jueves, 16 de abril de 2015

Te aviso de que...

Algún día te cansarás de ir a doscientos kilómetros por hora y verás que la velocidad ha impedido que te dieses cuenta de todo lo que dejabas atrás y yo seré en tu carretera esa intrascendente señal de stop que nunca viste y que se convertirá en crucial en el momento justo en el que aquel coche se cruce en tu camino. 

martes, 14 de abril de 2015

El novio perfecto

Que no te mienta, que te cuente sus cosas, que cuente contigo, que te escuche y te aconseje, que te respete, que no se avergüence de ti, que te defienda y te apoye en las buenas y en las malas.

Que te sorprenda con mil y una cosas que te hagan sonreír, que te robe besos a todas horas, que sea celoso pero que no se obsesione con ello, que sea cariñoso pero no pegajoso, que sea capaz de cualquier cosa con tal de luchar y seguir adelante con vuestra relación, que te haga feliz.

 Que te abrace por detrás para susurrarte las mejores frases de amor al oído, que te lleve de la mano al fin del mundo, que haga locuras pero que las haga contigo, que jamás se enamore de otra, que sepa cumplir lo que promete, que sea distinto al resto, que sea el mejor. Simplemente que sepa ser el novio perfecto y que lo sea.

viernes, 10 de abril de 2015

Caminando por la vida

Caminando por la vida a lo largo de estos años, me he cruzado con niños inocentes y niños traviesos, adolescentes perdidos entre la rebeldía de sus hormonas y adolescentes con los pies en la tierra, adultos preocupados y adultos responsables, ancianos luchando por vivir y ancianos felices.

Me he encontrado desde raíces de árboles hasta la copa del árbol más alto del mundo. Me he encontrado flores cerradas y flores abiertas. Mariposas descansando y mariposas volando con sus alas.

Caminando por la vida he pasado por muchas estaciones, he cogido muchos trenes y he perdido muchos otros. En esos trenes he conocido personas que subían y que bajaban, que entraban y salían de mi vida. Con esos trenes me he ido de algunos sitios y he llegado a otros.

Caminando por la vida he aprendido a caminar mejor, con paso firme, decidida. He aprendido a soltarlo todo y salir corriendo sin mirar atrás. He aprendido a ser fuerte, a superar obstáculos, a vencer miedos y a reforzar principios.

Me he cruzado con muchas oportunidades que me brindaba el destino. Algunas de las cuales aproveché.

Caminando por la vida me atreví a soñar, me decidí a apostar. Fui capaz de llorar y reír al mismo tiempo, de callar y de gritar.

Caminando por la vida, me detuve, y sin más, me lancé a correr.



Volando al cielo en una carta

Querido padre:

No es más mi razón de escribirte esto sino la necesidad de plasmar en este viejo papel a través de mis torpes y ya débiles palabras el transcurso de la vida que tú me has regalado, careciendo de dirección alguna a la que enviártelo pues en el cielo no hay calles ni casas establecidas.

Lo cierto es que aún me pregunto cuál es la verdadera razón de esta carta sin dirección, sin destinatarios, de esta carta que nadie más que yo leerá y que acabará rota y arrugada en algún rincón de este mundo.

Supongo que mi verdadera ansia por construir estas frases, se debe a la esperanza de que de alguna manera o forma, lleguen hasta ti. Sé que allí en el cielo has hecho un pequeño agujero por el que siempre me miras. Sé que no te olvidas de mí, y por eso, yo tampoco me olvido de ti, y aunque en realidad no me escuches ni puedas leer esto, solo a ti te dedico estas sinceras y profundas palabras, solo a ti te reservo y te guardo la mayor parte de mi herido y viejo corazón.

Si te digo la verdad, todavía a día de hoy sigo intentando comprender el motivo por el que esa bala tuvo que impactar en tu corazón de la forma más perfecta que pudiera haberlo hecho jamás, en vez de aceptar que ocurrió así, y que ya nada podría cambiarlo. Todavía me horroriza recordar que la guerra fue tu última experiencia antes de morir. Me habría gustado que lo último que hubieras visto antes de cerrar los ojos hubiera sido la imagen del amanecer o del atardecer, una nube viajando libre en el cielo, o quizá, una mariposa descansando sobre una bonita flor. Pero lamentablemente y muy a mi pesar, eso quedó lejos de tu alcance y lo único que pudiste ver, fue sangre y dolor.

Esta mañana estaba sentada en la silla de mi cocina y pude observar que la ventana estaba empañada. Las gotas de lluvia caían por ella, resbalándose hasta caer. El cielo estaba cubierto de nubes algo negras, quizás algo grises, pero no se percibía ninguna tonalidad blanca. Mi mesa. El café caliente sobre ella como cada mañana. El humo ascendía para desaparecer poco antes de llegar a rozar el techo de la casa. Me detuve a mirar hacia la ventana, mientras que con la cucharilla, daba vueltas como una interminable espiral alrededor del centro de la taza que contenía el café, y mis pensamientos salían de mi mente, libres al vuelo.

