Claro que estoy cansada de estar sola, llevo toda mi vida sola. Nos han vendido la moto de que tenemos que aprender a estar así y ahora todo el mundo cree que esa es la mejor opción y nos olvidamos de que somos seres sociales por naturaleza. Claro que necesitamos el conacto con otros, claro que necesitamos compañía, cariño y vínculos reales, pero hemos decidido crear una sociedad fría e hipócrita que prefiere quedarse en la superficie solo por pensar que así uno estará a salvo, consigo mismo, solo, feliz, pero engañado. Estoy tan triste de ver que todas las personas de esta nueva sociedad están perdiendo su personalidad, el respeto, los buenos modales, la capacidad humana de crear vínculos reales y con conexiones verdaderas. Y yo claro que quiero enamorarme, quiero sentir ese sentimiento tan profundo que te hace sentir vivo, que te llena de ilusión. Es que, dejémosnos de rollos ¿Puede haber algo más bonito que eso? Pero la sociedad de ahora ya no está preparada para eso, aunque, en el fondo, todos estemos tan cansados de estar solos.
La vida es como un juego de cartas, suerte que yo todavía conservo los comodines sobre la mesa y los ases bajo la manga.
miércoles, 19 de agosto de 2026
jueves, 2 de octubre de 2025
La realidad no siempre supera a la ficción
¿Por qué nos gusta tanto el amor de las películas? Porque nos sirve como bálsamo de lo que no vivimos en la realidad. Porque representa todo aquello a lo que el ser humano podría llegar a aspirar (y nos eleva), pero que en la vida real no hace por falta de valentía, o por sobra de ego. Nos refugiamos en el amor de las películas cuando deseamos que alguien nos bese bajo la lluvia, nos escriba 365 cartas al año (aunque nos conformaríamos solo con una) o se recorra infinidad de kilómetros y trenes por venir a por nosotros. Nos refugiamos en el amor de las películas porque con ellas sentimos lo que quisiéramos que alguien nos hiciese sentir alguna vez de verdad. Nos refugiamos en ese amor para tener fuerzas de sobrevivir después en un mundo en el que enamorarse es tremendamente difícil, en el que teniendo millones de alternativas para mandar el mensaje solo hay silencio, en el que el primer te quiero asusta y sirve de billete directo a la salida de emergencia, y en el que preferimos vivir en soledad haciéndonos eco de sus múltiples y gratos beneficios cuando después echamos de menos a alguien que nos abrace por las noches.
martes, 19 de agosto de 2025
Te acompaño en el sentimiento
viernes, 15 de agosto de 2025
Esa sensación
¿Sabes esa sensación cuando quieres mucho a alguien pero sabes que no va a ser para ti? Porque no sea el momento, porque encajéis solo a ratos, porque veáis la vida de distinta manera o porque sabes perfectamente que si se diese, aunque fuese en un futuro, tampoco funcionaría. O como cuando sabes que siempre va a ser esa persona, pero solo vais a ser juntos en determinados momentos. Como si estuvieseis destinados a recorrer caminos distintos que, periódicamente, van a coincidir fugazmente en determinados puntos. Como cuando amas a rabiar, pero si te diesen la oportunidad de estar juntos no lo harías, porque quizás, en el fondo, tú tampoco quieres, porque sabes que es lo mejor para ti, para los dos. Pues esa, esa sensación.
sábado, 9 de agosto de 2025
Las cosas que ayer no te dije, pero sabes
Podría haber elegido verte y no mirarte, podría no haber cerrado el signo de interrogación y dado por hecho que uno no puede quedarse a vivir para siempre en el pequeño espacio que un efímero tal vez le acaba cediendo a un firme no. Podría haberme comido las ganas crudas de ti y no esperar a que ardieran después de que me hablases. Podría haberme arrancado las trece espinas de tus doce rosas, ponerlas en fila y obligarte a pasar descalzo y sin guantes. Podría haberme puesto los zapatos antes de entrar por la puerta grande de tu resbaladizo corazón. Podría haber pintado de fluorescente el cartel de salida de emergencia la noche que volviste a besarme, pero sobre todo, podría haberme sellado los labios antes de hacerlo yo. Podría decirte que pararas, que basta, que el viaje ha sido demasiado largo y quiero bajarme en la próxima estación, pero vaya, si el tren es tuyo parece que para eso tendría que descarrilar. Podría borrar dos de los tres puntos suspensivos en cada carta que te escribí. Podría a mi corazón hacerle una limpieza a fondo y un exorcismo a todos los fantasmas que llevasen tu nombre. Podría, podría y podría, seguido de tantas cosas, si pudiera dejar de estar enamorada de ti.
