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miércoles, 19 de agosto de 2026

Sociedad

Claro que estoy cansada de estar sola, llevo toda mi vida sola. Nos han vendido la moto de que tenemos que aprender a estar así y ahora todo el mundo cree que esa es la mejor opción y nos olvidamos de que somos seres sociales por naturaleza. Claro que necesitamos el conacto con otros, claro que necesitamos compañía, cariño y vínculos reales, pero hemos decidido crear una sociedad fría e hipócrita que prefiere quedarse en la superficie solo por pensar que así uno estará a salvo, consigo mismo, solo, feliz, pero engañado. Estoy tan triste de ver que todas las personas de esta nueva sociedad están perdiendo su personalidad, el respeto, los buenos modales, la capacidad humana de crear vínculos reales y con conexiones verdaderas. Y yo claro que quiero enamorarme, quiero sentir ese sentimiento tan profundo que te hace sentir vivo, que te llena de ilusión. Es que, dejémosnos de rollos ¿Puede haber algo más bonito que eso? Pero la sociedad de ahora ya no está preparada para eso, aunque, en el fondo, todos estemos tan cansados de estar solos. 

viernes, 20 de febrero de 2026

Independencia

La miré fijamente a los ojos una madrugada de jueves y le dije: dime que no soy la única que no persigue la estabilidad. Que no sueña con casarse (ni siquiera con el amor de su vida), que no desea convertirse en madre (ni siquiera con el amor de su vida), aunque eso signifique condenar a toda una familia entera a renunciar a su única oportunidad de tener descendencia. Dime que no soy la única que sí quiere mudarse a un estudio y no a una casa con tres habitaciones, que no lloraría de alegría con un contrato indefinido porque la ataría a un lugar, que sería la más feliz del mundo si al volver a casa solo la recibiese su gato. Dímelo. Dime que no soy la única que querría malgastar las madrugadas de vida que le quedasen escribiendo libros, en lugar de conociendo gente nueva para volver a despedirla. Dime que no soy la única a la que no le gustaría poner cuadros propios en las paredes, porque esas paredes nunca serían hogar. Dime que no soy la única que quiere pasar su vida visitando países, aunque me lo funda todo en vida. Y, por favor, dime que no soy la única que en sus últimos días solo querría volver a ver cinco minutos a cada amor del pasado con el que todo esto no se pudo dar. Y ella, muy tranquila, con sonrisa irónica, me respondió: “tranquila, somos muchas”. 

lunes, 26 de enero de 2026

Formas de querer

Para mí existen dos formas de querer. La mental y la física. La primera es querer, la segunda es amar. Puedes querer con el cerebro, pensar que amas, decir que amas, creer que amas. Aquí englobo a la conexión mental, cuando sientes que conectas con alguien, cuando te diviertes con alguien, cuando eres feliz con alguien. Sin embargo, para mí, cuando estás enamorado de verdad es el cuerpo quien siempre te avisa antes. La sensación desbocada en el pecho cuando le miras de cerca, la electricidad en el roce de las manos al coincidir encendiendo la radio del coche, sentir que te falta el aire en una estancia y tener que salir porque le has visto, el temblor de piernas, de manos, de pestañas, los sueños a medianoche con espasmos y sudor al despertar. Y esto puede llegar a ser compatible con lo primero, pero creo que aquí la clave es el tiempo, pues mientras con la mayoría de las personas esa sensación acaba decreciendo, existe una clase de magia que hace que aunque pasen los años tu cuerpo vuelva a reaccionar de la misma manera cuando se encuentra con aquella otra. Enamorarse así de alguien es jodidamente difícil, pero de cojones, y te va a pasar una o dos veces en la vida, no más. Por eso creo que insistimos tanto en buscar esas sensaciones físicas intentando provocarlas mentalmente con otras personas, pero no, solo cuando sea el cuerpo el que mande sobre tu mente, y no lo veas venir, estarás enamorado de verdad.

