jueves, 10 de enero de 2019

Siempre has sido tú

Mis ojos son castillos de hielo que cuando me miras se empiezan a derretir. A veces escalo por tu mirada y cuando llego a la cima me pregunto si pueden existir vistas más bonitas que el reflejo de las que tengo en frente. A veces me subes tan alto que me das vértigo. A veces, y sólo a veces, me duermo en una nube mientras me besas los labios. Te he echado de menos. He visto al mundo temblar y no me ha importado cuando me has dado la mano. He vuelto a sentir aquel pellizco en el alma. Y es que mi corazón es de ti. Porque sus latidos siempre van al ritmo de tus pasos. Más débiles cuando estás lejos. Más fuertes ahora que has vuelto. Y te diría que la Navidad es bonita, pero lo bonito es terminar el año como lo empecé; queriéndote como la estrella de Oriente quiso a su Belén. Me das paz. Me das vida. Y he entendido que podemos estar a la vez tan lejos y tan cerca como lo están Diciembre y Enero, que al final el mundo siempre va a volver a girar cuando me mires, cuando me beses, y que el resto me va a dar igual. Y eso me basta. Y me lleva a una conclusión: siempre has sido tú.

Adrián A.R

Nuestro futuro

Yo también echo de menos
que alguien me de las buenas noches,
que me diga te quiero,
que me espere despierto y me bese en el porche.
Echo de menos escuchar baladas de amor
mientras pinto las paredes de mi casa,
ir temprano a trabajar,
viajar por tu espalda los fines de semana.
Echo de menos fotografiar las puestas de sol
en la playa los veranos,
dibujar corazones en las portadas de los libros,
correr detrás de mi gato,
comer a deshoras y a mi ritmo.
Echo de menos mirarte a los ojos
y acordarme del día que decidimos qué nombre ponerle,
qué coche comprar,
qué película ver los viernes.
Echo de menos el árbol de Navidad
que acabó roto después de cinco inviernos.
Echo de menos dormirme sobre el escritorio
y usar tus vasos de ceniceros.
Echo de menos Barcelona,
el color de sus calles
y aquel avión que cogimos un día
para casarnos en Roma.
Echo de menos abrir cajas de regalo
que vienen sin nombre,
que me compres anillos
que me quedan grandes,
que juguemos a pares
y saques nones.
Echo de menos ponerme tus camisetas
y que me tapen hasta las rodillas,
ducharme contigo cada noche
antes de acostarnos,
despertarte con cosquillas.
Echo de menos tenerte conmigo.
Echo de menos nuestro futuro,
echo de menos hasta aquello
que nunca he tenido.

Kilómetro cero de Madrid

La vida es cruel,
pero yo lo soy más, en serio.
Ya no me escondo detrás de los callejones,
ahora me subo a los tejados y escribo en ellos.

A quien alguna vez me echó de menos
ahora yo le echo de más.
Al que solía ir con el teatro de frente,
la máscara se le está cayendo por detrás.

Le has venido a hablar de agua
a la tormenta,
intentas convencerte de una bondad
a la que ni subido a un andamio llegas.

En mi corazón es verano
desde que vivo lejos de ti.
La vida es un corredor en la meta de su entusiasmo,
y yo soy el kilómetro cero de Madrid.

Vie(r)nes y no vuelves

Lunes y te vas.
Vie(r)nes y no vuelves.
La cama hundida una vez más
por el peso de tu ausencia que me envuelve.

Dejo que me abrace
y le hago el amor.
Tiene las manos frías,
arde mi interior.

Apago la luz
y tu fantasma aparece.
Brilla en la oscuridad,
le hago un hueco para que se siente.

A veces me emborracho de letras
y tengo resaca de versos.
Ayer leí que ya no te amo, sino a mi soledad,
pero hoy escribo que te echaré de menos.

Verdades que duelen

Me das la mano,
me rompes el corazón.
Vengo de dar vueltas por un mundo
donde quien habla nunca tiene la voz.

Me dices que me quieres
y te ganas mi confianza.
Estoy acostumbrada a que lo que se diga cale
y lo que se haga no sirva para nada.

Te dicen que dos mas dos son cuatro
y luego no queda ninguno.
Te ponen buena cara cuando estás
pero cuando te largas se parten el culo.

En las buenas te sobran manos
que te sirvan cubatas.
Pero en las malas todos las esconden
debajo de la manta.

