Recuerdo aquellas noches de verano como una gran huella en mi corazón, como una razón más para comprobar que mi juventud era realmente joven, como un miedo al que poco a poco fui capaz de echarle valor y mostrarle mi valentía. Lo recuerdo como un bonito paseo, como unos pasos más que me fueron situando cada vez más cerca de la meta, aunque esa meta, ni yo misma sabría decir cuál es, quizás aprender, quizás enseñar a otros lo aprendido, quizás hacerse mayor, o tal vez viejo. Lo que de verdad sé es que aquellas noches de verano junto a él fueron momentos de alegría en mi vida, a veces de tristeza por no saber comprender a qué se debía ese sentimiento. Incluso puedo recordar de qué color eran los muros que nos cubrían y nos ocultaban de los demás, que nos veían vivir nuestro amor secreto, puedo recordar el sitio exacto del cielo en el que se encontraba cada estrella que desde millones de kilómetros nos guardaba el secreto de vivir juntos ese amor se puede decir que prohibido. Esas noches de verano me enseñaron que no hay amores imposibles, sino amantes cobardes. Porque nosotros tuvimos el valor de soltar en un suspiro nuestro amor cada noche, a pesar de que sabíamos que si nos veían suspirar por amor, juntos... Dios sabe qué. Hoy ya no me queda más que volver a suspirar pero para soltar en forma de aire cada pensamiento que a la vez plasmo con estas palabras, no sé para quién, ni a qué lugar, pero suspiro cada vez más.
Nunca olvidaré esos ojos del color del mar, ni esa mirada azabache, tampoco la delicadeza de mis manos cuando se posaban sobre su cintura, para impedirle dar un paso más hacia la salida, para impedirle que abandonara esa calle, donde esos muros y esas estrellas nos habían protegido de nuestro amor secreto. Nunca olvidaré sus palabras antes de marcharse, ni tampoco el hecho de que al final, justo cuando dobló la esquina de esa calle, mi alma rodó hacia sus brazos, quejándose del dolor que sentía al estar sin ellos, dejando atrás miles de sentimientos rotos, o quizá era realmente yo la que se estaba rompiendo en mil pedazos con su despedida.
Aunque después de todo, después de esas noches de verano, a la llegada del invierno, logré descubrir la parte buena o quizás la parte que menos me hacía llorar, que menos me obligaba a dejar en cada lágrima que brotaba de mis ojos un trocito de todos aquellos en los que me rompí esa vez. Y es que tanto dolor me vale por tantos momentos de gloria, de paz a su lado. Porque jamás he sonreído como él me hacía sonreír con tan sólo darme un beso. Por él he perdido, pero por él también he ganado, y con eso es con lo que me quedo. Lo demás, todo lo que he perdido, los restos que me queda de eso, lo suelto en este último suspiro, cargado de humo al darle una calada al cigarro de mis recuerdos.
La vida es como un juego de cartas, suerte que yo todavía conservo los comodines sobre la mesa y los ases bajo la manga.
viernes, 19 de junio de 2015
lunes, 1 de junio de 2015
El color de la ceniza
Noté algo extraño en tu mirar. Ya no llevabas ese brillo en tus ojos cuando me veías. Se me nubló el alma, llovió después. Si te digo la verdad, fue como una gran tormenta que inundó cada centímetro cúbico de mi corazón. Si intentaba ver algún rayo de sol, sólo podía ver nubes negras formando una gran capa en el cielo de mi interior. Si intentaba escapar, no podía porque el agua me cubría tras dar sólo dos o tres pasos. Supongo que en cierto modo era yo misma la que no quería escapar, porque no quería aceptar que estuviera lloviendo, o quizás que tus ojos ya no brillaban al verme, o tal vez que ya tus manos no temblaban al tocarme.
Algunas de esas estúpidas pequeñas cosas de las que tanto hablan, supongo. Entre ellas mi obsesión por volver a escuchar de tus labios mi nombre. Entre ellas mi ansia por volver a provocar un terremoto en nuestros cuerpos al abrazarnos. Sin tener en cuenta, que por más que lo quisiera, tú ya no sentías lo mismo, tus sentimientos por mí solo fueron un pequeño papel blanco, el que ahora está gris por las cenizas de tu corazón, porque lo has quemado, queriendo borrar lo único que te quedaba de mí.