martes, 15 de abril de 2025
A veces siempre es nunca
El otro día escuché a dos amigas hablando de cuánto se tarda en olvidar al amor de tu vida y no pude evitar sonreír. La respuesta, para mí, es la gran palabra más temida por el ser humano después del “para siempre”: nunca. Te pasarás lo que te van a parecer siglos escuchando su voz entre conversaciones ajenas, despertándote de madrugada en mitad de sueños que al tercer año se convertirán en pesadillas, mirando sin pensar un día cualquiera el calendario para darte cuenta de que es su cumpleaños, y pidiendo que desaparezca al soplar las velas en cada uno de los tuyos. Y no te servirán las frases hechas, las palmaditas en la espalda, los hombros sobre los que llorar ni las manos que sin saberlo te acaricien justo donde la herida aún grita. No te servirán los portazos, las llamadas colgadas al tercer toque ni el contacto cero elevado al cuadrado. No te servirán las canciones que parezcan que están hechas para ti, ni los poemas que hablen de lo que no fue y podría haber sido. No te servirá devorar todos los libros que encuentres ni quemar las fotos en las hogueras de San Juan cada 24 de septiembre, porque el 25 seguirá estando ahí, en forma de palabra, de silencio, de caricia, de beso. Estarás así hasta que una mañana, de repente, abras los ojos y comprendas que en todo esto solo hay un tópico que sí que es cierto: nunca conseguirás olvidarlo, solo aprenderás a vivir sin él, y, solo entonces, dolerá menos.
lunes, 24 de febrero de 2025
Te respondo ahora
¿Sabes por qué no te respondí aquel día cuando me dijiste que me amabas? Sencillamente porque nunca lo has hecho. Tú te lo has creído, a ratos lo has intentado y a veces casi lo consigues, pero nunca lo has hecho. ¿Te digo lo que has amado? La sensación de sentirte amado, el efímero momento en el que nuestros ojos descansaban en los del otro y creías que era posible que todos los astros se alineasen para que durásemos así toda la vida. Tú has amado cada cosa que te he enseñado, cada cosa que hemos vivido, has amado cada caricia, cada beso, cada texto, cada vez que hacíamos el amor. Nos has amado, sí, los días impares y los días de lluvia, como el que reserva butaca en el cine para hora y media, así nos has amado. Has amado todo eso, pero no me has amado a mí. ¿Que cómo lo sé? Porque cariño mío, hay personas que te prometen la luna porque sienten que te deben algo, como tú sientes que me debes a mí todo el amor que un día te di, pero es que hay otras que no tienen la necesidad de prometértelo con palabras, simplemente un día llaman a tu puerta y cuando abres te la dan, así, sin previo aviso. Ahí entiendes cuando es de corazón, y cuando es de cabeza. Si alguna vez de verdad me amaste, estoy segura de que fue con la segunda.
viernes, 10 de enero de 2025
Tú tampoco te fuiste
Te echo de menos. Te echo terriblemente de menos. Y no sé por qué, pero sé que estos días se ha hecho costumbre. Nunca he creído en eso de volver a los lugares en los que fuimos felices por pensar que una parte de nosotros siempre se quedó en ellos. Yo debo de tener cientos de partes repartidas en cada uno de los que estuve contigo, y ahora me encuentro con que estoy en todos y a la vez en ninguno. Entonces cambio lugar por persona y me doy cuenta de que renunciaría a todos mis lugares favoritos por volver a ti. Te juro que si te hubiese visto aparecer aquella noche te habría abrazado como si no hubiese podido hacerlo nunca más, quizás porque tú eres la persona, y tus brazos, el mejor lugar.