viernes, 16 de enero de 2026

Adolescencia

¿Por qué solemos echar de menos los dieciséis, diecisiete, dieciocho años? Porque todo era posible. Porque estábamos en un amplio pasillo repleto de puertas que no sabíamos a dónde nos conducían, y sentíamos una adrenalina enorme al elegir una. Y porque creíamos fielmente que además de posible, también todo era probable. No sabíamos qué íbamos a estudiar, conocíamos amigos nuevos cada mes, cualquier cosa podía pasar. Éramos una tabula rasa con miles de opciones por delante para rellenar, y eso, nos generaba expectativas e ilusión. Porque todo era nuevo, porque eran las primeras veces de todo. Las miradas, los besos, las manos largas en las distancias cortas. Porque todo lo vivíamos más intensamente al ser experiencias completamente desconocidas para nosotros. Y la novedad siempre atrae. Porque veníamos con el corazón intacto, porque nunca nos lo habían roto, porque queríamos sin las heridas del pasado y sin compararlo con aquel gran amor al que a día de hoy no hemos conseguido olvidar. Porque nuestros seres queridos seguían vivos, y porque éramos más en la mesa para la cena de Navidad. Supongo que echamos de menos nuestra adolescencia porque es el reflejo de lo que un día tuvimos que ya jamás podremos volver a tener.

martes, 28 de octubre de 2025

El amor es todo lo mutuo

Supongo que así es el amor. Nunca sabes cuándo llega, y cuando lo hace te arrasa. Creo que uno de los mayores errores que cometemos es intentar amar desde el plano cognitivo. Nos convencemos de que alguien es bueno para nosotros porque así nos lo ha demostrado, o quizás solo porque esa persona nos ama, y tratamos de enamorarnos de ella como si se tratara de una decisión consciente, cuando el amor solo trabaja en el plano afectivo, cuando es una cuestión de roce, de piel, de escalofríos, descargas eléctricas y volcanes en erupción al mirarse y tocarse. No lo ves venir, solo lo sientes y te traspasa. Algo así me pasó contigo. Y cuando un amor llega e impacta de esa manera tan fuerte, hasta el resto de las personas se hacen invisibles, incluso aquellas a las que has amado con toda tu alma. El amor es todo lo mutuo, es caminar ambos de la mano en la misma dirección, sin decisiones planificadas, solo porque te nace. El amor no es más que una luz tenue en mi cuarto de madrugada y tus ojos frente a los míos, y ni siquiera lo recordaba. 

jueves, 2 de octubre de 2025

La realidad no siempre supera a la ficción

¿Por qué nos gusta tanto el amor de las películas? Porque nos sirve como bálsamo de lo que no vivimos en la realidad. Porque representa todo aquello a lo que el ser humano podría llegar a aspirar (y nos eleva), pero que en la vida real no hace por falta de valentía, o por sobra de ego. Nos refugiamos en el amor de las películas cuando deseamos que alguien nos bese bajo la lluvia, nos escriba 365 cartas al año (aunque nos conformaríamos solo con una) o se recorra infinidad de kilómetros y trenes por venir a por nosotros. Nos refugiamos en el amor de las películas porque con ellas sentimos lo que quisiéramos que alguien nos hiciese sentir alguna vez de verdad. Nos refugiamos en ese amor para tener fuerzas de sobrevivir después en un mundo en el que enamorarse es tremendamente difícil, en el que teniendo millones de alternativas para mandar el mensaje solo hay silencio, en el que el primer te quiero asusta y sirve de billete directo a la salida de emergencia, y en el que preferimos vivir en soledad haciéndonos eco de sus múltiples y gratos beneficios cuando después echamos de menos a alguien que nos abrace por las noches.

jueves, 18 de septiembre de 2025

No todos los padres son dioses

¿Podemos dejar de idealizar a los padres? Que sí, que los hay buenos, muy buenos, pero también los hay malos, regulares y pésimos. Que están los que te dan techo, comida, ropa y dinero, y están los que te dan todo eso mas comprensión, ayuda y apoyo emocional. Y que, por supuesto, también existe la otra cara de la moneda en la que no te dan absolutamente nada. Me duelen los oídos cada vez que escucho por la calle a un desconocido decirle a otro “tendrías que valorar más a tu madre”. ¿Te has preguntado qué clase de madre es? Porque siempre hablamos desde nuestra propia perspectiva y experiencia, pero sorpresa, hay más. Quizás tu madre es buena y la suya regular. Me aventuro a más ¿Por qué nunca nadie dice “tendrías que valorar más a tu hijo”? Hay hijos que hacen de padres con sus propios padres y estos no lo valoran. Por favor, antes de decir que todos los padres son buenos por igual piensa que quizás, por ejemplo, mientras tú tenías a tu madre leyéndote cuentos a pie de cama o escuchando alguno de tus problemas, la de otra persona podría estar encerrada en el baño llorando de una depresión crónica, en el bar sin poder superar su alcoholismo, en una silla rígida criticando e invalidando todo lo que sentías, y aunque nos asuste, incluso abusando de sus hijos. Porque sí, la otra cara de la moneda existe y es tan real como tú o yo.

martes, 26 de agosto de 2025

Si pudieras tener un superpoder ¿Cuál sería?