He intentado ser fuerte, he intentado luchar por las grandes cosas, por las que se supone que son importantes. Pero es cierto eso que dicen de que son las pequeñas cosas las que te marcan. Porque me has marcado, porque has dejado en mí esa huella que jamás pensé que me dejarían. Porque no soy capaz de despertarme sin caer en la cuenta de que ahora eres feliz sin mí. Porque no soy capaz de acostarme sin acordarme de que ha pasado un día más sin estar a tu lado. Porque ahora soy consciente de que sin ti no puedo vivir, y que sin ti, las tormentas de mi alma jamás desaparecerán para darle paso al arco-iris que producías en mi interior cada vez que me abrazabas en aquella estúpida sala de cine.
Sí, es verdad, yo aún conservo ese papel blanco en el que están escritos mis sentimientos por ti, aunque, no te niego que a veces a mí también me dan ganas de quemarlo y mancharme del color de las cenizas que produzca mi propio fuego, hasta que fuera también gris, como el tuyo.
Algunas de esas estúpidas pequeñas cosas de las que tanto hablan, supongo. Entre ellas mi obsesión por volver a escuchar de tus labios mi nombre. Entre ellas mi ansia por volver a provocar un terremoto en nuestros cuerpos al abrazarnos. Sin tener en cuenta, que por más que lo quisiera, tú ya no sentías lo mismo, tus sentimientos por mí solo fueron un pequeño papel blanco, el que ahora está gris por las cenizas de tu corazón, porque lo has quemado, queriendo borrar lo único que te quedaba de mí. He intentado ser fuerte, he intentado luchar por las grandes cosas, por las que se supone que son importantes. Pero es cierto eso que dicen de que son las pequeñas cosas las que te marcan. Porque me has marcado, porque has dejado en mí esa huella que jamás pensé que me dejarían. Porque no soy capaz de despertarme sin caer en la cuenta de que ahora eres feliz sin mí. Porque no soy capaz de acostarme sin acordarme de que ha pasado un día más sin estar a tu lado. Porque ahora soy consciente de que sin ti no puedo vivir, y que sin ti, las tormentas de mi alma jamás desaparecerán para darle paso al arco-iris que producías en mi interior cada vez que me abrazabas en aquella estúpida sala de cine.
Sí, es verdad, yo aún conservo ese papel blanco en el que están escritos mis sentimientos por ti, aunque, no te niego que a veces a mí también me dan ganas de quemarlo y mancharme del color de las cenizas que produzca mi propio fuego, hasta que fuera también gris, como el tuyo.
domingo, 10 de mayo de 2015
Sin buscarte te ando encontrando
Sin buscarte te ando encontrando por todos lados, principalmente cuando cierro los ojos.
Te encuentro cada vez que me despierto, cada vez que me acuesto, cuando me tomo una taza de café caliente por las mañanas , cuando tomo té por la tarde, cuando veo una película romántica, cuando escucho una canción de amor, cuando sueño por la noche y cuando sueño despierta durante el día, cuando veo esos ojos negros reflejados en mi memoria, cuando miro tu sonrisa entre los rostros de la gente, cada vez que oigo una voz parecida a la tuya, cada vez que leo tu nombre en alguna parte, cada vez que creo verte a lo lejos, cada vez que sin querer le hago caso a la tentación y abro el baúl de los recuerdos, cuando me dan un beso, cuando me dan un abrazo, cuando me siento querida y acompañada, cuando se me viene a la cabeza la palabra amor, cuando leo un libro, cuando toco el piano, cuando canto, cuando bailo, siempre que miro a mi alrededor, siempre que pienso en momentos felices, recogiendo flores, sintiendo el viento acariciándome la piel, escribiendo este texto.
Sin buscarte te ando encontrando por todos lados, principalmente cuando cierro los ojos.
Te encuentro cada vez que me despierto, cada vez que me acuesto, cuando me tomo una taza de café caliente por las mañanas , cuando tomo té por la tarde, cuando veo una película romántica, cuando escucho una canción de amor, cuando sueño por la noche y cuando sueño despierta durante el día, cuando veo esos ojos negros reflejados en mi memoria, cuando miro tu sonrisa entre los rostros de la gente, cada vez que oigo una voz parecida a la tuya, cada vez que leo tu nombre en alguna parte, cada vez que creo verte a lo lejos, cada vez que sin querer le hago caso a la tentación y abro el baúl de los recuerdos, cuando me dan un beso, cuando me dan un abrazo, cuando me siento querida y acompañada, cuando se me viene a la cabeza la palabra amor, cuando leo un libro, cuando toco el piano, cuando canto, cuando bailo, siempre que miro a mi alrededor, siempre que pienso en momentos felices, recogiendo flores, sintiendo el viento acariciándome la piel, escribiendo este texto.Sin buscarte te ando encontrando por todos lados, principalmente cuando cierro los ojos.
viernes, 8 de mayo de 2015
Bandera blanca
Tengo una bandera blanca cargada de ilusiones, correr con ella es lo que quiero, luchar aun con moratones.