Pensaba en cómo sería la vida de un pájaro, cómo sería eso de no rozar el suelo por más de tres segundos. Pensé en eso de ser tan ligero que el viento te lleva a todos lados. Pensé en cómo debería ser poder mover unas alas, que te llevan justo al sitio que tú quieres ir. Pensé en poder atravesar la ventana y esas nubes que nada tenían en común con el color blanco. Y pensé en atravesar más que eso, atravesar el cielo, atravesar el mundo entero. Pensé en cosas realmente imposibles, pero que en cierto modo, me hacían feliz.

Pájaros y más pájaros que pasaban por mi ventana, más y más pensamientos, más vueltas alrededor de la taza de café. Cerraba los ojos, los abría, me levantaba, me sentaba. Me imaginé por un momento que pudiera volar hasta desaparecer en el horizonte, ir más allá de las fronteras que se conocen. Alcanzar lo inimaginable.

Voces. Gritos. Algo de música. El café sobre la mesa. Niños jugando. Sus pensamientos volando. Gentes cruzando las aceras, coches pasando por la carretera, algunos frenaban, otros aceleraban. Los pájaros volando. El café seguía sobre la mesa.

Frío. Frío de imaginar tantas cosas que parecían imposibles. Frío en un día como este. Todo mi cuerpo estaba frío, mi mente estaba fría, mis sentimientos estaban fríos.

Y de repente, ya no había humo, ya no ascendía, ya no desaparecía, ya no llegaba a rozar el techo de la casa, pero seguía dando vueltas con la cucharilla al rededor de la taza de café, el cual, ya estaba también frío.

Quizás esto último te parezca una tontería, pero así me he sentido durante mucho tiempo, a veces como los pájaros, en libertad para volar, y otras veces como el café, enfriándome con el paso del tiempo.

Son pocos los años que pasamos juntos, pero podría afirmar con total garantía que te acuerdas de cuando era una niña pequeña, perdida entre las historias de mi pequeño mundo, soñando con una pequeña casa para mí. Te acordarás de cómo jugaba escondiéndome entre los árboles, y cómo luego me reía mientras me tiraba en la verde hierba. Pero de lo que seguro no te acordarás, pues nunca te lo conté, es de que tenía un sueño; volar desde el árbol más alto.

Cuando te marchaste de mi vida, tuve que pensar que te reunirías con Dios, para no atormentarme con la idea de que ya no estaríamos más juntos. A Él le pregunté quién se suponía que debía ser, las estrellas me miraron y me sonrieron, y entonces Dios me respondió. Y fue ahí cuando comprendí que estabas con Él, y que yo tenía que seguir con mi vida, dejar de atarme a la teoría de que nunca volverías, aunque esta fuera, en parte, cierta.

Me enamoré de la escritura. Me enganché como una adicta a la pasión de escribir. Me encantaba, y me encanta, expresar mis ideas y sentimientos a través de palabras que forman frases, que a su vez, forman textos. Inventar historias o simplemente contarlas porque sí. Mataba el tiempo escribiendo, me moría por escribir. Al principio, nadie reconocía mi talento, y por lo tanto, solo escribía para mí. Pero un día coincidí con un famoso escritor que puso sus ojos en mis obras, y la verdad papá, pensé que fuiste tú quien lo pusiste en mi camino. Si así fue, te doy las gracias porque gracias a esa coincidencia, pude gozar plenamente de mi profesión como escritora durante toda mi vida, contando con el apoyo de numerosas personas que leían mis libros y se preocupaban día a día por ayudarme a mejorar.

Encontré al amor de mi vida, a ese amor del que tanto hablaba Paulo Coelho, a esa persona con la que me casé y compartí innumerables momentos felices. Al otro amor, con el que nací conectada, lo perdí por el camino, como bien decía él mismo. Pero desde que el cáncer llegó a mi vida, comprendí que mi verdadero amor eres tú, papá.

Ahora el cáncer ya está por todo mi cuerpo, ya me ha invadido por dentro. Ya no me quedan más fuerzas para luchar por vivir, ya no encuentro razones por las que retenerme aquí en este mundo de felicidad y tristeza, de alegría y dolor.

He aprendido muchas cosas, he sido feliz, he llorado, he reído, me he ilusionado y me he desilusionado. He sido niña y he sido mujer. Y te estoy eternamente agradecida porque sin ti, nada de esto habría pasado, nunca habría existido.

