lunes, 8 de junio de 2020

50 cosas sobre mí

1. Estudio psicología pero me encanta la criminología también.
2. Amo a los bebés, pero no soporto a los niños.
3. Detesto la Navidad porque no tengo con quien celebrarla.
4. El plan que más me gusta es ir de fiesta.
5. Mi mayor estado de calma lo consigo leyendo un libro al atardecer en la playa.
6. Tengo ansiedad social.
7. Soy amante incondicional de Migue Benítez y todo el garrapaterismo.
8. Me encanta escribir poesía y prosa poética.
9. Tengo el carné de conducir desde hace dos años pero siempre me sigo poniendo nerviosa cada vez que tengo que coger el coche, no me gusta conducir.
10. Siento un irrefrenable amor hacia los animales que no puedo llegar a consumar porque no me dejan tener mascota.
11. Echo mucho de menos mi vida de antes y a todas las personas que tenía en ella.
12. Me encanta viajar y el coronavirus me ha jodido mis planes de ir a Sevilla, Ibiza y Albufeira.
13. Mi psicóloga dice que es la primera vez que conoce a alguien así.
14. Por estar siempre ayudando a los demás la gente se ha acostumbrado a utilizarme.
15. Siempre quiero hacer el bien y al final suelo hacerme daño a mí misma y a los demás.
16. Fumo porque me aburro y por matar los tiempos muertos y de ansiedad pero no tengo a penas abstinencia.
17. Tengo muchísima fuerza mental para superar las cosas malas aunque a veces me canse.
18. Odio enormemente que mi habitación todavía esté pintada de rosa.
19. Encajo con muy poquita gente pero cuando encajamos somos una bomba atómica.
20. Veo mi pasado regular, mi presente malo y mi futuro bueno.
21. Para mí lo más importante en la vida no es la familia ni el amor ni el dinero, es la amistad.
22. No puedo dormir con la puerta abierta.
23. No puedo leerme dos libros ni verme dos series a la vez.
24. Por Trece Razones en Netflix me hizo confirmar lo que yo ya sabía: la sociedad es una mierda y la gente solo va a lo suyo.
25. Siento que no encajo en este mundo.
26. Soy amante de la Ginebra rosa.
27. No puedo salir de mi casa sin pintarme los labios.
28. Tengo una extraña obsesión con tomar el sol.
29. Lo que peor se me da en esta vida y lo que menos me gusta es el deporte.
30. Me encanta demasiado la comida.
31. Estoy más ciega que Santa Lucía.
32. No uso lentillas porque no me hago a la idea de tener que llevar las uñas cortas.
33. Me agobio cuando paso demasiado tiempo en grupos grandes de personas que no conozco.
34. Necesito mi espacio personal y tiempo para mí a menudo.
35. O soy muy fría o soy muy cariñosa. No tengo punto medio.
36. No me acostumbro a llevar faldas.
37. Tampoco a llevar tacones.
38. Me gusta comer hielo picado.
39. Mi película favorita es De Padres a Hijas porque describe mi vida.
40. Llevo toda mi vida acostumbrada a ir de casa en casa formando parte de familias ajenas durante algunos meses mientras no tengo la mía propia. Triste pero maníaco.
41. Nunca me verás encendiendo un mechero con el dedo índice.
42. Nunca me verás con el pelo corto.
43. Me gusta callar y observar mientras a los demás les gusta hablar por hablar.
44. Siento dependencia emocional demasiado pronto con cada persona que entra en mi vida.
45. Tengo 2 casas y ninguna familia. Irónico.
46. Odio que la lluvia me salpique las gafas.
47. Me encantan las esponjas de bebés.
48. Adoro darme baños y hace siglos que no me doy uno.
49. Cuando me río de verdad suelo llorar.
50. Siempre voy a amar todo lo que tuve. A las personas también.