Tengo un corazón lleno de sangre ardiente, la cual viene corriendo por mis venas, haciéndome aún más fuerte.
Tengo un baúl de los recuerdos, en el cual guardo todos mis felices momentos, e incluso los que aún me hacen llorar.
Tengo una vida, la cual empleo para luchar, llegar a la victoria y aprender de los demás.
Me lanzo con mi bandera al abismo, creo que vuelo, cuando en realidad floto, me quedo quieta y decido, hacia dónde debo ir a luchar, qué es lo que quiero conseguir.
Entonces empiezo a volar con mi bandera ondeando al viento, me dirijo hacia el lugar de la batalla, con la esperanza de ganar también la guerra.
Llego y allí están, esos obstáculos que me impiden ver, oír e incluso andar. Intento saltarlos, derribarlos, incluso hacerlos invisibles, pero eso no está en mi mano.
Poco a poco me dejo de sentir fuerte, y mi bandera deja de ondear, creo que los obstáculos cada vez son más altos e incluso más grandes.
Siento que mi bandera cada vez se hace más pequeña y yo aún más. Entonces, nos derriban, nos ganan, nos pisotean, sin más.
Pero yo sin embargo me levanto y cojo mi bandera, aún con esperanza de poder llegar a otra batalla, y esta vez ganarla, aunque no gane también la guerra.
Tengo una bandera blanca gastada de derrotas, rendirme no es que yo quiera, pero a veces se me antoja.
Tengo un corazón lleno de sangre ardiente, la cual viene corriendo por mis venas, haciéndome aún más fuerte.
Tengo un baúl de los recuerdos, en el cual guardo todos mis felices momentos, e incluso los que aún me hacen llorar.
Tengo una vida, la cual empleo para luchar, llegar a la victoria y aprender de los demás.
Me lanzo con mi bandera al abismo, creo que vuelo, cuando en realidad floto, me quedo quieta y decido, hacia dónde debo ir a luchar, qué es lo que quiero conseguir.Entonces empiezo a volar con mi bandera ondeando al viento, me dirijo hacia el lugar de la batalla, con la esperanza de ganar también la guerra.
Llego y allí están, esos obstáculos que me impiden ver, oír e incluso andar. Intento saltarlos, derribarlos, incluso hacerlos invisibles, pero eso no está en mi mano.
Poco a poco me dejo de sentir fuerte, y mi bandera deja de ondear, creo que los obstáculos cada vez son más altos e incluso más grandes.
Siento que mi bandera cada vez se hace más pequeña y yo aún más. Entonces, nos derriban, nos ganan, nos pisotean, sin más.
Pero yo sin embargo me levanto y cojo mi bandera, aún con esperanza de poder llegar a otra batalla, y esta vez ganarla, aunque no gane también la guerra.
Tengo una bandera blanca gastada de derrotas, rendirme no es que yo quiera, pero a veces se me antoja.
jueves, 16 de abril de 2015
Hay personas que entran en tu vida y lo cambian todo
Hay personas que entran en tu vida y lo cambian todo, personas por las que vale la pena parar, respirar y valorar. Valorar lo que realmente importa, los detalles, las pequeñas cosas...
Cosas como el agua del mar, las nubes, una mirada de esas que lo dicen todo, unos ojos como los tuyos, el modo en que me sonríes, ese abrazo infinito mezclado con sal, los huracanes del estómago, tus manos, despertar a tu lado...
Esos detalles que hacen que todo tenga sentido, incluso lo que hasta el momento de conocerte creí que no importaba. Son esas pequeñas cosas las que lo cambian todo, las que provocan que haga las maletas y salga corriendo sin importarme dónde siempre y cuando el destino seas tú, las culpables de que me hayan brotado alas.