No quiero que pienses que este es un final triste, porque me siento feliz, de verdad. Simplemente ahora ya soy mayor y estoy cansada, no sé qué más decir sobre esta vida que estoy intentando dejar, no me quedan palabras para expresar más. Viví mi vida y la viví bien, hay muchas historias que he vivido para contar, y ahora permanecerán por siempre en mi recuerdo y en mi memoria. Y estoy feliz porque ahora ya por fin podré hacer realidad mi sueño, ese que siempre he anhelado tanto. Ahora podré reunirme de nuevo contigo. Ahora podremos estar otra vez juntos. Ahora ya estoy preparada para volar desde el árbol más alto.

lunes, 6 de abril de 2015

Dice así un escrito de Paulo Coelho que me gusta tanto recordar...

"Dicen que a lo largo de nuestra vida tenemos dos grandes amores; uno con el que te casas o vives para siempre, puede que el padre o la madre de tus hijos... Esa persona con la que consigues la compenetración máxima para estar el resto de tu vida junto a ella...

Y dicen que hay un segundo gran amor, una persona que perderás siempre. Alguien con quien naciste conectado, tan conectado que las fuerzas de la química escapan a la razón y les impedirán, siempre, alcanzar un final feliz. Hasta que cierto día dejarán de intentarlo... Se rendirán y buscarán a esa otra persona que acabarán encontrando.

Pero te aseguro que no pasarás una sola noche, sin necesitar otro beso suyo o tan siquiera discutir una vez más... Todos saben de qué estoy hablando, porque mientras estabas leyendo esto, se ha venido a tu mente, su nombre a la cabeza.

Te librarás de él o de ella, dejarás de sufrir, conseguirás encontrar la paz, (le sustituirás por la calma), pero te aseguro que no pasará un día en que desees que estuviera aquí para perturbarlo. Porque a veces, se desprende más energía discutiendo con alguien a quien amas, que haciendo el amor con alguien a quien aprecias."

viernes, 27 de marzo de 2015

El amor

Llega un momento en el que te das cuenta que nada cambiará si cierras los ojos y sueñas, y piensas. Debes luchar. Luchar por el amor que sientes, que te demuestra. 

Debes aprender, recapacitar, escuchar. El amor no son solo besos y caricias, ni palabras bonitas. No son recuerdos estancados ni vivos. El amor es el momento. El momento de demostrar, respetar. De enamorar cada día con pequeños detalles, con grandes gestos.

El amor ayuda a vivir, a ser feliz. El verdadero amor sí, lo consigue. Lo conseguimos, porque no existe amor sin ti. 

Y el amor también es dar las gracias, perdonar, sonreír y mirar a los ojos. El amor es ese momento en el que sientes que estás soñando, mueves la mano y notas como puedes tocarlo. 

El amor es ese persona. El amor eres tú.

jueves, 26 de marzo de 2015

Vivir

Cierra los ojos y durante un instante piensa en lo bueno que tienes, en esas personas que hacen que tu vida tenga sentido. Piensa en lo que has vivido e imagina lo que te queda por vivir. 

Sonríe por ser quién eres y olvida todo lo que un día te hizo llorar. Porque no merece la pena sufrir, nadie tiene derecho a borrarte la sonrisa. 

Disfruta de aquellos que te quieren y te apoyan, que te abrazan cuando más lo necesitas y que siempre están ahí. O allí. No importa la distancia. Importan las palabras, los hechos, los momentos vividos junto a ellos. Importa cada segundo de felicidad que te han aportado.

Porque tú eres importante, único/a y debes aprovechar cada minuto de tu vida. Y si es junto a esas personas, sólo te queda darles las gracias y sonreír.

Mi sueño


Yo era una niña pequeña, perdida entre las historias de mi pequeño mundo, soñando con una pequeña casa para mí. Jugaba escondiéndome entre los árboles, y luego me reía mientras me tiraba en la verde hierba. Tenía un sueño, que podía volar desde el árbol más alto.

Largos y silenciosos pasos en la oscuridad, palabras que se escondían detrás de mi pequeño bosque. Le pregunté a Dios quién se suponía que debía ser. Las estrellas me miraron y me sonrieron, y entonces Dios me respondió. Tenía un sueño, que podía volar desde el árbol más alto.

Ahora ya soy mayor y me siento cansada, no sé qué decir sobre esta vida que estoy intentando dejar. Viví mi vida y la viví bien, hay muchas historias que he vivido para contar.

Ahora ya estoy preparada para volar desde el árbol más alto.



domingo, 22 de marzo de 2015

Mi jodida verdad

A veces caigo en el recuerdo del pasado y me hace sonreír, a veces caigo en el olvido y para cuando lo recuerdo ya estoy llorando. A veces siento que me como al mundo y otras veces, que es el mundo quien me come a mí.

 A veces acepto que las cosas han cambiado en vez de intentar entender el por qué, pero casi siempre me rayo sin pensar en lo importante. A veces pienso en los buenos momentos, pero luego vienen los malos y me derrumbo. 