Yo no elegiría ser invisible o poder volar, mover objetos ni atravesar paredes. Si pudiera elegir un superpoder, y en realidad ojalá todos pudiéramos tenerlo, sería transmitir las propias emociones a otra persona con solo tocarla. Porque creemos que basta con la comunicación y la empatía para ponernos en el lugar del otro y comprenderle, pero es mentira. Para entender algo hay que vivirlo. Imagina que con solo tocar a alguien este pudiera ver y sentir al instante cómo es vivir en tu casa con tus familiares tóxicos, la manera en la que te enamoraste de alguien, y cómo te rompió el corazón. Imagina tocar a alguien que haga bullying y que sintiese en su piel lo que él mismo hace, o también por qué no, estar con alguien viendo el atardecer, tocarle y sentir los dos lo que tú estás sintiendo. Apuesto a que ya no habría tanta ignorancia, maldad ni egoísmo. Apuesto a que seríamos, un poquito mejores.

martes, 19 de agosto de 2025

Aprendizajes

En esta vida he aprendido, entre otras muchas, tres cosas (y apúntatelas):

1) Muchas veces insistimos en volver a las mismas coordenadas que nos hicieron felices, pero no nos damos cuenta de que lo hacemos en espacios temporales distintos. Y entonces, oh, sorpresa, los sitios han cambiado, te encuentras con personas que ya no existen, porque ahora son otras versiones de sí mismas, y entonces te das cuenta de que te estás perdiendo muchísimas cosas nuevas por querer vivir solo de recuerdos, que ya, aunque quieras, jamás volverán a repetirse como un día fueron, porque, aunque duela, nada puede darse de la misma forma dos veces.

2) Te van a hacer sentir mal continuamente por querer a varias personas a la vez, y te van a presionar para que elijas solo a una. Porque nos han enseñado que eso es lo bonito, un uno pa uno, y si es pa siempre, mejor. Pero lo bonito no siempre es lo humano. Y no hay nada más humano que querer a distintas personas por distintos motivos, y reencontrarte con diferentes partes de ti mismo en cada una de esas personas, que todas, en última instancia, te aportan algo bueno ¿No será aun así mejor querer a muchos que vivir en guerras?

3) Cuando no puedes ir contra tu corazón (porque spoiler: no puedes), lo único que te queda es aliarte con tu cabeza, porque juntos, en algunos puntos, seréis una fuerza mayor. Que no se malinterprete, cuando algo es de corazón hay que lucharlo, porque es el único que nunca, jamás, te va a mentir. Pero cuando esa lucha te consume y descubres que en realidad algo o alguien no es bueno para ti, no hay más remedio que ponerse del lado de la razón y acudir al cerebro, porque, también lo he dicho millones de veces, cuando de verdad quiere, puede ser incluso más terco que el propio corazón.

Ah, y cuando la vida te haya dicho ya que no a algo de todas las maneras que ha sabido hacerlo, no sigas insistiendo, igual es que no a eso, pero sí a muchas otras cosas nuevas, buenas y bonitas. 

Te acompaño en el sentimiento

Tardé tiempo en entender que hay corazones que simplemente no están hechos para querer, para sentir el alma vibrando. Tardé tiempo en entender que, en cuestión de sentimientos, existen personas que han nacido con una línea techo que jamás pueden superar, por mucho que lo intenten, o que no lo hagan. Me pasé toda la vida contribuyendo a que se sintiesen culpables, y, después de mucho mirarlo de cerca, me he dado cuenta de que, en el fondo, bastante desgracia ya tienen. 

miércoles, 23 de julio de 2025

¿Cómo estás? (Yo bien)