viernes, 29 de mayo de 2020

Tú y yo

No acierto a poder explicar qué sentí la última vez que estuve asomada al precipicio de tu boca, pero creo que vértigo sería la palabra que mejor se le asemejase. Y lo cierto es que cada vez que me asomaba, de tanto en tanto, esa pendiente se me iba haciendo más alta, como si ya apenas pudiera distinguir dónde quedaba el suelo. Como una escalera de caracol que se enreda sobre sí misma y puedes caer por el espacio que separa dos escalones, como una ola que siempre busca romperse pero al final nunca lo hace de una manera perfecta e inmediata, como el viento que choca contra un muro y aún así persiste en ir en la misma dirección. Así somos nosotros. Imperfectos, diacrónicos, impredecibles, persistentes, expectantes.
Me gusta pensar que el azar es nuestro mejor aliado, y que nos va cediendo carta a carta hasta que consigamos ganar la partida. Porque ya sabemos que las prisas no son buenas compañeras, de hecho varias veces nos ha dado tiempo hasta de dormirnos entre canciones, y despertarnos y no saber cómo ni por dónde retomar lo que estábamos haciendo antes. A veces, eso también me gusta.
No creo que dos mas dos siempre tengan que ser cuatro, a la vez que no creo que haya una manera perfecta de hacer las cosas. Tú siempre las has hecho como te han salido en el momento, en el lugar y desde el corazón. Y yo me he aferrado todo este tiempo a esa idea para poder comprendernos a los dos, porque una de dos, o yo ya era también así, o tú me has hecho serlo. Y no, tampoco me disgusta. Nos hace ser especiales, y nos hace serlo juntos, cada uno en su terreno.
Y así hemos estado todos estos años, jugando a balancearnos sobre la fina cuerda del límite, sin saber qué acabaría pasando y apostando a poder rozarnos las manos sin caernos al otro lado, y disfrutando de ello como dos niños en la nieve una tarde de invierno, como si no pasara nada, como si no fuese peligroso, haciendo de ello nuestro pequeño juego propio. Mientras tanto ha ido pasando el tiempo, y sigo viendo en tus ojos lo mismo que vi aquel día, un desafío que me tomaría mi tiempo completar. Y ya ves, a pesar de cada intento, aquí estamos tú y yo, todavía sin estar❤️

Roberto C

viernes, 8 de mayo de 2020

Reflexiones

Esta noche se me han derramado 5 lágrimas, una por cada ángel que tengo cuidando de mí desde el cielo.

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Qué guapo estabas cuando sonreías mientras bebías cerveza del botellín mirándome de reojo.

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Qué difícil está en esta vida conectar mentalmente con alguien.

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Noche 5. Tengo por costumbre cortar la flor. Tú, arrancarla.

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La vida es bonita. Los seres humanos somos una mierda.

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Sé que eres la persona, pero también sé que a nuestro momento le queda todavía mucho por llegar.

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Noche 6. Qué pena que cuando te vi pasar aquella noche no siguiera tus pasos de cerca. Probablemente me habrían llevado hasta la puerta azul marino de tu coche, y él a las estrellas azul cielo.

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Siempre me llamaste la atención, pero nunca me lo tomé demasiado en serio.

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Hay mucha gente increíble suelta por ahí.

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Noche 8. Te echo de menos. No, echo de menos lo que me hacías sentir. Pero no te lo voy a decir.

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El mundo se mueve por el dinero, no por el talento.

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Gracias a ti, pasé de buscar una aguja en un pajar a buscarla en una paca de heno.

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Si me hubieran dicho que ese iba a ser el último abrazo que te daría, te habría abrazado mucho más fuerte, te lo juro abuelo.

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Noche 9. Te amé tanto que hasta donde había un pequeño lago quise ver el mar.

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Hoy voy a colgar una cruz por cada persona que quiso irse de mi vida y voy a plantar una flor por cada persona que llegó para quedarse.

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Quién me devolviera a aquella noche de estrellas fugaces buscándose en un efímero cielo...

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Eres nueve meses mayor que yo. Te quise tanto que te esperé hasta para nacer.

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Noche 7. Eres como el algodón de azúcar una tarde de invierno, y yo como una niña pequeña que aún no ha merendado.

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Tenemos que entender que algunas personas son solo pasajeras y no está mal, forma parte de la vida. Lo que hay que hacer es aprovechar todo lo bueno que te dejaron al irse y ya está.

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Nunca he entendido bien en qué momento exacto se deja de querer a alguien. Pero sí he entendido que los recuerdos son algo que siempre vas a llevar contigo, y a ellos sí que los tienes que querer.

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Tras mucho tiempo sin entenderlo, tú me hiciste verle el sentido a eso de que si de verdad quieres a alguien la mayor prueba de amor es dejarlo ir, y aunque me duela muchísimo, te lo agradezco enormemente.

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Generalmente la gente joven de esta nueva sociedad es mala. Nos movemos por el egoísmo, la envidia y el rencor. Nos dejamos llevar por frases como "me han dicho que ese es tal" o "me han dicho que esa hizo tal". Nos fijamos en lo que las personas nos han hecho, pero no en los motivos que les llevaron a ello. Nos aprovechamos de las oportunidades sin importarnos los sentimientos de los demás, utilizamos a las personas para nuestro propio beneficio y luego nos reímos de ellas a sus espaldas. Nos guiamos por las críticas y los estereotipos y nos arriesgamos muy poco a conocer a las personas de verdad, más allá de la imagen que den o de la etiqueta que les hayan puesto. Qué lástima.

