
los recogeré y crearé otro nuevo
del que nunca volverás a formar parte,
y, óyeme bien, espero que hayas disfrutado del espectáculo
porque jamás,
jamás, 
volveré a r
                    o
                      m
                          p
                            e
                              r
                                m
                                   e
por ti.

Haré del cristal que fui titanio
y tú dejarás de ser el huracán que inventé para convertirte en lo que siempre has sido;
el viento que viene y va
sin tener nunca la suficiente fuerza
para saber dónde quedarse. 

Ahora sí, que te vaya bien 
soplando en otra parte, 
aquí ya no tienes nada que destrozar.

P.D: si puedo sobrevivir a ti, puedo sobrevivir a todo.

domingo, 3 de julio de 2022

La parte complicada de la vida

Alguna que otra vez he escuchado a un niño decir 
que los mayores complicamos las cosas,
y ahora que he crecido me he dado cuenta
de que a veces esa es la realidad,
que la vida es mucho más simple de lo que creemos,
que no tiene mucho misterio decir un "te quiero" o un "lo siento",
en cambio, otras veces, las cosas son difíciles de verdad.
Porque ya no tengo el poder de salir al patio un día de sol
y jugando olvidar que la trenza del pelo
que me hizo mi madre esa mañana no le salió bien
(y qué fácil era pasar página y enfrentarse a la siguiente aventura).
Lo difícil ahora es tratar de olvidarte a ti,
y no hay conjuros, milagros ni credo para eso;
tú eres la parte complicada de la vida.
¿Cómo dejar de verte en cada coche blanco que pasa por mi lado?
¿Cómo dejar de temblar cuando un viejo amigo tuyo
pronuncia tu nombre y me habla de ti?
Y yo me quedo simplemente ahí,
quieta, inmutable, presenciando mi propio asesinato,
y sin fuerzas para defenderme del enemigo,
sintiendo una a una, de nuevo en mi cuerpo,
cada daga ensangrentada que recogí del suelo
el día que decidiste marcharte
y llevarte mi vida contigo,
para acabar respondiendo con el último aliento que me queda:
me alegro de que le vaya bien.
(Por Dios, cómo desearía que dejaran de hablarme de ti).
¿A qué juego debo de jugar ahora en el patio de mi casa
para olvidar a cada persona de tu familia
y dejar de sentirla como la mía propia?
¿Cuántas películas de Disney tengo que ver
para volver a creer que algún día seré una princesa feliz?
No, hay cosas que van por dentro. Hay cosas que ni se olvidan ni se borran,
y me volveré loca de ver tu rostro entre otros cientos,
y de escuchar salir tu voz de miles de bocas diferentes,
pero al fin y al cabo, ese es mi destino, esa es mi condena; quererte a morir,
con la misma fuerza que un niño adora la vida,
con la sutil diferencia de que la mía está rota desde que te fuiste,
y la rompes un poquito más cada vez que regresas
para luego volver a irte.
Eres mi pesadilla de cada verano
ojalá estuvieras siempre fuera
de aquí
y de mí.