He aprendido con los años que hay dos tipos de: “¿Cómo estás?”. Uno es por cumplido, otro es genuino. Alguien puede preguntarte cómo estás por egoísmo, pura falacia autocumplida de creer ser una buena persona, como quien no se da a la fuga ante el incidente y socorre a un niño herido, esperando la recompensa divina. Otros te lo preguntarán para saciar sus ansias de saber la verdad. Habrá quien cuando te lo pregunte se conforme con la primera respuesta que le des, aunque se vea a leguas que no es cierta. Habrá quien no indague más y pase a hablarte de su vida. Incluso habrá quien no te pregunte nada más, ni siquiera qué estás sintiendo en ese momento, cuáles han sido tus últimos sueños cumplidos, o a qué dedicaste la tarde de ayer. Nada. Habrá incluso quien muestre interés para luego pedirte algo a cambio. El amor puede estar en muchos detalles y puede adoptar múltiples formas, eso lo sé, pero estoy convencida de que el amor también es quien de repente, en mitad de la conversación, te corta y te pregunta: y tú ¿Cómo eras de pequeño? y, sorpresa, no se refiere a las fotos.

miércoles, 2 de julio de 2025

Todo el mundo habla de la persona que tiene depresión, pero nadie se acuerda de la persona que convive con la que tiene depresión

Nadie te va a hablar de las repetidas veces que se va a apoyar en ti sin pedir permiso, hasta que con los años cada vez que ponga su mano en tu hombro te hunda en el barro hasta las rodillas.

Nadie te va a hablar del contagio emocional, ese que hace que al final adoptes las expresiones faciales, vocales, sentimientos y actitudes de la persona con depresión.

Nadie te hablará de la responsabilidad que tanto la persona como la sociedad depositarán en tus manos, sin justificación alguna, en la recuperación de la misma.

Nadie te va a hablar de las continuas llamadas de atención y reclamaciones de ayuda que poco a poco irán mermando tu propia autonomía y crecimiento personal en tu propia vida, porque sí, también tienes una, y también importa.

Nadie te habla de los ataques de ira, porque la depresión no es sólo tristeza en contra de lo que muchos creen, también son explosiones de ira que si te pillan estando tú en medio te llevan por delante.

Nadie te va a hablar de la culpabilidad que te van a inculcar hasta que tú mismo te la creas por estar tú bien mientras esa persona está mal y tú “no haces nada por ayudarla”.

Nadie te va a hablar acerca de la imposibilidad de mantener ninguna conversación normal en el día a día con esa persona con la que convives hasta que tú también quedes aislado en tu propia casa.

Nadie te va a decir que algún día llevarás la depresión tan dentro también en ti mismo que cuando salgas a la calle se te olvidará cómo hablar, de qué hablar, cómo reírte y cómo hacer reír.

Y por supuesto, nadie te va a contar nada acerca de los ataques directos que vas a recibir en tu propia persona, sirviendo como saco de boxeo para la regulación emocional de la persona que padece depresión.

Pero lo peor de todo, es que nadie te va a contar nunca que si esa persona es un familiar tan directo como tu padre o tu madre, uno que además se supone que debe cuidarte, literalmente crecerás sin la figura de un padre o una madre y serás tú quien tenga que cuidar de esa persona aun ni sabiendo siquiera cómo cuidar de ti mismo.

miércoles, 18 de junio de 2025

La estación sin ti

Hola, abuelo. Quiero decirte que me sigue encantando ver trenes pasar. Mis favoritos son los trenes sin parada, cuanto más rápido pasen, mejor. Y no sé si me sigue gustando porque me recuerda a ti o porque lo llevo en el ADN y por eso me gustaba verlos desde pequeña. En cualquier caso, quiero que sepas que cada vez que tengo la oportunidad de ir a la estación y espero sentada en el andén es como reencontrarme contigo, que los sigo mirando con los ojos muy abiertos cuando pasan y que pienso muy fuerte en ti, a la vez que escucho en mi cabeza tu voz imitándome, diciendo: “¡Abuelo, mira, otro tren!” y tus continuas quejas porque ya era la hora de comer y llegábamos siempre tarde. A día de hoy solo pienso que ojalá hubiese alguno que me llevase hasta ti.