Tú, de esas personas que aparecen y lo cambian todo y hacen que ya nada importe y a la vez que todo empiece a importar. Abro los ojos y sé que estás y me dejo llevar, sin pensar hacia dónde ni a qué lugar, porque nada importa si tú estás.
Cosas como el agua del mar, las nubes, una mirada de esas que lo dicen todo, unos ojos como los tuyos, el modo en que me sonríes, ese abrazo infinito mezclado con sal, los huracanes del estómago, tus manos, despertar a tu lado...
Esos detalles que hacen que todo tenga sentido, incluso lo que hasta el momento de conocerte creí que no importaba. Son esas pequeñas cosas las que lo cambian todo, las que provocan que haga las maletas y salga corriendo sin importarme dónde siempre y cuando el destino seas tú, las culpables de que me hayan brotado alas.
Tú, de esas personas que aparecen y lo cambian todo y hacen que ya nada importe y a la vez que todo empiece a importar. Abro los ojos y sé que estás y me dejo llevar, sin pensar hacia dónde ni a qué lugar, porque nada importa si tú estás.
Las cosas en la vida no son fáciles
A veces nos da por mirar al pasado y recordar lo felices que éramos, otros en cambio, recuerdan lo tristes que estaban, a veces nos da por pensar solo en el presente, mientras que otros se comen la cabeza pensando en el futuro.
Todo va a doler, todo nos va a costar, nos costará superar el pasado, vivir los problemas del presente y pasar por los problemas del futuro. Las cosas en la vida son difíciles, y tienes que luchar por aquello que quieres, solo así lo conseguirás.
Las cosas en la vida cuestan, al que quiere algo, algo le cuesta. Eso es así. Pero es por esto que en vez de echarte para atrás, debes tener coraje y fuerza para afrontar los problemas e intentar solucionarlos, y también, para luchar por tus sueños.
Lo cierto es que esa es la verdadera felicidad, a mi parecer.
Nos echo de menos
A veces no me entiendo a mí misma, ni entiendo por qué tengo este sentimiento de nostalgia hacia ti, y otras veces, me intento convencer a mí misma de que sí lo entiendo, aunque en el fondo no es así.Ocho, ocho putos meses desde que pasó todo, y no ha cambiado nada, todo sigue igual , tú sigues igual. Te fallé y te decepcioné, lo sé, y ojalá pudiera cambiarlo, pero no puedo. Si supieras, cada momento del día que lo dedico a ti, en pensarte, en preguntarme dónde estarás ahora, qué será de ti, si estarás bien... Siento ese momento tan intenso...
Recuerdo ese mes de agosto, ese verano, esas puestas de sol que vivimos juntos... Recuerdo tu extraña forma de hablar, tu manera de decir "te quiero", tu mirada, tu sonrisa, tú. Recuerdo aquella vez que jugábamos a pegarnos de broma, y que cuando nuestras manos chocaron, nos las cogimos y no nos la soltamos. Recuerdo aquella otra vez que me caí en tus brazos porque me hacías cosquillas y me reía sin parar, recuerdo esa otra vez en la que tragué agua por tu culpa cuando jugábamos a hundirnos en el agua.
Recuerdo aquellas tardes en la playa. Recuerdo cada momento que vivimos juntos. Que pena que se apagara tan rápido y de forma tan intensa, que pena que ya hayan pasado ocho meses desde aquella bonita historia. Lo daría todo por escuchar tu voz una vez más, solo una vez más... Tan solo saber si estás bien, si aún conservas ese humor que llevabas siempre a todas partes, y si aún hasta en los peores momentos, dices tonterías.
Puede que nunca leas esto, bueno, es que nunca vas a leer esto, pero es que ya no encuentro otra forma de pedirte perdón y de decirte que te echo de menos, porque ya lo he hecho todo, lo he intentado todo. Sé que fue mi culpa y que fui yo la que cometió el error, es que soy tonta, lo sé, y lo entiendo, soy tonta, pero te quería. Y en cierto modo aún te quiero, por eso te echo de menos... Supongo. Aunque nada vuelva a ser como antes, y aunque nunca leas esto, te pido perdón una vez más, y te digo, que te echo de menos. Nos echo de menos.
Te aviso de que...
