La vida desde un punto de vista diferente
La vida es como un juego de cartas, suerte que yo todavía conservo los comodines sobre la mesa y los ases bajo la manga.
viernes, 30 de enero de 2026
Yarazunoame
lunes, 26 de enero de 2026
Formas de querer
martes, 20 de enero de 2026
La mujer del balcón
Era una noche tórrida de verano, coincidimos en el balcón de una casa al salir a fumar. Yo no sabía quién era, pero ella sí me reconoció a mí. Supongo que también acudió al olor de la sangre de la presa. Pero ella, en cambio, vino a tratar de salvarla. Me habló de las verdaderas intenciones del cazador, me hizo un nudo con una cuerda antes de lanzarme por el vacío de la cruda realidad. Fue la primera que me tendió la primera mano para salir de mi largo letargo. Me enseñó las atrocidades que había cometido conmigo, nada que reprochar, pues yo las cometí peores. Con una sola diferencia, que yo sí lo amaba de verdad, tanto que estaba dispuesta a dejarme domesticar. Y así es como las ovejas negras se convierten en perras de caza para poder sobrevivir mientras el pueblo las llama simplemente perras. Así es como cuando ven al cazador se convierten en zorras mientras él las dispara excusándose en que eran simplemente eso, zorras. Tú eras una muy inteligente, casi tanto como yo, supongo que por eso, años después, y después de mucho perseguirnos e intentar acorrolarnos, hemos conseguido darle esquinazo. Tranquila, ya nunca más me volverá a dar caza. Lo juro por todas las de nuestra manada que murieron por él.
viernes, 16 de enero de 2026
Adolescencia
¿Por qué solemos echar de menos los dieciséis, diecisiete, dieciocho años? Porque todo era posible. Porque estábamos en un amplio pasillo repleto de puertas que no sabíamos a dónde nos conducían, y sentíamos una adrenalina enorme al elegir una. Y porque creíamos fielmente que además de posible, también todo era probable. No sabíamos qué íbamos a estudiar, conocíamos amigos nuevos cada mes, cualquier cosa podía pasar. Éramos una tabula rasa con miles de opciones por delante para rellenar, y eso, nos generaba expectativas e ilusión. Porque todo era nuevo, porque eran las primeras veces de todo. Las miradas, los besos, las manos largas en las distancias cortas. Porque todo lo vivíamos más intensamente al ser experiencias completamente desconocidas para nosotros. Y la novedad siempre atrae. Porque veníamos con el corazón intacto, porque nunca nos lo habían roto, porque queríamos sin las heridas del pasado y sin compararlo con aquel gran amor al que a día de hoy no hemos conseguido olvidar. Porque nuestros seres queridos seguían vivos, y porque éramos más en la mesa para la cena de Navidad. Supongo que echamos de menos nuestra adolescencia porque es el reflejo de lo que un día tuvimos que ya jamás podremos volver a tener.
viernes, 9 de enero de 2026
La presa no olvida
te casabas con otra
y me he dado cuenta
de que haga lo que haga
siempre llevaré tu astilla clavada
debajo del zapato
tan peliaguda y feroz
que ni una suela de hierro
podrá protegerme de ella
Algunas criaturas
siguieron mi rastro de sangre
y se cayeron por el mismo abismo
donde llevo años colgada
con uñas y dientes
bajo tornados fervientes
y muerta de hambre
de un nuevo amor
lunes, 29 de diciembre de 2025
Lo esencial es invisible a los ojos
jueves, 4 de diciembre de 2025
Te encontré
jueves, 27 de noviembre de 2025
Asteroides y hojas de otoño caídas
¿Será que a veces idealizamos el amor? No el amor, sino la persona por la que creemos sentirlo. Una vez escribí que a veces el amor es un espejismo que nosotros mismos creamos, y creo que es justo a eso a lo que me refiero. A veces nos convencemos de que queremos a alguien solo porque la primera vez lo sentimos así, y podemos estar años defendiendo a capa y espada esa idea, hasta cuando dejó de ser cierta. Creo que algo así me pasó contigo, porque cuando por fin quité el espejo y me atreví a mirarte a la cara solo vi a un niño inocente en el cuerpo de un adulto inseguro, alguien con ideales claros, pero con ideas vagas. En el fondo creo que eres una estrella confundida de galaxia. Alumbras, el problema es que lo haces en la dirección equivocada y tú eres el único que aún no sabe que, en realidad, ya se ha apagado. Eres como el asteroide fundido, que impresionó a la gente más por el espectáculo de sus trozos rotos, pero el problema es que siempre hay alguien a quien le acaba dando alguno. Ese alguien fui yo. Eres la semilla que va cambiando de sitio porque no termina de echar raíces, y eres el viento que la mueve inquieto por no acabar de encontrar nunca su lugar. Eres como las personas que no quieren darle una nueva vida a la ropa que ya no usan, por si algún día lo terminan haciendo, cuando ese día al final jamás llega, y les da igual tenerlas en el armario cogiendo polvo y desgastándose. Eres así, pero con las relaciones interpersonales. No cuidas lo que quieres, por la sencilla razón de que no sabes lo que quieres. Y si no sabes lo que quieres ¿Cómo vas a saber a quién amas? Eres como el novato que va dando palos de ciego, que prueba, que tienta a la suerte, que aporrea el piano con las dos manos abiertas y otras veces con los puños bien cerrados, a ver si, en alguna de esas, por fin da con la tecla. Eres un batiburrillo de emociones, casi todas buenas, pero tan tremendamente enredadas que se acaba formando tal tormenta de la que no solo tú sales encharcado. Y despistas, despistas muchísimo porque ni tú mismo sabes el camino que estás siguiendo. A veces te das por vencido, te relajas, sueltas la maleta, preparas la tienda de campaña y haces noche en algún lugar, con alguien a tu lado que te la haga un poco más cálida, y por un momento tu mundo cobra sentido. La contradicción es que al día siguiente los primeros rayos de sol te despiertan, te entra el agobio y necesitas volver a echártelo todo a la espalda para seguir andando rumbo a no sabes dónde, ni con quién. Sí, contigo ¿Pero con cuál de todas las versiones de ti mismo que habitan dentro de ti? No lo sé, quizás el tiempo me haya dado la perspectiva, pero eres la hoja a la que no le hace falta que llegue el otoño para caerse, porque tú lo has hecho siempre de mi mano a la primera brisa. Pero cuando los vendavales apretaban fuerte ahí fuera, siempre sabías cómo volver a casa. Desde la primera vez debí haberte cerrado la puerta, por eso de que solo a quien permitas entrar en tu casa podrá destrozártela, mientras que el resto solo se conformará con pisotearte el jardín. No lo sé, no sé cuál será tu galaxia, ni tu árbol donde echar raíces, pero ojalá que algún día al mirarte a ese mismo espejo, sepas quién eres.