martes, 15 de abril de 2025

A veces siempre es nunca

El otro día escuché a dos amigas hablando de cuánto se tarda en olvidar al amor de tu vida y no pude evitar sonreír. La respuesta, para mí, es la gran palabra más temida por el ser humano después del “para siempre”: nunca. Te pasarás lo que te van a parecer siglos escuchando su voz entre conversaciones ajenas, despertándote de madrugada en mitad de sueños que al tercer año se convertirán en pesadillas, mirando sin pensar un día cualquiera el calendario para darte cuenta de que es su cumpleaños, y pidiendo que desaparezca al soplar las velas en cada uno de los tuyos. Y no te servirán las frases hechas, las palmaditas en la espalda, los hombros sobre los que llorar ni las manos que sin saberlo te acaricien justo donde la herida aún grita. No te servirán los portazos, las llamadas colgadas al tercer toque ni el contacto cero elevado al cuadrado. No te servirán las canciones que parezcan que están hechas para ti, ni los poemas que hablen de lo que no fue y podría haber sido. No te servirá devorar todos los libros que encuentres ni quemar las fotos en las hogueras de San Juan cada 24 de septiembre, porque el 25 seguirá estando ahí, en forma de palabra, de silencio, de caricia, de beso. Estarás así hasta que una mañana, de repente, abras los ojos y comprendas que en todo esto solo hay un tópico que sí que es cierto: nunca conseguirás olvidarlo, solo aprenderás a vivir sin él, y, solo entonces, dolerá menos.

lunes, 24 de febrero de 2025

Te respondo ahora

¿Sabes por qué no te respondí aquel día cuando me dijiste que me amabas? Sencillamente porque nunca lo has hecho. Tú te lo has creído, a ratos lo has intentado y a veces casi lo consigues, pero nunca lo has hecho. ¿Te digo lo que has amado? La sensación de sentirte amado, el efímero momento en el que nuestros ojos descansaban en los del otro y creías que era posible que todos los astros se alineasen para que durásemos así toda la vida. Tú has amado cada cosa que te he enseñado, cada cosa que hemos vivido, has amado cada caricia, cada beso, cada texto, cada vez que hacíamos el amor. Nos has amado, sí, los días impares y los días de lluvia, como el que reserva butaca en el cine para hora y media, así nos has amado. Has amado todo eso, pero no me has amado a mí. ¿Que cómo lo sé? Porque cariño mío, hay personas que te prometen la luna porque sienten que te deben algo, como tú sientes que me debes a mí todo el amor que un día te di, pero es que hay otras que no tienen la necesidad de prometértelo con palabras, simplemente un día llaman a tu puerta y cuando abres te la dan, así, sin previo aviso. Ahí entiendes cuando es de corazón, y cuando es de cabeza. Si alguna vez de verdad me amaste, estoy segura de que fue con la segunda.

jueves, 20 de febrero de 2025

Mi infancia

Yo crecí en otra sociedad muy distinta a la que tenemos ahora, cuando todavía no ibas agarrado al móvil por la calle, cuando las notitas en clase eran de papel y boli, cuando alguien no te gustaba, sino que te “picaba”, cuando las Coca-Cola venían con nombre y te dedicabas a buscar la tuya y las de tus amigos, cuando para abrirlas repetías el abecedario hasta acabar en una letra que sería la inicial del supuesto futuro amor de tu vida. Yo me crié con los bancos al aire libre en verano llenos de cáscaras de pipas y la lengua azul por los helados, en esa época en la que para ver al chico que te interesaba tenías que ir a buscarlo a su casa con tu amiga y rezabas porque no te abriesen los padres, cuando te llevabas una semana sin pasarte la esponja por los dos centímetros de cara donde te había dado el ultimo beso. Crecí en una época en la que las mujeres no nos mirábamos por encima del hombro ni nos hacíamos la competencia entre nosotras, sino que nos aliábamos, nos apoyábamos, y nos perdonábamos, sin rencores. Yo pasé mi infancia entre fiestas de pijama y con la maleta a cuestas entre excursiones del colegio con habitación de literas para seis, y qué maravilloso fue. ¿Quién quiere la vida adulta después de eso?

