La vida es como un juego de cartas, suerte que yo todavía conservo los comodines sobre la mesa y los ases bajo la manga.
viernes, 14 de abril de 2023
Dylan
Necesidad de vivir
martes, 11 de abril de 2023
Recuerdos sólidos
¿Alguna vez te han hablado de los recuerdos sólidos? Son esos recuerdos que se te clavan como daga en el corazón, y nunca puedes sacarla. Esos recuerdos que se aferran a ti como gota de cianuro en la garganta, pero que, sin embargo, nunca puedes terminar de tragar para que se acaben. Son esos recuerdos que te van a acompañar toda la vida, porque un día fueron los momentos más felices, para acabar siendo los recuerdos más dolorosos. Y resulta que yo tengo grabado a fuego el recuerdo de tus pupilas brillantes, de tus manos suaves, hasta de tu manera de tomar el café. Yo tendré siempre el recuerdo de aquella estación de tren un martes 13 a las siete de la tarde, la maleta a medio hacer y un taxi esperando a un cliente que nunca llegó. Yo viviré siempre en el recuerdo del portal 13 a medio abrir, o a medio cerrar, según quién lo mirase, tras el que nos dimos el último beso sin ni siquiera saberlo. Qué fijación tuvimos siempre con el número 13, a lo mejor por eso es mi número favorito. Pero lo peor de todo, es que no contenta con tener recuerdos sólidos sobre ti, también, de vez en cuando, juego a vivir de recuerdos que me imagino sobre nosotros. Sí, a veces nos recuerdo en el día de nuestra boda, o en el que vimos por primera vez la cara de nuestro hijo. Tengo mil y un recuerdos sobre nosotros, que todavía no han sucedido. No sé para qué los tengo, supongo que me va el rollo masoquista, lo que sí sé es que me hacen echarte muchísimo más de menos, y entonces recuerdo aquello de que no es posible echar de menos lo que nunca ha ocurrido, y sonrío sólo un poco, muy disimuladamente.
jueves, 6 de abril de 2023
Al chico de los gorros
Al chico de los gorros, que apareciste en mi vida como ellos, pintándola cada día de un color diferente, invadiéndome con tu risa, como una onda expansiva que me calaba hasta los huesos. No tardé mucho tiempo en darme cuenta de que te quería. Lo cierto es que lo supe al instante. Fue como una tarde nublada de otoño en la que sales a la calle y de repente sientes una gota caer del cielo, y sabes que es el preludio de la inminente lluvia que no vas a poder parar. Y en cuestión de pocos segundos estás completamente mojado, y por mucho que corres y buscas no encuentras un solo portal abierto. Así fue lo que me pasó contigo, y no he podido agradecer más que ese día se me olvidara coger el paraguas. ¿Sabes? Ya me pilló la lluvia otras veces antes, pero no sé qué pasaba que las gotas se resbalaban en los poros de mi piel, es como si llevara puesto un impermeable invisible, uno que no me podía quitar. No sé qué clase de pacto harías con el diablo para arreglar esa cremallera y quitármelo, pero gracias, porque me había olvidado ya de que a veces la lluvia es bonita, y sentirla te hace sentir vivo, exactamente como me hiciste sentir tú a mí aquella tarde. Llevaba un tiempo muerta en vida, el mismo tiempo desde que alguien rompió mi corazón, y nunca confié en poder despertar de ese letargo, de hecho nadie supo nunca cómo hacerlo, por más que lo intentó. Hasta que apareciste tú, tú con esos gorros. Me pareciste lo más bonito que había visto jamás. Y hiciste lo más bonito que han hecho nunca en mí. Y ahora que han pasado dos años de aquello, u ocho meses, según se mire, solo puedo decirte que ojalá te siga encontrando en todas las tardes de otoño de mi vida, porque significará que algo estoy haciendo bien, porque significará que eras la última pieza que faltaba en el puzzle de mi felicidad, y mira por dónde resultó ser la más bonita de todas. Te lo he dicho y diré cien mil millones de veces; eres sencillamente increíble, alguien que viene de fuera de este planeta, vete a saber tú de qué tipo de galaxia. Los demás quizá no lo saben, pero yo sí, y empiezo a pensar que con eso basta; con que lo sepa yo.
