¿Por qué nos gusta tanto el amor de las películas? Porque nos sirve como bálsamo de lo que no vivimos en la realidad. Porque representa todo aquello a lo que el ser humano podría llegar a aspirar (y nos eleva), pero que en la vida real no hace por falta de valentía, o por sobra de ego. Nos refugiamos en el amor de las películas cuando deseamos que alguien nos bese bajo la lluvia, nos escriba 365 cartas al año (aunque nos conformaríamos solo con una) o se recorra infinidad de kilómetros y trenes por venir a por nosotros. Nos refugiamos en el amor de las películas porque con ellas sentimos lo que quisiéramos que alguien nos hiciese sentir alguna vez de verdad. Nos refugiamos en ese amor para tener fuerzas de sobrevivir después en un mundo en el que enamorarse es tremendamente difícil, en el que teniendo millones de alternativas para mandar el mensaje solo hay silencio, en el que el primer te quiero asusta y sirve de billete directo a la salida de emergencia, y en el que preferimos vivir en soledad haciéndonos eco de sus múltiples y gratos beneficios cuando después echamos de menos a alguien que nos abrace por las noches.
No hay comentarios:
Publicar un comentario