viernes, 3 de enero de 2025
Crónicas de una historia que podría ser la nuestra
“El mar crea las olas para poder abrazarse a sí mismo” fue la frase que estaba escribiendo cuando me dijiste el primer “te quiero”. En cuanto a quererte a ti, puedo decir que se siente como el deshielo de los glaciares, como todas aquellas restas que en realidad solo son sumas disfrazadas de cero, porque ya nos lo gastamos y lo vivimos todo. Quererte se siente como una nota pisada por otra, creando una melodía que aún así es bonita y te roba todos los silencios que guardabas como tesoros. Quererte se siente como darle la vuelta a lo que ya estaba del revés, como una elección dicotómica apostándolo todo al negro porque el rojo ya lo llevas tatuado en la piel. ¿Cómo podría decírtelo? Quererte es como practicar un deporte de riesgo sin llevar línea de vida, es la adrenalina que se siente al estar en el punto álgido de la gravedad cero, es la tierra firme que pisas cuando caes, y las manos que dibujan los contornos de tan hermoso baile de tres. Del día que me dijiste que siempre sería el amor de tu vida solo recuerdo pensar que yo no sé si eres el amor de la mía, pero sin duda, le das vida a mi amor, y eso ya es mucho más de lo que mataría por estar viva.
jueves, 2 de enero de 2025
Recíproco
No puedes pasarte la vida esperando un amor que no llega, un amor que ni siquiera sabe si quiere llegar. No puedes tejer sin hilo su mirada entre atardeceres imprecisos, porque te pierdes el sol. No puedes dejar las cosas preparadas, suspendidas en el infinito del tiempo, porque quizás venga algún terremoto en forma de caricias que lo cambie todo de sitio. No puedes dejarle la puerta abierta todos los inviernos, porque alguno de ellos, se te congelará la casa contigo dentro. No puedes llamar amor a una espera interminable que se sucede entre lluvias torrenciales, descosturas incorregibles y óxido irreparable. No puedes porque eso no es amor, es desamor. Y el día que de verdad lo conoces, lo entiendes. Sí, queremos de distinta manera, pero siempre siempre siempre, nos merecemos que nos quieran con la misma intensidad, nos la demuestren de la manera que sea. Así que, eso es el amor. Intensidades de amplia gama, musicales, literarias, de contacto, de miradas, de palabras, que le hacen coro a un preciso y precioso recíproco.
jueves, 5 de diciembre de 2024
Las personas a las que queremos
Supongo que lo que pasa con las personas a las que queremos es que no necesitamos que estén en nuestra vida, pero que estén nos hace felices. Cuando no queremos a las personas de una manera patológica y estas se van, podemos seguir siendo felices, pero cuando están, complementan nuestra felicidad. Una vez que entendemos esto, sabemos que sin ellas podemos seguir teniendo una vida plena y feliz, y que estará bien, pero que cuando vuelvan, inevitablemente, vamos a sentir un mordisco cálido en el pecho que nunca se parecerá a otras sensaciones, y que, indudablemente, nos hará un poquito más felices, aunque solo sea durante ese breve instante. Y esa es la raíz para ser capaces de pararnos más a disfrutar de la felicidad que conseguimos estando solos; dejar de compararla con otras, y simplemente, abrazarla como es.