Al chico de los gorros, eres lo que más he querido en toda mi vida desde que sanaste mi corazón.
Te quiero Haris❤
Diario 1
domingo, 2 de abril de 2023
Supongo que tendré que acostumbrarme a que ya nunca volverás
Supongo que tendré que acostumbrarme a que ya nunca volverás. Supongo que me toca, de una vez, asimilar que hace mucho tiempo que pasaste página. Una vez escribí que para olvidar a alguien lo primero era querer hacerlo, y he faltado durante años a mi propia palabra.
Típico de los escritores.
Supongo que tendré que lidiar con eso de verte en cien rostros diferentes, y que ninguno es tuyo, cuando salgo a la calle, y con los sueños y pesadillas por las noches, en los que vuelves, y en las que vuelves a irte. Supongo que tendré que aprender a mirarte de soslayo las pocas veces que aún sigamos encontrándonos, como si fuese verdad eso de que fuiste, pero ya no eres alguien para mí. Supongo que tendré que aprender de ti, después de todo has demostrado ser muchísimo más inteligente que yo en esto.
Típico de los hombres.
Tendré que aprender a pasar por esa esquina sin que tus labios vuelvan amenazantes a mi memoria, y a no sobresaltarme cuando escucho pasos detrás de mí cuando voy andando sola por la calle, como si alguna vez me tocara a mí ser una de esas protagonistas de películas a las que siguen y paran para darles un beso y todo vuelve mágicamente a empezar de cero en un mundo tan idílico como irreal. Supongo que me tendré que olvidar de ese maldito lunar que da vueltas sin parar una y otra vez en mi cabeza, y saber encontrar el freno justo a tiempo en esta inmensa cuesta abajo. A veces de verdad pienso que nunca voy a terminar de chocar. Pero ¿Sabes qué es lo peor de todo? Que los escritores estamos condenados a no olvidar, nunca, porque nos alimentamos de los recuerdos para escribir, y jamás podré ir en contra de mi propia naturaleza. Una vez un amigo me preguntó por ti, y yo le respondí que siempre llevaría la condena de quererte. Ojalá fuese yo la que está delante del libro, leyendo, y no la que está detrás, escribiéndolo. Agradece tu papel, a veces el mío es justamente eso, una condena a la que no podré renunciar jamás.
Igual que a ti.
martes, 28 de marzo de 2023
¿Y qué quieres que te diga? Si sigues siendo el amor de mi vida
¿Y qué quieres que te diga? Si aún escucho tu risa al final del pasillo, como un niño que corre eufórico cuando le persigue su madre para castigarle, pero que lo único que realmente le esperaba al llegar a la puerta era mi beso de buenas noches y la víspera de los buenos días. ¿Qué quieres que te diga? Si todavía me despierto en mitad de la madrugada y puedo ver tu mirada buscando la mía, y eso que duermo a oscuras. ¿Qué quieres que te diga? Si aún me acuerdo de tu nombre a voces, y de ese tal vez que condenamos cruelmente a que no lo fuera nunca. ¿Qué quieres que te diga, mi amor? Si he contado las veces que así te llamaría y no hay números hasta el infinito, si paso por tu casa y te veo justo ahí, en mi recuerdo, siendo lo que un día fuimos. Dime qué coño quieres que te diga la próxima vez que tus labios se enreden en los míos con la excusa infalible de que nunca sabrán encontrar el camino. Qué fijación para elegir el lugar donde perderte. Qué quieres que te diga, si fijé mi calendario en el viernes, solo porque tú venías. Qué quieres que te diga, joder, si por más tiempo que pase, por más veces que llueva, nunca será el necesario para olvidarte, ni para ahogarme en otras mareas. No sé qué coño decirte, cada vez que pasas por mi lado y siento que nunca lo harás lo suficientemente cerca. Dime qué me dirías, si supieras que hay mundo detrás del vacío, vida en otros planetas. Dime qué me dirías, si supieras que podemos ir juntos de la mano a cualquiera sin billete de vuelta. Yo creo que lo sé, que conmigo te irías. Pero mientras eso no ocurre, dime ¿Qué quieres que te diga? Si todavía eres y seguirás siendo siempre el amor de mi vida.
martes, 14 de marzo de 2023
Vivir con ansiedad
lunes, 13 de marzo de 2023
Dime qué se siente
Dime qué se siente al saber que nadie volverá a escribirte como si el bolígrafo acariciara terciopelo y no papel.