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El día que falte en este mundo quiero que la gente me recuerde como la chica que escribía poesía, que contaba cuentos y verdades, que arañaba el papel con la punta del bolígrafo, escribiendo historias sin final. Quiero que me recuerden como la niña de las cartas, de las notas anónimas, y de los textos en Instagram. Porque yo no necesito tener ni un motivo ni una excusa para escribir, ni para escribirle a alguien. Y eso es lo mejor que he podido tener en mi vida y que he podido regalarle a los demás.

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La verdad es que el día que me muera no me pesará nada. He conocido la amistad, he conocido el amor, he descubierto cuál es mi vocación y he vivido de ella (no hablo de dinero, sino de algo mucho más importante), he sabido qué se siente al llorar entre unos brazos que te consuelan y he conocido la sensación de reír hasta tal punto de ahogarme entre lágrimas. ¿Qué más puedo pedirle a la vida?

martes, 21 de abril de 2020

Aunque sea sin querer

A veces me pregunto por qué cuando echamos de menos a alguien es cuando más nos da por leer citas o ver películas tristes, como si eso nos fuera a devolver a la persona que hemos perdido o tan siquiera evaporar el daño que nos causó. Aunque ya sabemos lo que dicen, que si alguien te duele, es porque una vez te hizo reír más que llorar. No lo sé, quizás hoy me haya conseguido dar cuenta de que no habrá jamás ningún Best Seller ni Óscar que pueda borrar la cicatriz que grabaste a fuego en cada resquicio de mi piel.

Cuando estamos tristes pensamos más de la cuenta, tratamos de buscar incansablemente una razón para que las cosas finalmente hayan quedado así. Lamentablemente pocas veces logramos encontrarla y con el tiempo simplemente tratamos de hacernos a la idea. No sé, a ratos creo que después de haberte visto en mi mente doblar cien veces la esquina de aquella calle por la que te vi marchar la última vez, y subirte a aquel autobús cuyo destino jamás fue mi lado, conseguiré asumir de una vez que tu camino jamás va a ser el mío, pero siempre acabo repitiendo esa escena en mi mente una vez más, como si alguna vez pudiera llegar a visualizar cómo te dieras la vuelta y me dedicaras una cómplice sonrisa que aguardara mil momentos más en tu compañía. Quizás eso nunca llegue a pasar. Quizás me queden mil noches más sustentadas en tu recuerdo, sostenido en la última nota de aquella pieza de piano que jamás quise dejar de escuchar.

Pero ¿Y si pudiera llegar a pasar? Somos un gran conjunto de posibilidades que danzan al azar en un mismo espacio, cambiando de posición cada x tiempo. ¿Quién sabe si alguna vez estuviste a tres calles de conocer al amor de tu vida, o a cuatro centímetros de dar tu primer beso? Todo ha podido y puede pasar. Tendré miedo de que algún día las estrellas se alineen en el cielo y tus pasos coincidan con los de un nuevo amor, pero siempre viviré aferrada al "¿Y por qué no?".

¿Sabes? Al final lo que siempre nos va a quedar es el recuerdo de las pequeñas cosas. Yo quise inmortalizar todos esos recuerdos, como si se pudiera encerrar en un cuadro o en una carta toda una historia de vida, pero no, las cosas importantes viven en la memoria del corazón. Y sé que en tu nueva ciudad estás viendo luces que antes no conocías, pero quizás algún día encuentres en alguna de ellas aquella mirada que nos iluminó, justo antes de desvanecerse por completo en tu olvido.

Y mientras las posibilidades van jugando su papel y te enamores de alguien (o quizás no), solo espero que alguna vez al mirar esa carta, ese cuadro o aquella luz tú también te acuerdes, aunque sea fugazmente y sin querer, de mí y de la infinita variedad de probabilidades que nos juega la vida.

Loes

Un último verano

Por las noches, a veces creo recordar vagamente el tacto de tu piel contra la mía, y me duermo pensando que aún estás aquí, acariciando mis cicatrices. Pero por la mañana una leve ráfaga de aire frío me despierta, y es entonces cuando me doy cuenta de que por esa ventana ya no entra la luz del sol, porque ya no estamos a diez de agosto, porque todo aquello terminó; el verano se despidió, y de mí la primera.

