viernes, 30 de enero de 2026

Yarazunoame

Hoy llueve, pero no sé si más dentro que fuera. La lluvia se lleva las canas de tu pelo y arranca de tu mano la bolsa de caramelos. Qué oscuro es todo ahora que solo eres estrella. Qué dura se hace la vida sin tu abrazo al final de la escalera.  
Y de ti ¿Qué me queda? Un par de decenas de fotos con un par de copas en la mano, reflejo de las fiestas donde siempre dejábamos rastro. Una canción olvidada en el país vecino, una caricia dormida a la melena que creció contigo, y que hoy ya no está. ¿Qué fuimos en realidad, querida? ¿Qué tan alto lloraron esas sirenas por nosotras aquella noche, que aún en esta las puedo escuchar? Y tú, querido amor. ¿Eres amor o desamor? ¿Eres la boca que besa o la que muerde? ¿La mano que sostiene o que retuerce? ¿Los ojos que alumbran o que ciegan? ¿El cazador que dispara o el que cuida a la presa? ¿Quién eres? ¿Aún existes? ¿O solo es tu fantasma el que comparte conmigo los cigarrillos cada noche? Que el agua cale, que el agua limpie, que el agua arrastre. Que el agua ahogue y lo lleve todo consigo, excepto aquello que aún conservo, mi nombre. 

lunes, 26 de enero de 2026

Formas de querer

Para mí existen dos formas de querer. La mental y la física. La primera es querer, la segunda es amar. Puedes querer con el cerebro, pensar que amas, decir que amas, creer que amas. Aquí englobo a la conexión mental, cuando sientes que conectas con alguien, cuando te diviertes con alguien, cuando eres feliz con alguien. Sin embargo, para mí, cuando estás enamorado de verdad es el cuerpo quien siempre te avisa antes. La sensación desbocada en el pecho cuando le miras de cerca, la electricidad en el roce de las manos al coincidir encendiendo la radio del coche, sentir que te falta el aire en una estancia y tener que salir porque le has visto, el temblor de piernas, de manos, de pestañas, los sueños a medianoche con espasmos y sudor al despertar. Y esto puede llegar a ser compatible con lo primero, pero creo que aquí la clave es el tiempo, pues mientras con la mayoría de las personas esa sensación acaba decreciendo, existe una clase de magia que hace que aunque pasen los años tu cuerpo vuelva a reaccionar de la misma manera cuando se encuentra con aquella otra. Enamorarse así de alguien es jodidamente difícil, pero de cojones, y te va a pasar una o dos veces en la vida, no más. Por eso creo que insistimos tanto en buscar esas sensaciones físicas intentando provocarlas mentalmente con otras personas, pero no, solo cuando sea el cuerpo el que mande sobre tu mente, y no lo veas venir, estarás enamorado de verdad.

martes, 20 de enero de 2026

La mujer del balcón

Era una noche tórrida de verano, coincidimos en el balcón de una casa al salir a fumar. Yo no sabía quién era, pero ella sí me reconoció a mí. Supongo que también acudió al olor de la sangre de la presa. Pero ella, en cambio, vino a tratar de salvarla. Me habló de las verdaderas intenciones del cazador, me hizo un nudo con una cuerda antes de lanzarme por el vacío de la cruda realidad. Fue la primera que me tendió la primera mano para salir de mi largo letargo. Me enseñó las atrocidades que había cometido conmigo, nada que reprochar, pues yo las cometí peores. Con una sola diferencia, que yo sí lo amaba de verdad, tanto que estaba dispuesta a dejarme domesticar. Y así es como las ovejas negras se convierten en perras de caza para poder sobrevivir mientras el pueblo las llama simplemente perras. Así es como cuando ven al cazador se convierten en zorras mientras él las dispara excusándose en que eran simplemente eso, zorras. Tú eras una muy inteligente, casi tanto como yo, supongo que por eso, años después, y después de mucho perseguirnos e intentar acorrolarnos, hemos conseguido darle esquinazo. Tranquila, ya nunca más me volverá a dar caza. Lo juro por todas las de nuestra manada que murieron por él.