martes, 11 de abril de 2023
Recuerdos sólidos
¿Alguna vez te han hablado de los recuerdos sólidos? Son esos recuerdos que se te clavan como daga en el corazón, y nunca puedes sacarla. Esos recuerdos que se aferran a ti como gota de cianuro en la garganta, pero que, sin embargo, nunca puedes terminar de tragar para que se acaben. Son esos recuerdos que te van a acompañar toda la vida, porque un día fueron los momentos más felices, para acabar siendo los recuerdos más dolorosos. Y resulta que yo tengo grabado a fuego el recuerdo de tus pupilas brillantes, de tus manos suaves, hasta de tu manera de tomar el café. Yo tendré siempre el recuerdo de aquella estación de tren un martes 13 a las siete de la tarde, la maleta a medio hacer y un taxi esperando a un cliente que nunca llegó. Yo viviré siempre en el recuerdo del portal 13 a medio abrir, o a medio cerrar, según quién lo mirase, tras el que nos dimos el último beso sin ni siquiera saberlo. Qué fijación tuvimos siempre con el número 13, a lo mejor por eso es mi número favorito. Pero lo peor de todo, es que no contenta con tener recuerdos sólidos sobre ti, también, de vez en cuando, juego a vivir de recuerdos que me imagino sobre nosotros. Sí, a veces nos recuerdo en el día de nuestra boda, o en el que vimos por primera vez la cara de nuestro hijo. Tengo mil y un recuerdos sobre nosotros, que todavía no han sucedido. No sé para qué los tengo, supongo que me va el rollo masoquista, lo que sí sé es que me hacen echarte muchísimo más de menos, y entonces recuerdo aquello de que no es posible echar de menos lo que nunca ha ocurrido, y sonrío sólo un poco, muy disimuladamente.
domingo, 2 de abril de 2023
Supongo que tendré que acostumbrarme a que ya nunca volverás
Supongo que tendré que acostumbrarme a que ya nunca volverás. Supongo que me toca, de una vez, asimilar que hace mucho tiempo que pasaste página. Una vez escribí que para olvidar a alguien lo primero era querer hacerlo, y he faltado durante años a mi propia palabra.
Típico de los escritores.
Supongo que tendré que lidiar con eso de verte en cien rostros diferentes, y que ninguno es tuyo, cuando salgo a la calle, y con los sueños y pesadillas por las noches, en los que vuelves, y en las que vuelves a irte. Supongo que tendré que aprender a mirarte de soslayo las pocas veces que aún sigamos encontrándonos, como si fuese verdad eso de que fuiste, pero ya no eres alguien para mí. Supongo que tendré que aprender de ti, después de todo has demostrado ser muchísimo más inteligente que yo en esto.
Típico de los hombres.
Tendré que aprender a pasar por esa esquina sin que tus labios vuelvan amenazantes a mi memoria, y a no sobresaltarme cuando escucho pasos detrás de mí cuando voy andando sola por la calle, como si alguna vez me tocara a mí ser una de esas protagonistas de películas a las que siguen y paran para darles un beso y todo vuelve mágicamente a empezar de cero en un mundo tan idílico como irreal. Supongo que me tendré que olvidar de ese maldito lunar que da vueltas sin parar una y otra vez en mi cabeza, y saber encontrar el freno justo a tiempo en esta inmensa cuesta abajo. A veces de verdad pienso que nunca voy a terminar de chocar. Pero ¿Sabes qué es lo peor de todo? Que los escritores estamos condenados a no olvidar, nunca, porque nos alimentamos de los recuerdos para escribir, y jamás podré ir en contra de mi propia naturaleza. Una vez un amigo me preguntó por ti, y yo le respondí que siempre llevaría la condena de quererte. Ojalá fuese yo la que está delante del libro, leyendo, y no la que está detrás, escribiéndolo. Agradece tu papel, a veces el mío es justamente eso, una condena a la que no podré renunciar jamás.
Igual que a ti.
viernes, 10 de marzo de 2023
El chico de los ojos marrones y verdes
El chico de los ojos marrones pero que cuando los miras de cerca ves que son verdes. El chico de las chanclas blancas y azules en verano y de los tenis solo azules en invierno. El chico de la riñonera negra y las llaves haciendo música al andar. El que ríe sin parar y no calla ni para respirar, pero que carga todo un mundo interior de luchas y batallas que no cuenta a nadie. El chico que te encuentras por la calle cuando vuelve por vacaciones y parece que nunca se fue. El que ves en cualquier esquina con su cigarro de liar, aunque siempre te dice que lo está dejando, y distingues por su risa particular. No creas que te recuerdo solo por lo malo. Eras un poco inocente, infantil a ratos, y de ese tipo de persona que hay que martillar hasta romperle la coraza para que sean capaces de ver y decirte que te quieren. De no entender la poesía pero ser capaz de presentarte hasta cien videojuegos diferentes. De no tener la confianza para hablarte pero cuando lo hace se disculpa con su auténtica carita de niño por no haberlo hecho antes. Y esa es la parte buena, aunque ocultos, tus sentimientos son puros. Aunque en silencio, tu corazón late. Aunque esquivo, siempre pones la sonrisa cuando estás en frente. Me gusta, eres simple, pero llano. Eres amigo de tus amigos y generoso con el vecino. Eres buena persona, siempre lo has sido y es lo único que no va a cambiar pase el tiempo que pase, y por eso te voy a querer toda la vida, aunque un día te mudes a Marte y yo siga en la Tierra, a millones de kilómetros y minutos luz de poder visitarte.