En este mundo la gente te da los buenos días
mientras mete sus zarpas en tu cartera.
Te llaman "amigo"
pero no te llaman en tus noches en vela.

Si hablas te ignoran
y si gritas te pegan.
En cambio, a ellos hay que escucharles
y ayudarles en todo lo que quieran.

Pues si esto es así que paren el mundo, que yo me bajo y cruzo la frontera.


*


Hoy me quiero quedar.
Porque estoy cansada de huir.
Hoy quiero dejar de ser invisible.
Hoy quiero no ver más allá de mí.
Dar mucho, recibir poco.
Es la ley del masoca al que le gusta
vivir dentro de la boca del lobo.
Hoy quiero no querer.
Porque quiero quererme.
Si voy a ser yo la única
que se preocupe por mí,
quiero hacerlo de lunes a viernes.
Y el fin de semana voy a hacerme sonreír.
Miraré por la ventana
y me tomaré un buen café.
Me leeré un buen libro
tumbada en mi jardín.
Imaginario.
Real como la vida.
Aquella que empiezo borrando
cumpleaños del calendario
y señalando con permanente
todos (mis) días.


A tomar por culo todo(s) lo(s) malo(s).

sábado, 22 de diciembre de 2018

Inspirándome en ti

Siéntate en frente,
escríbeme notas,
cuéntame del ayer
del roce de nuestras bocas.

Cántame una canción
que hable del mañana
y tócame sin manos
el contorno de mi alma.

Mírame a los ojos
y pon al sol en relieve.
Sácame a bailar,
bésame si llueve.

Échame de menos
y vuelve a ver horizontes,
cielos con nubes rosas
y ciudades que lleven nuestro nombre.


*


Me ha sorprendido esta mañana
con un rayito de sol calentando el cristal
y una flor en la ventana.
He abierto todas las puertas
y he cerrado todas mis heridas.
El suelo era de madera
y el camino de rosas no tenía espinas.
He caminado descalza,
he respirado de ti
y te he espirado bien lejos.
He corrido a hacer la mudanza.
A la felicidad.
Y no me quejo.
Porque he corrido,
pero también me he corrido,
pensando en otras manos
que me toquen en un mejor lugar.
Ignorando tu lengua.
Arañando otra piel.
Sabor miel.
Sin tregua.
Mojándome con otros besos.
Bien lento.
Y eso, eso sienta muy bien.


*


El otro día soñé
que te tenía dentro.
De mí.
Y todo tu ser se ajustaba perfectamente
a todos mis huecos.
Y calabas profundo,
cuando me la metías.
La felicidad en vena.
Cien orgasmos en un día.
Escalabas por mi espalda,
y yo me resbalaba por tu alma.
Primero hacia delante,
luego hacia atrás,
empujas y sigues el camino recto.
Y ya no sé si gemir o gritar.
Me aferro a no perderte,
te engancho con mis piernas sutilmente.
Quédate un rato más.
Que todavía no me conoces bien por dentro.
Y por fuera me conoces de más.
Quédate a vivir.
Métete entero dentro.
Hagamos el sueño realidad.

jueves, 22 de noviembre de 2018

Te quedan grandes todos mis poemas

Nos juramos mañana y luz,
sin embargo, desde hace un tiempo
vivo de noche, respirando del invierno.
Besamos como nunca
y subimos alto.
¿Quién quiere aterrizar
en una explanada repleta de bombas?
Bailamos entre nubes y soñamos.
Nadie querría vientos de levante
ni que llegase una mañana más temprano.
Todo porque te vi
dentro de mí
y me gustó tanto
que me quedé a vivir.
Ventanas abiertas
aireando mi malhumor.
Huellas en el piso.
No sé de quién son.
No te olvido.
No te ceso.
No te termino.
No me lo merezco.
Te fuiste. Eran las once y cuatro minutos.
Son las doce y cincuenta y siete.
Dicen.
Mi reloj lleva dos meses marcando las once y nueve.
Todo porque te fuiste,
y desde entonces lo rosa es menos rosa.
Todo porque quise correrte,
y me caí por la escalera que separa nuestras bocas.
En la estación de tren
vuelve a llover.
Es fango entre las hierbas.
Todo por echarte de menos.
Todo por quererte tras unas rejas.