Me doy cuenta de que mi falda ya no baila con el viento, de que mis tacones se enmudecen al pisar las arenas movedizas que se esconden bajo mis pies. Me doy cuenta de que ya no tengo tus manos con las mías, de que ya no andas descalzo por el pasillo, de que ya no te dejas las patatas para lo último, de que ya no lloras por el final de tu serie favorita cuando nadie puede verte (pero yo sí). Me doy cuenta de que ya no se escuchan tus pasos por la casa cuando tenías prisa y parecía que nunca ibas a poder llegar a la puerta sin darme antes el beso de buenos días. Me doy cuenta de que ahora hasta el sofá me parece más grande, y me han sobrado un par de panes de hamburguesa que jamás llegaré a tirar. Tengo varias películas sin estrenar, y cuatro o cinco velas que ya no sé para quién encender.

Te has ido, y aun dejando aquí tu recuerdo imborrable, me he dado cuenta de que poco a poco he ido dejando de conocer la parte de ti que estaba conmigo, y también la que les mostrabas a los demás. Y, bueno, lo único que no me abandona es el pintalabios, porque ya nadie me besa. Y duele. Ver llegar el otoño duele, no ver a nadie esperándote al final de la calle con un paraguas para ti en las manos, duele. Y no me duele mojarme, me duele no tener a alguien (y más que en este caso ese alguien seas tú) que me quite la ropa mojada, me duele no tener a nadie que me haga entrar en calor. Y puede haber calor en una sonrisa, puede haber calor en una mirada, pero yo sólo siento frío. Y joder, te echo de menos. Qué jodido sería que... Qué jodido es no tenerte.

Pasará este otoño, pasará este invierno, pasará la próxima primavera y vendrá otro verano, visitaré mil lugares y me enamoraré de cien personas más. Y quizás algún día te vea por la calle, pero no creo que te reconozca, porque serás otra persona, dentro de otra historia, y aunque compartiéramos el mismo lugar en ese mismo momento, estaríamos muy distantes de parecernos a aquel amor. Pero aun así, creo firmemente que después de vivir aquel último verano contigo, ningún otro me dará tanto calor sin necesidad de abrigo. 

Loes

miércoles, 15 de enero de 2020

Reflexiones

Está demostrado que escribir es la mejor terapia que existe.

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Todo el mundo necesita a alguien.

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Ojalá un día te recuerde y no me duelas.

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Lo bueno de ser escritor e inventarte historias es que puedes ser quien te de la gana ser.

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Las mejores cosas pasan cuando no te das cuenta

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Eres mi calma entre tanta tormenta. Gracias.

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¿Es justo que a veces nos tengamos que sentir culpables por querer a alguien?

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No son las cosas, son los sentimientos que las cosas nos producen.

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Te puedes estar perdiendo muchísimas cosas por no arriesgarte.

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Es muy fácil mostrar interés, mucho más fácil de lo que parece.

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Si algo he aprendido este año es que no puedes dejar que tu felicidad dependa de otra persona.

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Ojalá y encontrar a alguien real.

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Me dijeron una vez que una persona que no sabe lo que quiere siempre acabará perdiendo lo que quiere. Y ahora entiendo muchas cosas.

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Estoy cansada de ser fuerte. Quiero ser feliz.

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El problema que tiene la sociedad de hoy en día es que hay demasiados niños metidos en cuerpos de adultos.

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No nos podemos hacer una idea de la gran cantidad de cosas que nos estamos perdiendo por simple miedo a lanzarnos.

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Al fin he comprendido que si me abandonas y estoy triste siempre me quedarán los versos de Elvira Sastre y los brazos de mi madre.

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Nos pasamos la vida yendo detrás del que nos ignora e ignorando a quien está ahí para nosotros. Y así nos luce el pelo.

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Recuerda que mientras estés vivo te pase lo que te pase no es el fin del mundo.

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Lo siento por ser tan antisocial, pero es que no soporto a la sociedad de hoy en día.

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Se van muchos más que los que vienen.

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Qué pena que con todo lo que fuimos hayamos acabado así.

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Nos pasamos la vida preocupándonos por cosas sin importancia mientras lo importante se nos pasa por delante de las narices sin darnos cuenta.

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Ya estoy acostumbrada a ser la última de la fila. La que más pida perdón y a la que menos perdonen. La que más demuestre y a la que menos demuestren. La que más sienta y la que menos haga sentir. Ya me acostumbré a ser la oveja negra en un mundo donde todo lo tiñen de blanco.