Algún día te cansarás de ir a doscientos kilómetros por hora y verás que la velocidad ha impedido que te dieses cuenta de todo lo que dejabas atrás y yo seré en tu carretera esa intrascendente señal de stop que nunca viste y que se convertirá en crucial en el momento justo en el que aquel coche se cruce en tu camino.
martes, 14 de abril de 2015
El novio perfecto
Que te sorprenda con mil y una cosas que te hagan sonreír, que te robe besos a todas horas, que sea celoso pero que no se obsesione con ello, que sea cariñoso pero no pegajoso, que sea capaz de cualquier cosa con tal de luchar y seguir adelante con vuestra relación, que te haga feliz.
Que te abrace por detrás para susurrarte las mejores frases de amor al oído, que te lleve de la mano al fin del mundo, que haga locuras pero que las haga contigo, que jamás se enamore de otra, que sepa cumplir lo que promete, que sea distinto al resto, que sea el mejor. Simplemente que sepa ser el novio perfecto y que lo sea.
viernes, 10 de abril de 2015
Caminando por la vida
Caminando por la vida a lo largo de estos años, me he cruzado con niños inocentes y niños traviesos, adolescentes perdidos entre la rebeldía de sus hormonas y adolescentes con los pies en la tierra, adultos preocupados y adultos responsables, ancianos luchando por vivir y ancianos felices.
Me he encontrado desde raíces de árboles hasta la copa del árbol más alto del mundo. Me he encontrado flores cerradas y flores abiertas. Mariposas descansando y mariposas volando con sus alas.
Caminando por la vida he pasado por muchas estaciones, he cogido muchos trenes y he perdido muchos otros. En esos trenes he conocido personas que subían y que bajaban, que entraban y salían de mi vida. Con esos trenes me he ido de algunos sitios y he llegado a otros.
Caminando por la vida he aprendido a caminar mejor, con paso firme, decidida. He aprendido a soltarlo todo y salir corriendo sin mirar atrás. He aprendido a ser fuerte, a superar obstáculos, a vencer miedos y a reforzar principios.
Me he cruzado con muchas oportunidades que me brindaba el destino. Algunas de las cuales aproveché.
Caminando por la vida me atreví a soñar, me decidí a apostar. Fui capaz de llorar y reír al mismo tiempo, de callar y de gritar.
Caminando por la vida, me detuve, y sin más, me lancé a correr.
Me he encontrado desde raíces de árboles hasta la copa del árbol más alto del mundo. Me he encontrado flores cerradas y flores abiertas. Mariposas descansando y mariposas volando con sus alas.Caminando por la vida he pasado por muchas estaciones, he cogido muchos trenes y he perdido muchos otros. En esos trenes he conocido personas que subían y que bajaban, que entraban y salían de mi vida. Con esos trenes me he ido de algunos sitios y he llegado a otros.
Caminando por la vida he aprendido a caminar mejor, con paso firme, decidida. He aprendido a soltarlo todo y salir corriendo sin mirar atrás. He aprendido a ser fuerte, a superar obstáculos, a vencer miedos y a reforzar principios.Me he cruzado con muchas oportunidades que me brindaba el destino. Algunas de las cuales aproveché.
Caminando por la vida me atreví a soñar, me decidí a apostar. Fui capaz de llorar y reír al mismo tiempo, de callar y de gritar.
Caminando por la vida, me detuve, y sin más, me lancé a correr.
Volando al cielo en una carta
Querido padre:
No es más mi razón de
escribirte esto sino la necesidad de plasmar en este viejo papel a
través de mis torpes y ya débiles palabras el transcurso de la vida que
tú me has regalado, careciendo de dirección alguna a la que enviártelo
pues en el cielo no hay calles ni casas establecidas.
Lo
cierto es que aún me pregunto cuál es la verdadera razón de esta carta
sin dirección, sin destinatarios, de esta carta que nadie más que yo
leerá y que acabará rota y arrugada en algún rincón de este mundo.
Supongo
que mi verdadera ansia por construir estas frases, se debe a la
esperanza de que de alguna manera o forma, lleguen hasta ti. Sé que allí
en el cielo has hecho un pequeño agujero por el que siempre me miras.
Sé que no te olvidas de mí, y por eso, yo tampoco me olvido de ti, y
aunque en realidad no me escuches ni puedas leer esto, solo a ti te
dedico estas sinceras y profundas palabras, solo a ti te reservo y te
guardo la mayor parte de mi herido y viejo corazón.