P.D: la camisa estampada del verano pasado te quedaba muy bien.
jueves, 23 de febrero de 2023
Tenías razón, estoy muy por encima de ti
martes, 8 de noviembre de 2022
Sherbrooke, 1994
jueves, 20 de octubre de 2022
La escalera
"¿A que no eres capaz de subir estos diez escalones conmigo en menos de tres segundos?" Me preguntaste una vez, con esos ojos impostores que embaucan a cualquier ser viviente, y ahí estaba yo, inocente, cogida de tu mano y mirando hacia arriba con ilusión.
Primer escalón
Un par de cervezas en el bar de mi madre,
la espuma justa y la temperatura perfecta. Una charla que deja con ganas de más.
Segundo escalón
Estás muy enamorado de mí. Nunca antes habías conocido el amor. ¿Por qué no unir nuestras vidas al tan envidiado "para siempre"?
Tercer escalón
Presentaciones. Muchas presentaciones, de todo tipo. Planos en la mesa y planes en la boca. Todo un diseño del eterno infinito que nos queda por vivir.
Cuarto escalón
Diferencias, comunes, normales. Tú prefieres esto, yo aquello. Bueno, no pasa nada. Encontremos el punto medio y salgamos de aquí.
Quinto escalón
Empiezas a tirar para tu terreno. Echas los balones fuera. La culpa nunca te corresponde a ti, la razón, sin embargo, siempre. ¿No es un poco pronto para estar tan cansada? Pero tú tiras de mí y me obligas a subir uno más.
Sexto escalón
"El problema lo tienes tú", me dices. No me sé querer a mí misma. O quizás tú te quieras demasiado.
Séptimo escalón
Yo temblando de frío con pijama y una manta de invierno en pleno junio a las siete de la tarde en mi propia casa, llorando en la ventana, de lo mal que me siento por dentro desde que estoy subiendo escalones contigo. Tú, mientras, ves la tele.
Octavo escalón
Tu desprecio. Hablarme mal, no hablarme, quitarme del camino cuando estorbo, y literalmente, quitarme con una sola mano cuando solo quiero que me abraces. Dedicarte a tumbarte a mi lado y mirar para otro lado, hacer como si yo no existiera.
Noveno escalón
Tu inseguridad constante. Tu sesgo de confirmación. Creer que te engaño o te voy a engañar con otro. Lo que es peor, y lo que es el punto y final para mí, encontrarme con mis redes sociales en tu móvil. Invades mi privacidad.
Décimo escalón
Por fin comprendo de qué va todo esto. Tu plan es empujarme cuando lleguemos al último escalón, y no lo subo. Te suelto la mano, en el cronómetro pone 02:55 segundos, pero todavía estoy a tiempo de bajarlos todos antes de que llegue a tres. Y si no, que le jodan al tiempo. Empiezo a correr escaleras abajo, y cuando por fin llego a tierra firme, respiro con profundidad.
Jamás pensé que subir diez escalones de mierda, pudiese costar tanto. Gracias por enseñarmelo, porque ahora sé cuándo no merece la pena subir, y por quién merece la pena quedarse abajo. Adivínalo; por mí.
Sexto escalón: Resultó ser que al final sí que me quería a mí misma. Que te vaya bonito, y ojalá nunca, entre escalón y escalón, tengas la mala suerte de caerte.
miércoles, 1 de junio de 2022
El tren que perdí
aunque sepas que lo has perdido.