viernes, 16 de enero de 2026

Adolescencia

¿Por qué solemos echar de menos los dieciséis, diecisiete, dieciocho años? Porque todo era posible. Porque estábamos en un amplio pasillo repleto de puertas que no sabíamos a dónde nos conducían, y sentíamos una adrenalina enorme al elegir una. Y porque creíamos fielmente que además de posible, también todo era probable. No sabíamos qué íbamos a estudiar, conocíamos amigos nuevos cada mes, cualquier cosa podía pasar. Éramos una tabula rasa con miles de opciones por delante para rellenar, y eso, nos generaba expectativas e ilusión. Porque todo era nuevo, porque eran las primeras veces de todo. Las miradas, los besos, las manos largas en las distancias cortas. Porque todo lo vivíamos más intensamente al ser experiencias completamente desconocidas para nosotros. Y la novedad siempre atrae. Porque veníamos con el corazón intacto, porque nunca nos lo habían roto, porque queríamos sin las heridas del pasado y sin compararlo con aquel gran amor al que a día de hoy no hemos conseguido olvidar. Porque nuestros seres queridos seguían vivos, y porque éramos más en la mesa para la cena de Navidad. Supongo que echamos de menos nuestra adolescencia porque es el reflejo de lo que un día tuvimos que ya jamás podremos volver a tener.

viernes, 9 de enero de 2026

La presa no olvida

Hoy he soñado contigo
te casabas con otra
y me he dado cuenta
de que haga lo que haga 
siempre llevaré tu astilla clavada
debajo del zapato
tan peliaguda y feroz
que ni una suela de hierro
podrá protegerme de ella
Algunas criaturas
siguieron mi rastro de sangre
y se cayeron por el mismo abismo
donde llevo años colgada
con uñas y dientes
bajo tornados fervientes
y muerta de hambre
de un nuevo amor

lunes, 29 de diciembre de 2025

Lo esencial es invisible a los ojos

Me parece muy triste que las personas nunca se vayan a enterar de muchas de las cosas que hemos hecho por ellas. De esas caminatas que nos pegamos para comprarles un regalo, de aquellas noches que nos sentamos a la mesa para escribir en nuestro diario todo lo bueno que nos hacían sentir, de todas esas veces que salimos a defenderlas cuando no estaban, de todas las que dijimos que teníamos más en casa pero en realidad nos estábamos quitando de nosotros para darles a ellas, de aquel día que hicimos el esfuerzo de salir por ver a alguien cuando estábamos rotos por dentro y nadie lo sabía, o simplemente de las veces que nos callamos cuando queríamos hablar y la otra persona necesitaba silencio. Siempre decimos que se demuestra más con los actos partiendo de la base de que siempre son visibles, pero algunos, por no decir muchos de ellos, están por detrás y sólo son perceptibles para cada uno de nosotros mismos, y ese es el pellizco exacto de amor que siempre permanecerá en las sombras para el resto.

jueves, 4 de diciembre de 2025

Te encontré

No debes dudar de mi amor 
pues está en mis ojos
cuando te miran esquivando obstáculos a su paso
Está en mis manos
cuando hacen acrobacias sin línea de vida por tu espalda
y está en mis labios 
cuando saltan al vacío después de colgarse de tu boca
Te quiero
y ese es mi mayor secreto a voces
Que cuando no había sitio donde tirar el pellizco
tú lo creaste
Que llevas el contador a cero 
para después explotarlo
Que borras y escribes
que escribes y subrayas
siempre en fluorescente
No debes dudar de mi amor
pues a tu lado el mundo se pinta a láminas
y las llevo siempre guardadas en el bolso
por si algún día no estás sacar una
¿Qué concepto podría ser el amor
sino tú y yo en un callejón de madrugada
jugando al escondite entre edificios con la luna?