Si
te digo la verdad, todavía a día de hoy sigo intentando comprender el
motivo por el que esa bala tuvo que impactar en tu corazón de la forma
más perfecta que pudiera haberlo hecho jamás, en vez de aceptar que
ocurrió así, y que ya nada podría cambiarlo. Todavía me horroriza
recordar que la guerra fue tu última experiencia antes de morir. Me
habría gustado que lo último que hubieras visto antes de cerrar los ojos
hubiera sido la imagen del amanecer o del atardecer, una nube viajando
libre en el cielo, o quizá, una mariposa descansando sobre una bonita
flor. Pero lamentablemente y muy a mi pesar, eso quedó lejos de tu
alcance y lo único que pudiste ver, fue sangre y dolor.
Esta
mañana estaba sentada en la silla de mi cocina y pude observar que la
ventana estaba empañada. Las gotas de lluvia caían por ella,
resbalándose hasta caer. El cielo estaba cubierto de nubes algo negras,
quizás algo grises, pero no se percibía ninguna tonalidad blanca. Mi
mesa. El café caliente sobre ella como cada mañana. El humo ascendía
para desaparecer poco antes de llegar a rozar el techo de la casa. Me
detuve a mirar hacia la ventana, mientras que con la cucharilla, daba
vueltas como una interminable espiral alrededor del centro de la taza
que contenía el café, y mis pensamientos salían de mi mente, libres al
vuelo.
Pensaba en cómo sería la vida de un
pájaro, cómo sería eso de no rozar el suelo por más de tres segundos.
Pensé en eso de ser tan ligero que el viento te lleva a todos lados.
Pensé en cómo debería ser poder mover unas alas, que te llevan justo al
sitio que tú quieres ir. Pensé en poder atravesar la ventana y esas
nubes que nada tenían en común con el color blanco. Y pensé en atravesar
más que eso, atravesar el cielo, atravesar el mundo entero. Pensé en
cosas realmente imposibles, pero que en cierto modo, me hacían feliz.
Pájaros
y más pájaros que pasaban por mi ventana, más y más pensamientos, más
vueltas alrededor de la taza de café. Cerraba los ojos, los abría, me
levantaba, me sentaba. Me imaginé por un momento que pudiera volar hasta
desaparecer en el horizonte, ir más allá de las fronteras que se
conocen. Alcanzar lo inimaginable.
Voces.
Gritos. Algo de música. El café sobre la mesa. Niños jugando. Sus
pensamientos volando. Gentes cruzando las aceras, coches pasando por la
carretera, algunos frenaban, otros aceleraban. Los pájaros volando. El
café seguía sobre la mesa.
Frío. Frío de
imaginar tantas cosas que parecían imposibles. Frío en un día como este.
Todo mi cuerpo estaba frío, mi mente estaba fría, mis sentimientos
estaban fríos.
Y de repente, ya no había humo,
ya no ascendía, ya no desaparecía, ya no llegaba a rozar el techo de la
casa, pero seguía dando vueltas con la cucharilla al rededor de la taza
de café, el cual, ya estaba también frío.
Quizás
esto último te parezca una tontería, pero así me he sentido durante
mucho tiempo, a veces como los pájaros, en libertad para volar, y otras
veces como el café, enfriándome con el paso del tiempo.
Son
pocos los años que pasamos juntos, pero podría afirmar con total
garantía que te acuerdas de cuando era una niña pequeña, perdida entre
las historias de mi pequeño mundo, soñando con una pequeña casa para mí.
Te acordarás de cómo jugaba escondiéndome entre los árboles, y cómo
luego me reía mientras me tiraba en la verde hierba. Pero de lo que
seguro no te acordarás, pues nunca te lo conté, es de que tenía un
sueño; volar desde el árbol más alto.
Cuando
te marchaste de mi vida, tuve que pensar que te reunirías con Dios, para
no atormentarme con la idea de que ya no estaríamos más juntos. A Él le
pregunté quién se suponía que debía ser, las estrellas me miraron y me
sonrieron, y entonces Dios me respondió. Y fue ahí cuando comprendí que
estabas con Él, y que yo tenía que seguir con mi vida, dejar de atarme a
la teoría de que nunca volverías, aunque esta fuera, en parte, cierta.
Me
enamoré de la escritura. Me enganché como una adicta a la pasión de
escribir. Me encantaba, y me encanta, expresar mis ideas y sentimientos a
través de palabras que forman frases, que a su vez, forman textos.