Todo porque apreté las manos
y no acerté a romper mis huesos.
Todo porque el amor es entrega
y a ti te quedan grandes todos mis poemas.


jueves, 1 de noviembre de 2018

Tu disfraz

Ya cae la noche,
la niebla se condensa.
Se cierra el crepúsculo
que cae sobre nuestras cabezas.
La lágrima asoma
y amenaza con caer.
Culpables entre vosotros,
testigos de ver llover.
El aire respira,
el agua bebe,
la sal de mis ojos
en la herida escuece.
Gritos silenciosos
por una ausencia desmedida,
Todo es en vano si sale de mí,
de esta humilde y loca suicida.
El veneno de la flor,
la más bella del jardín.
El coral que nadie abrió
escondía perlas color jazmín.
Eco en la oscuridad de las calles,
humedad en los balcones.
Llevo puesta una cara bonita
y un cuerpo que se sostiene sin tacones.
Mas el tiempo corre deprisa
y la madrugada se alza hacia el cielo.
Ni siquiera la luna lo ha visto,
mi ilusión ha volado al firmamento.
Caretas negras,
labios rojos.
Unos besan,
yo ni por antojo.
Horas pesadas
que hacen la noche más triste.
Qué pena que de mí no te acordaras
cuando te pusiste tu disfraz y te fuiste.

miércoles, 24 de octubre de 2018

A morir

Y ahora que el tiempo se me ha vuelto en contra
y que los vendavales vienen hacia mí,
me doy cuenta de que todo me sobra
y que tú me haces falta aquí.
Ahora que el invierno vuelve sobre sus pasos
y yo ya no escucho los tuyos por la casa
el pasado alza su mano
y me abofetea con tu recuerdo en la cara.
Ahora que dejas una historia atrás 
y un lugar al que volver 
no puedes olvidar
que allí, a esa hora, yo también te amé. 
Ahora que aquí quedo yo 
y aquí no queda nada de ti. 
No encuentro paz en mi interior. 
Te echo de menos a morir.
Las primeras lluvias, 
el segundo mes sin ti. 
El recuerdo de tu voz
aquella última vez que te vi.
Ahora me he quedado sin balas
que justifiquen la eficacia de mi pistola, 
ahora prefiero un amor de plástico 
y un corazón hecho de silicona.
Ahora que intento ser, 
ahora que soy sin ti. 
Ahora que me cuesta ver
que mi lugar es ser de ti. 
Ahora que la ola me vuelve a tirar
desisto de ella volver a huír. 
Ahora que para siempre te vas
ya lo sé; te echaré de menos a morir.

miércoles, 17 de octubre de 2018

Mi desván

En mi desván guardo una causa fallida,
verdades escondidas detrás de mentiras,
máscaras de acero y disfraces de terciopelo,
velas apagadas y dormidas sobre una silla.

En mi desván guardo recuerdos
que se sostienen sin álbum de fotos.
Guardo momentos, historias y cuentos
cuyos argumentos hace tiempo que están rotos.

En mi desván guardo esperanzas extinguidas sin esfuerzo,
oportunidades perdidas, deseos incumplidos
y memorias grabadas a fuego lento
en canciones de vinilo.

En mi desván guardo tu mirada
congelada en algún instante.
Guardo los recodos de tu amor,
ahora perdido en alguna parte.

En mi desván guardo tu corazón,
y con él el recuerdo de que algún día fue mío.
Guardo la bohemia y la ilusión,
la desolación del no estar contigo.

En mi desván guardo cafés de mañanas,
tormentas de verano,
y la felicidad de poder conocer sin falta
el refugio que existe entre tus brazos.

En mi desván guardo el echarte de menos a rabiar,
el pensar que todavía es agosto y no ha terminado.
Guardo las lágrimas para no llorar
y el quererte sin pensarlo demasiado.

En mi desván guardo las lluvias que se acercan
y el resoplar del viento,
y con ello la certeza
de que por ti también dejaría al frío morir en los brazos del invierno.


lunes, 8 de octubre de 2018

Reniego

Hoy reniego de aquella hostilidad que inundaba mi corazón de ennegrecido odio. Odio de tus manos, de tu tacto. De tus ojos, de tu mirar. Hoy rechazo todo lo mundano. Por ser un poquito más capaz. Capaz de ti. Capaz de nosotros. Y nadie te mira con mis ojos. Aquel abismo que no se volvió a abrir. Los extremos que se volvieron a unir. La grieta que se quebró en sí misma. En plena cima.Y te oigo decir. Corazón de cristal. Que se rompe si no estás. Porque te quiero. Porque te llevo. Porque te sigo y me entrego. Me rompo contigo, me muero y, si respiro tu aire, sobrevivo.