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Estoy cansada de echar de menos a personas que ni siquiera se acuerdan de que existo. Estoy cansada de cargar con el peso de los recuerdos. De pedir perdón por todo lo que hago. De dar las gracias continuamente. Todo por miedo a que me abandonen. Quiero vivir en paz y ser yo.

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La otra noche me pediste la mano y te dije que sí, me dijiste que a la mañana siguiente irías a comprarme el anillo. Estábamos borrachos y al final nos despertamos a las dos de la tarde, pero para mí fue lo más especial que me ha pasado en mucho tiempo.

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Quédate donde seas feliz, quédate con quien te haga sentir especial. La vida es corta y no sabemos si vamos a estar aquí mañana. Si algo te divierte, si alguien te hace sentir bien, olvida los miedos y disfruta.

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¿Os habéis dado cuenta de que el dinero sirve para comprar cosas materiales; comida, libros, ropa...? Todo lo material que te haga falta si tienes dinero puedes comprarlo. Pero ¿Cómo se compra el amor, la amistad, el respeto, la suerte, los momentos...? ¿Cómo se compra hacer amigos nuevos o pasar una tarde con una persona a la que hace mucho tiempo que no ves? ¿Qué haces, por ejemplo, cuando tienes el corazón roto? ¿Cómo te compras uno nuevo? Ahí está la diferencia.

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¿Por qué soy borde? Porque cuando eres borde no dejas que nada te afecte y no sufres. Porque cada vez que he abierto mi corazón me lo han roto. Porque cuanto más amable, cariñosa y generosa he sido más se han aprovechado de mí y más daño me han hecho. Por eso prefiero ser una persona distante y fría, puedo gustar menos, pero me mantengo a salvo.

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Nos merecemos a alguien que se quede con nosotros por Navidad. Nos merecemos a alguien que nos quiera para siempre. Que nos demuestre las cosas, que se esfuerce por hacernos felices. Nos merecemos a alguien que nos haga volar con los pies en el suelo, nos merecemos un abrazo sincero cada noche y un beso para empezar el día. Nos merecemos saber que hay alguien que es feliz cuando nos ve sonreír, y que está dispuesto a recomponernos cuando nos hagamos pedazos. Todos nos merecemos tener un amor de verdad en nuestra vida.

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Te das cuenta de que alguien ya no es solo un simple capricho en tu vida cuando las cosas te empiezan a importar. Cuando ya no te da igual que las cosas se jodan, cuando buscas otras vías de escape pero al final a ninguna la puedes etiquetar de verdadera felicidad. Te das cuenta cuando ya no te preocupas solo de reírte con esa persona en el momento de estar juntos, sino también de que no lo pase mal cuando no estás ahí para ver cómo está. Te das cuenta cuando antes mandabas mensajes cuando tenías tiempo libre y de repente te ves buscando los momentos para poder hablar. Cuando al haber problemas, se apodera de ti un irrefrenable miedo de perderle. Y creo que es más justamente en esta última parte cuando más cuenta te das de ello. Pero también cuando entiendes que por ella tendrías fuerzas para luchar. También cuando la ves y sonríes. También cuando la besas y sientes. También en los pequeños detalles nos podemos encontrar con algo tan grande como el amor. Y da miedo, mucho miedo, pero creo que merece más la pena vivir amando con miedo que vivir tranquilo y sin amor. No, no creo que nos debamos sentir culpables por querer a alguien.

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Algún día entenderás que la vida no es orgullo, no es ambición, no es tratar de quedar siempre por encima del otro y hacerle la cruz a quien no sigue tus mismas ideas o te falla alguna vez. La vida es respeto, es perdón, es tratar de buscar siempre la paz mental y no declararle la guerra al primero y todo aquel que lanza una ráfaga de viento contra tus cimientos, aunque sea sin querer. La vida es mucho más que desafiar y rebatir, es mucho más que quedar de digno y tratar de ser fuerte en un mundo donde al débil se le mira por encima del hombro. La vida es comprensión, ayuda, equivocarse y rectificar. La vida es amor. No debería ser venganza ni rencor. La vida es felicidad, para quien sepa serle fiel a sí mismo y a los demás, y ver más allá de lo que los ojos, a veces ciegos, nos permiten. La vida es mucho más de lo que se ve en la calle y muy parecida a lo que habita en el fondo de tu corazón. No de tu cabeza. Paz y amor.

jueves, 28 de noviembre de 2019

Una pequeña parte de mi mundo

He visto el horizonte, aquel punto donde se besan el cielo y el mar. He visto a las estrellas brillar sobre el telón dorado del atardecer y he visto a la luna cantarles a las dunas de los desiertos. Y ha sido precioso. Pero verte sonreír y ser feliz no tiene precio.