A veces recuerdo las cosas buenas que hizo por mí, pero me viene a la cabeza el daño que me hizo y me rompo en mil pedazos. A veces pienso en lo bueno que era conmigo, pero caigo en la cuenta de que me aferré a lo que más daño me hacía. 

Me gustaría ser tan fuerte como digo y tan resistente como quiero ser. Me gustaría olvidar y no volver a recordar. Me encantaría matar esos recuerdos.

 Pero no puedo. Él siempre fue una gran parte de mí, y arrancarla para reconstruir otra es muy difícil.

Duele querer y que no te quieran. Duele darlo todo y que no te den nada. Duele odiar a alguien a quien has querido más que a tu propia vida. Y yo no puedo más. 

En realidad soy transparente. En realidad soy sensible. En realidad soy yo, no otra. Y en realidad, aún le quiero.

La vida

Hay veces en las que me río sin parar, como una mariposa cuando abre las alas, vuela, y parece que nunca se va a posar. A veces lloro y aunque intente reír no puedo, porque las heridas, a veces duelen, unas más que otras, y algunas de verdad. 

Pero la vida es mucho más que reír o llorar, la vida es amor, la vida es ilusión, la vida es tranquilidad, y a veces, temor. En la vida hay momentos buenos y malos, la típica euforia que te hace saltar, y la típica impotencia que te corroe por dentro. 

La vida es un río, por el que puedes nadar o navegar, por el que puedes ir con rumbo o sin rumbo. La vida es felicidad y a la vez tristeza. La vida es crecer por dentro y por fuera. La vida son lágrimas que al caer hacen que crezcan las plantas. La vida es nostalgia en el pasado, y recuerdo en el olvido. La vida es vivir, y yo quiero vivirla contigo.

Quiero reír, quiero llorar, quiero saltar, soñar, amar. Quiero aprender a volar. Quiero ser esa mariposa con las alas abiertas y quiero que al posarme tú estés esperándome. Quiero compartir mi vida contigo, quiero que vayamos juntos por ese río, sin rumbo fijo, o con él, pero siempre juntos y unidos. Quiero crecer contigo, y quiero verte crecer. Y para cuando la vida se nos acabe, en cualquier otro lugar, poder recordarlo una y otra vez.

Otro día más

A simple vista otro día pasa ante nosotros. Otro día en el que las nubes se mueven, el viento demuestra su presencia, el sol sale y se esconde. Otro día en el que intento plantearme la idea de decírtelo todo de una vez. No, llámame lo que quieras, pero no soy capaz de "aceptar" que me gustas. No hay ningún motivo en especial, o sí, quizá sí. No es que no quiera decirte un "me gustas y no poco", es simplemente que no tengo el suficiente valor para acercarme y soltar esas simples palabras.

 Quizá así sea mejor. Quizá tú jamás te enteres de todo aquello que yo puedo darte. Quizá nunca tenga la suficiente fuerza como para enfrentarme a esta situación. Tantos quizás. Realmente, me cuesta entenderme a mí misma. No me debería de costar tanto expresar lo que siento, pero contigo todo es distinto. Cuando necesito llorar, ahí estás tú con lo necesario para hacerme cambiar de sentimiento. Cuando lo que necesito es reír, nunca fallas. Son tantos los textos que puedo escribir describiendo lo que día a día siento por ti...

Pero dime una cosa: ¿Realmente vale la pena esperar por o para alguien, sabiendo que esa persona no hace lo mismo? ¿Realmente vale la pena estar día a día intentando apartarte de mis pensamientos? ¿Realmente vale la pena aguantar que la gente te diga "Déjalo. Si no se fija en ti es su problema" y que tú, aún sabiendo que es verdad, sigues ahí, luchando por darle todo? No sé si merece la pena o no, solo sé que no puedo dejar de hacer lo que hago, de pensar lo que pienso, de sentir lo que siento. Y también sé otra cosa. Sé que no vas a sentirte identificado cuando leas esto, y lo que más me duele saber, es que cuando leas esto (si te dignas a leerlo) no le darás más importancia que la que se le da al texto de una conocida, o amiga.

Me duele todo esto mucho, sí. Tenerte ahí y no ser capaz de mirarte a los ojos por miedo a decir eso que no debo decir. Tenerte a mi lado, poder rozar tu pelo con mis dedos, y no ser capaz de hacerlo, por temor a tu reacción. Sí, temor a tu reacción, a tu rechazo.

Día a día me pregunto "por qué no verá lo que le puedo llegar a ofrecer". Día a día lucho por mantener mi posición, la de amiga. Porque sé que no voy a pasar a más, solo la amiga fiel, esa que escucha problemas, seca lágrimas, crea risas, y nada más, nunca nada más.

sábado, 14 de marzo de 2015

Enganchada a ti









...