Hoy soy más de ti que de todas aquellas personas que se reafirman en que amar no es de sabios. Y que me vuelvan a tirar al barro. Que yo siempre voy a creer en las hadas. Por no tener que llorar un seis de enero. Para no tener que volver a llorar si te pierdo. Una vez más. Que salto al vacío y creo que puedo volar. Pero sólo planeo. Y la verdad, eso es lo de menos. Si consigo llegar a tus brazos y allí anidar. Mi vida. Mi cielo.

Hoy te echo de menos. Hoy miro al horizonte y sé que puedo. Que fue demasiado real para desmontarlo. Que el mundo gira. Pero no se cae. Y no es en vano. El reloj está quieto. Pero el tiempo avanza. No seré yo la que pierda la revancha. Este pulso que el invierno le echa al verano. Tengo la receta de la victoria en mis manos. Esta vez no te escapas. Esta vez estás tú frente a la punta de la espada. Y yo con los ojos fijos en la pared. Y aunque los sueños, sueños sean. Ya te voy pisando los pies. Que quiero creer que te alcanzaré. Y ya sí que no querré despertar. Porque...


Hoy reniego de pensar que ya no volveremos a ser nunca más.

miércoles, 29 de agosto de 2018

Si pudiera llamarte amor

Resultado de imagen de pareja ruptura tumblrLa cama hoy no soporta mi peso. Me hundo y no de cuerpo. Me hundo de alma. Mis mejillas esta vez no soportan las lágrimas, y por eso las abandonan al vacío. Y corren, y caen. Y llueve. Y se hace mar. Y es entonces cuando me doy cuenta de que mi lámpara ya no está encendida, porque se ha ido la luz. Y es entonces cuando me doy cuenta de que por esa ventana ya no entra la luz del sol, porque ya no estamos a diez de agosto. Porque todo aquello terminó. Las aves emigraron, las nubes colorearon de gris el cielo casi azul, el verano se despidió. Y de mí la primera. Me doy cuenta de que mi falda ya no baila con el viento, de que mis tacones se enmudecen al pisar las arenas movedizas que se esconden bajo mis pies. Me doy cuenta de que ya no tengo tus manos con las mías. Me doy cuenta de que ya no andas descalzo por el pasillo. De que ya no te dejas las patatas para lo último. De que ya no lloras cuando nadie puede verte. Me doy cuenta de que he dejado de conocer la parte de ti que estaba conmigo. Mi rímel se corre y deja en mis ojos un considerable rastro de pérdida y dolor, y bueno, lo único que no me abandona es el pintalabios, porque ya nadie me besa. Y duele. Ver llegar el otoño duele. No ver a nadie esperándote al final de la calle con un paraguas para ti en las manos, duele. Y no me duele mojarme. Me duele no tener a alguien que me quite la ropa mojada. Me duele no tener a nadie que me haga entrar en calor. Y puede haber calor en una sonrisa, puede haber calor en una mirada, pero yo sólo siento frío. Y joder, te echo de menos. Te echo de menos a morir. Si pudiera llamarte amor. Si tan sólo pudiera llamarte. Si pudiera recordar el tono de verde que tenían tus ojos, o quizás el matiz de marrón que los decoloraba. Si pudiera estar, aunque fuera sin ser. Aunque pudiera seguir siendo sin estar. Y qué duro es esto. Y qué jodido sería que... Qué jodido es no tenerte. Y percibo miles de rostros en la lejanía, y ninguno me es familiar. Y cientos de manos intentan atrapar mi cintura, pero yo no acepto bailar con nadie que no me traiga unos zapatos de cristal. Con nadie que no me mire como lo hacías tú. Con nadie que no me haga sentir un ápice de lo que es amar. Y al final acabo bailando sola. Sin zapatos de cristal, si bien, con cristales clavados en mi piel. Sin luz. Y no me pesa. Porque en mi mente estás aquí, y no me sueltas la mano. Y solo con eso, yo ya me considero feliz. Más de lo que sería con alguien a mi lado. Porque a fin de cuentas, tú solo eres uno, único e irremplazable. Y yo sólo soy una, enamorada y testaruda. Casi tanto como la estrella que nunca se apaga. Casi tanto como el tiempo que nunca se para. Y hoy acepto el dolor como transitorio. Pero créeme. Si pudiera llamarte amor, nunca más habría algo que me pudiera llegar a doler.