*

Perdone usted pero me estoy mordiendo las ansias de volver a tenerle frente a mí para hacer puenting desde el iceberg que pende de su mirada y también estoy ardiendo en el deseo irrefrenable de ahogarme en el río de su boca.

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Silencios.
Verdades a medias.
Secretos.
Mentiras disfrazadas.
Verdades que no queremos aceptar.
Cosas que no decimos.
Cosas que nos callamos.
Culpabilidad interna.
Tristeza agazapada entre los renglones del alma.
Sonrisas duchenne.
Sonrisas forzadas.
Miradas camufladas.
Abrazos al aire.
Traiciones a las espaldas.

miércoles, 27 de noviembre de 2019

El acorde de tu querer

Abundas de luz los rincones oscuros
donde habitan los pájaros ebrios de soledad.
Sobrevuelas castillos de arena
en submundos donde no existe ni siquiera el mar.
Alegras con tu voz cada nota de mi piel,
que en el vacío de tu música,
apenas logra descifrar el acorde de tu querer.
Vivo enamorada de las cuerdas de tu guitarra
que se enredan en los tonos de tu voz.
No sabes cuán bonito cantas,
no sabes cuán bonito te escucho yo.

martes, 26 de noviembre de 2019

En otro momento

Ojalá te hubiera conocido en otro momento. En uno en el que pudiera decirte que fuiste la primera flor al llegar mi primavera. En uno en el que pudiera decirte que jamás me cansé de sentarme en el banco donde jugábamos al policía y al ladrón, esperando con ansia poder pillarte con las manos en la masa, mirándome como nadie más sabe hacerlo ni jamás supiera. Me habría gustado conocerte en un momento en el que nada me hubiese impedido correr cada noche a la puerta de tu casa para leerte un par de poemas de los míos, en un momento en el que me hubieses librado de los brazos del frío. Me habría gustado conocerte en un momento en el que no me hubiese importado decirte lo que siempre me he callado, que sí, que subiría a la cima de los árboles para ver bien tus miedos y poder curarlos, que tienes en los labios una medicina que cura todos mis espantos. Que en tu barquito de vela yo hubiera naufragado, y que me hubiera dormido otra vez si hubieses sido un sueño del que me hubieran despertado.

Pero eso ya no importa, porque en otro momento, tú, lejos de quererme, ya me habrás olvidado.

sábado, 23 de noviembre de 2019

Razones por las que no debes ser tú

¿Y qué puedo decir de él?
Si con sus manos hacía castillos
cuando tocaba la arena de mi corazón.

¿Qué voy a perder?
Por decir que en sus ojos habitaba tal brillo
que cegaba a cualquier polizón.

¿A quién voy a engañar?
Si mis risas chocan contra el cristal
y este me devuelve el eco de las lágrimas que algún día le lloré.

¿A quién debo rogar?
Sí ya llevo tiempo habitando en el mar
y todavía no he visto a ninguna ola romper.

¿Qué más puedo esperar?
De una persona que quiso ser estrella
y perdió la quinta punta.

¿Que más puede abarcar?
Un sentimiento que vive de centinela
y de esperar no se cansa nunca.

¿Qué más puede pasar?
Sí toda bola de dragón vive del fuego
y yo en él me he vuelto a quemar.

¿Qué más puedo añorar?
si poco a poco se abre camino el invierno
y yo no quiero volver a empezar.

¿Hasta dónde voy a llegar?
Robándole segundos al tiempo
y versos a las poesías.

¿A dónde quiero llegar?
Si de sobra ya sé que tu amor sincero
solo fue una falacia muy bien resumida.

¿Y por qué no puedes ser tú?
Que si te asomas a la ventana
a lo lejos puedes ver Madrid brillar.

¿Por qué no puedes ser tú?
Ah, sí, porque todos los rascacielos engañan,
pero desde los bancos de Madrid no se puede ver el mar.


martes, 12 de noviembre de 2019

Reflexiones

No lo tengas tan seguro. Hoy se me cae el mundo sin ti, pero mañana podría crear yo uno propio en el que no tengas cabida.

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Lo más bonito que hay en esta vida tiene alas y se llama libertad.

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Debemos entender que no podemos responsabilizarnos, ni mucho menos culparnos, de cada cosa que ocurre a nuestro alrededor.