Sí, podría decirse que he sido esa persona que se sienta en la estación
con la mirada perdida en el andén,
recordando cómo fue el momento exacto en el que ese tren salió
ante unos ojos llenos de rabia e impotencia
y los nervios arañándole la piel.
Quizás a veces no se pierda por una cuestión de tiempo,
no por llegar tarde,
sino por no saber cómo o no estar preparado para subirse.
Creo que eso fue lo que me pasó a mí.
Me temblaron demasiado las piernas ante ese último escalón que jamás fui capaz de subir.
Es curioso haberme encontrado con ese mismo tren
en otra estación diferente
al cabo de los años.
Ni siquiera recorría ya el mismo camino que antes,
ni tenía las mismas paradas,
mucho menos el mismo destino.
Pero a fin de cuentas, ese tren seguías siendo tú
y aunque todo lo demás haya cambiado,
me alegro de haberme podido sentar por fin en uno de tus vagones.
Solo te diré que las vistas de los paisajes que se ven desde aquí
siguen siendo tan bonitas como me las imaginaba,
que ya no será el tren que me lleve a casa
pero sí el que me lleve a la playa
y que igual el destino ha tardado en darme otra oportunidad
pero ha merecido la pena subirme al fin a este tren
incluso hasta después de descarrilar.
domingo, 9 de mayo de 2021
Lluvias de mayo
Bienvenido sea mayo y con sus lluvias vuelvo a echarte de menos. ¿No te pasa que a veces echas de menos sentirte querido? No sé, el que te muestren interés, que te escriban, que te pregunten, que se preocupen, que te quieran o lo intenten aunque al final no salga bien. Que te muestren ganas, o ese sentimiento cuando besas a alguien que mueve cosas dentro de ti. El decir te quiero y sentirlo, y que te lo digan de vuelta y sentir que estás viajando a otro universo sentado en una nube. El cogerte de la mano, las caricias, las cosquillitas y otras formas de morir extasiado. El mirar a los ojos y ver mucho más que unos ojos. No sé, el amor en sí. A veces pienso que no te echo tanto de menos a ti como echo de menos al amor, sin darme cuenta de que ambos vais cogidos de la mano. Ojalá pare pronto de llover.
martes, 4 de mayo de 2021
De bruces
Estoy cansada de intentar sentir y volver a darme de bruces con tu recuerdo en cada beso ajeno. Estoy cansada de buscar en los demás lo que vi en ti, de echarme en los brazos de alguien intentando que cubran todos mis miedos, cuando realmente lo único que cubren es el tiempo, porque cuando vuelvo a casa sigues siendo tú. No sé cuándo voy a poder aprender que los únicos brazos en los que soy verdaderamente feliz, siempre han sido y serán los tuyos. A veces solo desearía echarme en tu pecho y dormir, aunque solo fuera una vez más. Pero es que necesito volver a sentir amor. Me siento culpable por intentar sentirlo y no poder. Sé que contigo me saldría solo. Ojalá pudiéramos regalarnos aunque solo fuera un último momento. No sé cómo lo estarás haciendo tú, pero te envidio. Te envidio por no encontrarte conmigo en sueños, por respirar y olvidar, por no encontrar motivos para acordarte de mí y volver a quererme. Te envidio porque tú sí y yo no. Porque yo también puedo, pero a la hora de la verdad eres tú. Al final siempre quiero estar contigo y con nadie más. Te envidio porque yo aún no he podido encontrar en el verde de los ojos de nadie aquello que encontré en el tuyo. Te envidio porque cuando doy la mano todas me parecen hechas de pieles igual de ásperas. Porque las risas de los demás me dan igual, y el recuerdo de la tuya me mantiene viva. Porque no hay un solo día en el que a mi corazón se le olvide de qué estaban hechos tus labios, ni de lo que sentía cuando me regalabas tus besos. Ojalá algún día vuelvas, o por el contrario, ojalá algún día esto que siento por ti se acabe. Pero echarte de menos sola, no, eso no me gusta, esto me está quemando por dentro.