Inventar historias o simplemente contarlas porque sí. Mataba el tiempo
escribiendo, me moría por escribir. Al principio, nadie reconocía mi
talento, y por lo tanto, solo escribía para mí. Pero un día coincidí con
un famoso escritor que puso sus ojos en mis obras, y la verdad papá,
pensé que fuiste tú quien lo pusiste en mi camino. Si así fue, te doy
las gracias porque gracias a esa coincidencia, pude gozar plenamente de
mi profesión como escritora durante toda mi vida, contando con el apoyo
de numerosas personas que leían mis libros y se preocupaban día a día
por ayudarme a mejorar.
Encontré al amor de mi
vida, a ese amor del que tanto hablaba Paulo Coelho, a esa persona con
la que me casé y compartí innumerables momentos felices. Al otro amor,
con el que nací conectada, lo perdí por el camino, como bien decía él
mismo. Pero desde que el cáncer llegó a mi vida, comprendí que mi
verdadero amor eres tú, papá.
Ahora el cáncer
ya está por todo mi cuerpo, ya me ha invadido por dentro. Ya no me
quedan más fuerzas para luchar por vivir, ya no encuentro razones por
las que retenerme aquí en este mundo de felicidad y tristeza, de alegría
y dolor.
He aprendido muchas cosas, he sido
feliz, he llorado, he reído, me he ilusionado y me he desilusionado. He
sido niña y he sido mujer. Y te estoy eternamente agradecida porque sin
ti, nada de esto habría pasado, nunca habría existido.
No
quiero que pienses que este es un final triste, porque me siento feliz,
de verdad. Simplemente ahora ya soy mayor y estoy cansada, no sé qué
más decir sobre esta vida que estoy intentando dejar, no me quedan
palabras para expresar más. Viví mi vida y la viví bien, hay muchas
historias que he vivido para contar, y ahora permanecerán por siempre en
mi recuerdo y en mi memoria. Y estoy feliz porque ahora ya por fin
podré hacer realidad mi sueño, ese que siempre he anhelado tanto. Ahora
podré reunirme de nuevo contigo. Ahora podremos estar otra vez juntos.
Ahora ya estoy preparada para volar desde el árbol más alto.
lunes, 6 de abril de 2015
Dice así un escrito de Paulo Coelho que me gusta tanto recordar...
"Dicen que a lo largo de nuestra vida tenemos dos grandes amores; uno con el que te casas o vives para siempre, puede que el padre o la madre de tus hijos... Esa persona con la que consigues la compenetración máxima para estar el resto de tu vida junto a ella...
Y dicen que hay un segundo gran amor, una persona que perderás siempre. Alguien con quien naciste conectado, tan conectado que las fuerzas de la química escapan a la razón y les impedirán, siempre, alcanzar un final feliz. Hasta que cierto día dejarán de intentarlo... Se rendirán y buscarán a esa otra persona que acabarán encontrando.
Pero te aseguro que no pasarás una sola noche, sin necesitar otro beso suyo o tan siquiera discutir una vez más... Todos saben de qué estoy hablando, porque mientras estabas leyendo esto, se ha venido a tu mente, su nombre a la cabeza.
Te librarás de él o de ella, dejarás de sufrir, conseguirás encontrar la paz, (le sustituirás por la calma), pero te aseguro que no pasará un día en que desees que estuviera aquí para perturbarlo. Porque a veces, se desprende más energía discutiendo con alguien a quien amas, que haciendo el amor con alguien a quien aprecias."
Y dicen que hay un segundo gran amor, una persona que perderás siempre. Alguien con quien naciste conectado, tan conectado que las fuerzas de la química escapan a la razón y les impedirán, siempre, alcanzar un final feliz. Hasta que cierto día dejarán de intentarlo... Se rendirán y buscarán a esa otra persona que acabarán encontrando.
Pero te aseguro que no pasarás una sola noche, sin necesitar otro beso suyo o tan siquiera discutir una vez más... Todos saben de qué estoy hablando, porque mientras estabas leyendo esto, se ha venido a tu mente, su nombre a la cabeza.
Te librarás de él o de ella, dejarás de sufrir, conseguirás encontrar la paz, (le sustituirás por la calma), pero te aseguro que no pasará un día en que desees que estuviera aquí para perturbarlo. Porque a veces, se desprende más energía discutiendo con alguien a quien amas, que haciendo el amor con alguien a quien aprecias."
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