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Unos vienen y otros se van, y ya es hora de que aprendamos a vivir con ello y nos quedemos con quien se queda con nosotros.

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Nadie tiene derecho a robarte tus recuerdos.

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Si tienes que hacer esfuerzos por cambiar algunas cosas, quizá no merezca la pena, tanto como tú pensabas.

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Un buen escritor jamás destruye su obra.

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Tienes unos ojos tan preciosos que me quedaría a vivir en ellos mil inviernos.

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La vida tiene sus fases y hay que saber vivirlas o este mundo se irá a la mierda.

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A veces no es blanco o negro, a veces también puede ser gris.

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Ojalá alguna mañana cuando abras los ojos al despertar veas de una vez la puta realidad y no el mundo de fantasía que te rodea.

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Porque ya he visto cómo es el mundo sin ti, y no me gustó nada.

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La vida es como un juego de cartas, suerte que yo todavía conservo los comodines sobre la mesa y los ases bajo la manga.

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Hay gente que simplemente no sabe querer, y no son culpables de ello.

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Es una verdadera lástima que no podamos elegir nuestros sentimientos para dárselos a quienes realmente lo merecen.

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Quien te quiere te espera y quien se quiere se aleja. No nos engañemos más.

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Que no te lo diga no significa que no lo sufra.

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No sé qué es más jodido si amar y no ser correspondido o que te amen y no puedas corresponder.

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Me gusta (mucho) la gente que dice lo que piensa y lo que siente sin ningún tipo de cohibición o miedo.

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Mi pregunta es: ¿Cómo se olvida a alguien de la noche a la mañana?

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No hay nada más peligroso que una mujer herida.

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Pues yo siempre seguiré escribiendo poesía. Para los que se enamoran y para los que no.

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 Ojalá algún día todo el mundo pudiera ver lo bonita que es la vida si la miras así.

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No me queda más satisfacción en esta vida que el saber que he podido conocer la verdadera felicidad.

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¿Para qué preocuparme porque ahora esté pasando por un mal momento si todavía me quedan por pasar miles mejores? ¿Para qué ponerme triste porque una persona se vaya de mi vida si aún quedan por llegar muchas más?

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Me gusta la gente sencilla, aquella que si te quiere te lo dice, que si se equivoca se disculpa y que si se molesta te perdona. Trato de evitar a las personas complicadas, aquellas a las que les tienes que estar demostrando continuamente que te importan para que te tengan en cuenta, aquellas que creen que la culpa siempre es de otro y aquellas que siempre imponen su orgullo y testarudez a todo tipo de cariño. Lo siento, no me va ese royo. La vida es demasiado bonita siendo así de simple para que la tengamos que complicar nosotros.

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No me gusta la gente rebuscada, complicada y estereotipada. Me gusta la gente pura. La que si es seria es seria y punto. La que si es solitaria lo es y punto. La que no cambia su forma de ser por agradar al resto. Me gusta la gente simple. La que pide las cosas por favor y da las gracias cuando se las dan. La que pide perdón cuando se equivoca. La que perdona cuando le fallan. Me gusta la gente real. La que tiene sentimientos encontrados por cada esquina y la que tiene un sueño por el que luchar cada día.

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Lo que pasa hoy en día es que la gente real asusta. Asusta el que te digan las verdades a la cara, sobre todo cuando son malas. Es más cómodo toparte con alguien que te diga "qué bien está todo contigo y qué genial nos lo pasamos juntos" que encontraros con alguien que si ve algo que no le gusta de ti te lo diga claramente. Por eso la gente falsa cae tan bien y la gente real siempre es despreciada y rechazada.

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Hay gente a la que le gusta el deporte, gente a la que le gusta el cine, gente que se dedica a la música, hay otros que tienen un don para las artes marciales, otros prefieren la cocina, y algunos, el teatro. A mí me gusta escribir, ¿Y qué vamos a hacerle?

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Niños insultándose y amenazándose unos a otros. Adolescentes violando y pegando palizas. Adultos robando y matando. Mentiras constantes. Traiciones sin remordimientos. Egocentrismo y violencia por todos lados. Nos atrevemos a disfrutar de odiar y nos tiemblan las piernas cuando creemos que amamos. Señores, puedo estar completamente segura de que el mundo se va a la mierda por momentos.

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Tengo una teoría que es: hay más hombres malos que mujeres malas, pero cuando las mujeres quieren, pueden ser mucho más malas que los hombres. Y puedo confirmarla.