jueves, 27 de noviembre de 2025

Asteroides y hojas de otoño caídas

¿Será que a veces idealizamos el amor? No el amor, sino la persona por la que creemos sentirlo. Una vez escribí que a veces el amor es un espejismo que nosotros mismos creamos, y creo que es justo a eso a lo que me refiero. A veces nos convencemos de que queremos a alguien solo porque la primera vez lo sentimos así, y podemos estar años defendiendo a capa y espada esa idea, hasta cuando dejó de ser cierta. Creo que algo así me pasó contigo, porque cuando por fin quité el espejo y me atreví a mirarte a la cara solo vi a un niño inocente en el cuerpo de un adulto inseguro, alguien con ideales claros, pero con ideas vagas. En el fondo creo que eres una estrella confundida de galaxia. Alumbras, el problema es que lo haces en la dirección equivocada y tú eres el único que aún no sabe que, en realidad, ya se ha apagado. Eres como el asteroide fundido, que impresionó a la gente más por el espectáculo de sus trozos rotos, pero el problema es que siempre hay alguien a quien le acaba dando alguno. Ese alguien fui yo. Eres la semilla que va cambiando de sitio porque no termina de echar raíces, y eres el viento que la mueve inquieto por no acabar de encontrar nunca su lugar. Eres como las personas que no quieren darle una nueva vida a la ropa que ya no usan, por si algún día lo terminan haciendo, cuando ese día al final jamás llega, y les da igual tenerlas en el armario cogiendo polvo y desgastándose. Eres así, pero con las relaciones interpersonales. No cuidas lo que quieres, por la sencilla razón de que no sabes lo que quieres. Y si no sabes lo que quieres ¿Cómo vas a saber a quién amas? Eres como el novato que va dando palos de ciego, que prueba, que tienta a la suerte, que aporrea el piano con las dos manos abiertas y otras veces con los puños bien cerrados, a ver si, en alguna de esas, por fin da con la tecla. Eres un batiburrillo de emociones, casi todas buenas, pero tan tremendamente enredadas que se acaba formando tal tormenta de la que no solo tú sales encharcado. Y despistas, despistas muchísimo porque ni tú mismo sabes el camino que estás siguiendo. A veces te das por vencido, te relajas, sueltas la maleta, preparas la tienda de campaña y haces noche en algún lugar, con alguien a tu lado que te la haga un poco más cálida, y por un momento tu mundo cobra sentido. La contradicción es que al día siguiente los primeros rayos de sol te despiertan, te entra el agobio y necesitas volver a echártelo todo a la espalda para seguir andando rumbo a no sabes dónde, ni con quién. Sí, contigo ¿Pero con cuál de todas las versiones de ti mismo que habitan dentro de ti? No lo sé, quizás el tiempo me haya dado la perspectiva, pero eres la hoja a la que no le hace falta que llegue el otoño para caerse, porque tú lo has hecho siempre de mi mano a la primera brisa. Pero cuando los vendavales apretaban fuerte ahí fuera, siempre sabías cómo volver a casa. Desde la primera vez debí haberte cerrado la puerta, por eso de que solo a quien permitas entrar en tu casa podrá destrozártela, mientras que el resto solo se conformará con pisotearte el jardín. No lo sé, no sé cuál será tu galaxia, ni tu árbol donde echar raíces, pero ojalá que algún día al mirarte a ese mismo espejo, sepas quién eres.

lunes, 24 de noviembre de 2025

Trenzas de raíz

Las trenzas de raíz me recuerdan al despertador a las siete de la mañana. Al plato de cereales que te comías a contrarreloj. Al “mamá, me voy que llego tarde”. A las pizarras de tiza y borrador. Las trenzas de raíz me recuerdan al bocadillo de tortilla a la hora del recreo, a las notitas de papel y boli por debajo de la mesa para acabar completando en el estuche toda una colección. Me recuerdan a las excursiones, a la tierra, al barro, a las heridas bañadas de Betadine y un par de lágrimas de la mano de tu fiel amigo de juegos. Las trenzas de raíz me recuerdan a tus manos pasando por todo mi pelo, creando una obra de arte enredando mechón con mechón. Las trenzas de raíz me recuerdan al olor del invierno, al abrigo encima del uniforme, al tres en raya en media cuarta del bloc de matemáticas, a los juegos de cartas en las horas libres o en mitad de cualquier explicación. Las trenzas de raíz me recuerdan a lo que fui, y cuando hoy me las pongo, me pregunto qué partes de mí siguen siendo, y cuáles, desgastadas por el tiempo o secuestradas por la adultez, de repente ya no.