lunes, 27 de enero de 2025

Las mujeres que se enamoran hasta la raíz

Las mujeres que son capaces de enamorarse hasta la raíz siempre tendrán las de ganar. El amor solo puede crear más amor y amarán también los amaneceres y las puestas de sol. Las mujeres que se enamoran hasta la raíz tienen la capacidad de querer bien a muchas personas. Algunas se irán, pero lo harán mientras otras llegan para ser igualmente queridas, nunca para ellas el amor se acabará en una sola. Son la clase de mujeres que dejan abiertas las puertas de su casa para cuando quieras regresar, las que te cuidan cuando lo necesitas, y las que nunca guardan el rencor apretado dentro del puño si te vas. Esas mujeres siempre vivirán en paz, porque quien ama y se ama solo lo puede hacer desde la felicidad, y una de sus mejores y más bonitas formas es dándole amor a un mundo que cada vez carece más de él, donde la mitad de la humanidad no sabe si quiere, y la otra mitad no sabe querer. Las mujeres que se enamoran hasta la raíz habrán vivido de todo siempre el doble, porque vivir las cosas así, sintiéndolas tan intensamente, también te hace sentir el doble de viva a ti. Y esas, esas son las mejores experiencias de la vida, las que se viven a flor de piel, y las que arrasan con todo lo que ven.

viernes, 10 de enero de 2025

Tú tampoco te fuiste

Te echo de menos. Te echo terriblemente de menos. Y no sé por qué, pero sé que estos días se ha hecho costumbre. Nunca he creído en eso de volver a los lugares en los que fuimos felices por pensar que una parte de nosotros siempre se quedó en ellos. Yo debo de tener cientos de partes repartidas en cada uno de los que estuve contigo, y ahora me encuentro con que estoy en todos y a la vez en ninguno. Entonces cambio lugar por persona y me doy cuenta de que renunciaría a todos mis lugares favoritos por volver a ti. Te juro que si te hubiese visto aparecer aquella noche te habría abrazado como si no hubiese podido hacerlo nunca más, quizás porque tú eres la persona, y tus brazos, el mejor lugar.

jueves, 2 de enero de 2025

Recíproco

No puedes pasarte la vida esperando un amor que no llega, un amor que ni siquiera sabe si quiere llegar. No puedes tejer sin hilo su mirada entre atardeceres imprecisos, porque te pierdes el sol. No puedes dejar las cosas preparadas, suspendidas en el infinito del tiempo, porque quizás venga algún terremoto en forma de caricias que lo cambie todo de sitio. No puedes dejarle la puerta abierta todos los inviernos, porque alguno de ellos, se te congelará la casa contigo dentro. No puedes llamar amor a una espera interminable que se sucede entre lluvias torrenciales, descosturas incorregibles y óxido irreparable. No puedes porque eso no es amor, es desamor. Y el día que de verdad lo conoces, lo entiendes. Sí, queremos de distinta manera, pero siempre siempre siempre, nos merecemos que nos quieran con la misma intensidad, nos la demuestren de la manera que sea. Así que, eso es el amor. Intensidades de amplia gama, musicales, literarias, de contacto, de miradas, de palabras, que le hacen coro a un preciso y precioso recíproco.

lunes, 23 de diciembre de 2024

Romper el círculo

Andar en círculo tiene una gran desventaja, y es que siempre vas a acabar en el mismo sitio en el que empezaste. Andar en círculo es recorrer una y otra vez todos los puntos que ya conoces, incluso aquellos que ya sabes que te hacen daño. Andar en círculo es pisar las huellas por querer hacerlo seguro, es como escuchar un disco rayado, como cuando la solución al problema es volver al enunciado. Los círculos viciosos son como seguir miguitas de pan que uno mismo ha ido dejando en el suelo en un intento de autosabotaje. Es una profecía autocumplida, es como dar vueltas infinitas a la rotonda por el miedo a coger la salida que no era, cuando quizás, en el fondo todas valen. Y puedes andar en círculo en las relaciones interpersonales, en tus pensamientos, en tus acciones, en tu estilo de vida, en infinidad de aspectos. Si nos paráramos a pensar cuántos kilómetros llevamos hechos solo en ese círculo, entenderíamos la cantidad de mundo que nos hemos estado perdiendo. El ser humano es un animal de costumbres, pero si te acostumbras a romper el círculo, y digamos que, por ejemplo, empiezas a andar en una línea que tampoco es recta, podrías encontrarte cosas diferentes, y maravillosas, en cada curva que apareciera.