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Él le dijo esperanzado: "¿Quién sabe? Quizá pronto conozcas al amor de tu vida". Y ella le dijo, segura de sí misma y arrastrando una imborrable huella de convicción; "Yo ya conocí al amor de mi vida, y amores de esa clase nunca hay dos, ni siquiera para quien lo ha perdido".

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Me mata ser siempre la que se queda con el sentimiento clavado como una espina en el alma. Quisiera aprender de los demás para poder sobrevivir en un mundo de gente con piedras tomadas por corazón y memorias con Alzheimer por adelantado.

jueves, 31 de octubre de 2019

La flor de la vida

Tengo sólo 20 años. Y me da pánico el paso del tiempo. Ese mismo que arrastra tormentas, primaveras y campos de flores. Ese mismo que se va llevando abuelos, padres y sueños a medio cumplir. El que borra cada huella que las historias van dejando sutilmente. Me da miedo pensar que jamás volveré a ser una niña, que ya nunca más volveré a saborear la dulzura de la inocencia, que nunca más lo veré todo de forma transparente, que no pasaré a pies puntillas por el mundo sin que nadie me llame la atención. Me da lástima pensar que nunca más volveré a sentir la ilusión de los Reyes Magos, que ya no volaré tan alto cuando me monte en un columpio, ni tendré cuidado con dónde pisar cuando las losas del suelo estén separadas por rayas. Me da miedo pensar que nunca habrá dos días iguales, ni una cena más larga. Me da miedo pensar que nadie nace dos veces, igual que no habrá dos inviernos igual de fríos. Me da miedo pensar que cada sonrisa siempre será diferente. Que nunca vamos a encontrar dos veces a la misma persona ni siquiera en la misma persona. Que todo principio irremediablemente tendrá su final, por mucho que lo queramos retrasar. Que siempre nos faltará tiempo para decirle a alguien cuánto lo queremos, que nunca nos sobrará tiempo para hacer lo que de verdad queremos. Me da muchísimo miedo pensar que ninguna brisa de aire entrará por tu ventana dos veces, ni verás al mismo pájaro volar una vez haya emigrado. Me da pánico pensar que las cosas ocurren una sola vez en la vida, y que vida solo hay una. No quiero hacerme mayor, jamás. No quiero dejar de ser joven. Y no por las arrugas o las canas. No quiero hacerme mayor porque no quiero dejar de vivir. No quiero dejar de encontrarme a gente increíble por el camino. No quiero que el destino deje de sorprenderme con historias emocionantes a la vuelta de la esquina un sábado por la noche. No quiero dejar de llamar a mi amiga para irnos de fiesta. Me aterra pensar que un día al salir de trabajar me va a apetecer más quedarme en casa viendo una película, y que llegado un día seguirá siendo así durante el resto de mi vida. Me cuesta un mundo sentar la cabeza. No quiero hacerme esclava de la rutina. Me echo a temblar de pensar que un día ya no conoceré ninguna historia de amor más, que no volveré a probar otros labios, que no me quedaré dormida entre otros brazos. No quiero atarme a nadie. Quiero ser un alma libre toda mi vida. No quiero dejar de viajar. No quiero dejar de conocer mundo. No me quiero estancar en mi oficina o en el sofá de mi casa. No quiero pasarme las mañanas llevando a los niños al colegio. No quiero cambiar la ginebra a las tres de la mañana por el café de media tarde. No quiero dedicarme a mi familia, todavía no. Quiero dedicarme a vivir. A pasarme la semana contando los días para que llegue el fin de semana. A esperar con ansias la próxima oportunidad de lanzarme a la calle a vivir aventuras. A decirle a mi amiga lo guapa que está con su vestido nuevo y lucirlo en las fiestas del pueblo. A darle dos besos al chico que está pensando besarme los labios. A llevar a mi madre de compras y jugar a que nunca va a envejecer, a imaginar que siempre estará a mi lado. No quiero serle fiel a la cordura, quiero arriesgar, quiero apostar, quiero intentar, y tener el suficiente tiempo para poder ganar. Porque siento un terror horrible cuando pienso por primera vez que puede ser la última de algo, o que se me está acabando el tiempo para hacer algo. Porque no quiero que esto se acabe jamás. Porque quiero que siempre haya un día más para poder brillar, una noche más para poder bailar, y que nunca se me queden pequeños los tacones. Sé que es imposible, y aunque yo alguna vez me haga mayor, espero que mi alma siempre siga siendo joven, y que en ella jamás se marchite la flor de mi vida.