martes, 18 de noviembre de 2025

Estar enamorado

Entonces yo me pregunté: ¿Qué significa para mí estar enamorado? Es una espera interminable de algo que no sabes si va a terminar de suceder, pero que sin embargo sucede cada noche en tu almohada. Es salir huyendo de las camas ajenas con las primeras luces de la mañana. Es que te jodan el umbral de sensibilidad a las nuevas caricias de unas manos que al hacerlo se cortan. Estar enamorado es tejer hilos invisibles con las manos dormidas, que acaban en bordados dignos de ser obras de arte expuestas en el museo más crítico del mundo. Estar enamorado puede parecerse a cerrar los ojos y ver siempre a esa persona. No terminar de cerrar la puerta y volver a abrirla para darle un último abrazo. Sentirla más presente incluso en su ausencia. La urgencia de hablar, de tocar, de comértela a besos. Estar enamorado es buscar siempre un último resquicio abierto por mínimo que sea, donde lo imposible parezca probable. Es sentir un pinchazo en el pecho cuando escuchas que alguien pronuncia su nombre por la calle, o que te tiemble el cuerpo al escuchar que hablan de ella. Estar enamorado es no poder controlar nada, ni las palabras, ni las reacciones, ni los sentimientos, porque el corazón lo hace antes por ti. Estar enamorado es tener un ancla, una persona a la que siempre vas a volver por muchas experiencias que vivas fuera. Porque estar enamorado es volver y volver a volver. Estar enamorado es la capacidad de permanecer en silencio y que suene a melodía, la virtud de mirarse a los ojos de cerca eternidades enteras y que ni un pestañeo lo cambie todo de sitio. Estar enamorado es saltar siempre de cinco a cinco de enero, aunque seas cada año un poco más viejo. Estar enamorado es tocar el cielo con los dedos y colgarse de la nube más blanca que haya, y permanecer en ella cuando se vuelve gris. Pero estar enamorado también es saber renunciar. Es querer la felicidad de esa persona por encima de cualquier cosa, es aprender a no dejar siempre la maleta a medio hacer y cerrar con llave al irse. Estar enamorado es saber ir en dirección contraria cuando esa felicidad está en lugares distintos. Es no forzar, no imponer, no reclamar. Es dar espacio, dar libertad, y también de que no nos quieran, o de que no nos elijan. Estar enamorado es dejar que esa persona se enamore de alguien más. Sí, estar enamorado también es coger distintos caminos, pero siempre, en algún punto, volver la vista atrás por si, por un solo y efímero instante, las miradas vuelven a coincidir, siempre una última e infinita vez más.

jueves, 13 de noviembre de 2025

Fluorescente

Te quiero
con la t de los tsunamis que chocan continuamente entre dos bocas que se buscan
con la e de la explosión de un corazón cuando hay otro que lo enciende
con q de la química que irradian dos miradas comiéndose a la distancia
con la u de la unión de dos manos que son como dos barcos que llevaban años a la deriva y por fin están atracando
con la i de la ilusión de dos almas que creen reconocerse después de siglos buscándose
con la e de la estrella fugaz que le concedió a alguien un deseo que ni sabía que tenía
con la r del reloj que se paró en el mismo instante en que dos cuerpos coincidieron en espacio y tiempo
y con la o del otoño que tuvo la bondad de hacer que las hojas viejas cayesen para que crecieran tréboles de cuatro hojas nuevos 

Te quiero con todas las letras
sin comas
ni puntos finales
Te quiero en negrita
en subrayado fluorescente
y cuando me rozas
hasta lo hago en cursiva

miércoles, 5 de noviembre de 2025

Subir después de bajar

Después de la subida viene la bajada. Nos lo han enseñado desde siempre, hasta en el colegio. Todo lo que sube, baja. Es la ley de la gravedad, que hasta día de hoy la ciencia solo ha sabido desafiarla por un rato. Puedes alargar el momento, como los aviones cuando vuelan, pero al final, siempre acabarán bajando. Todo lo que sube, baja. Las montañas rusas, las cuestas, los pájaros, los globos, los cohetes, el agua de la lluvia... No hay nada que permanezca en el cielo eternamente, porque todo lo que sube, más tarde o más temprano, al final siempre termina bajando. Con los sentimientos ocurre lo mismo y aquí la trampa puede ser mortal, porque cuanto más subas, más larga será después la bajada, y por tanto, mayor el impacto. Entonces yo me pregunto ¿Habrá sí para esto alguna solución mágica que te haga permanecer indefinidamente en las nubes?