Dime qué sientes cuando besas otras bocas y no encajas en sus labios.
Cuando rozas otras pieles y se te duermen las manos
en
el
intento.
Cuando miras hacia el lado y ves en otros lo que un día tuviste conmigo, y de repente empieza a llover por dentro.
O cuando giras otra vez en esa esquina y te vuelve a abofetear el mismo recuerdo martilleante, una y otra vez, incesante.
Dime qué sentiste la última vez que me miraste a los ojos y ya no te viste reflejado en ellos.
Dime qué has sentido cuando te han hablado del amor e irremediablemente he vuelto a aparecer en tu cabeza como un fantasma del pasado que jamás dejará de atormentarte.
Dime qué sientes cuando me ves y te tiembla la mente. Cuando imaginas que todavía puedes venir corriendo a darme un beso, pero cuando te fijas en que voy de la mano de otro recuerdas el presente y te quedas estancado en el suelo.
Dime ¿Qué se siente ahora que tienes lo que siempre quisiste, tu libertad? Porque te aseguro que al irte tú, me devolviste la mía, pero de la tuya, sin embargo, lo único que puedo decir es que ahora para ti es más cárcel que nunca.
Las ironías de la vida
viernes, 10 de marzo de 2023
Mundo injusto, vida bonita
Me gustaría decir que me crié en un mundo bonito y justo. Me gustaría decir que viví y vivo en un mundo bueno. Que es verdad eso del Karma, o los experimentos sociales en los que alguien recoge del suelo la cartera de alguien y se la devuelve. Me gustaría poder decir que es cierto que los amigos siempre se quedan, y que el amor, cuando es verdadero, es para toda la vida. Me gustaría pensar que es cierto eso de que es el mismo amor el que siempre mueve el mundo. Pero no, nada de eso es verdad. En este mundo puedes ser un hijo de puta toda tu vida mientras la misma te trata como un rey, y viceversa. Generalmente lo que encuentras te lo quedas, y ni siquiera reconoces que alguna vez se perdió. Aquí al final acabas perdiendo hasta esos amigos que contabas con los dedos de una mano, y normalmente se enamora de ti alguien completamente diferente a de quien tú lo estás. Este mundo se mueve por el dinero, da igual cuánto lo quieras, o el talento que tengas, si no tienes dinero para pagarlo no lo puedes tener. Todos valoran lo que tienen los demás pero nadie valora lo que él mismo tiene. Nos hacemos ilusiones, daño unos a otros, vamos a por el débil y lo hacemos más débil para que los valientes se hagan más valientes. Juzgamos sin saber, y machacamos después de juzgar. Y qué fácil se ve. Nos da igual lo que le pase al vecino del cuarto pero la cosa cambia cuando afecta de puertas para dentro de casa. Y qué lástima de sociedad. Pero es así, nada es justo y nada es eterno. La vida es una ruleta rusa constante y hay que saber ponerse las gafas para encontrar la belleza y la bondad detrás de todo eso, porque después de todo, ahí sigue estando, diminuta pero impoluta, para el que sepa apreciarlo y verlo.
Búscame y encuéntrame
en cualquier cafetería
de la calle Álamo
Llévame de la mano
a aquel mirador
que jurabas le hacía justicia al cielo
y pareciese que nunca podría llover
Bésame justo cuando pase
una estrella fugaz
y suelta mis labios
cuando vuelva a pasar
el último cometa
que haya cruzado la ciudad
de un punto a otro
sobre nuestras cabezas
Encuéntrame al anochecer
enredada entre las sábanas
de la que fuera nuestra cama
y los mechones de tu pelo
que después del orgasmo
entre los dedos se me escapan
Prométeme, amor,
que aunque nazcan cientos
de ciudades nuevas
siempre haremos de Madrid París
y que aunque me queden por vivir
miles de tormentas
siempre podré encontrar la calma
ahí mismo, debajo de tu almohada.
El chico de los ojos marrones y verdes
El chico de los ojos marrones pero que cuando los miras de cerca ves que son verdes. El chico de las chanclas blancas y azules en verano y de los tenis solo azules en invierno. El chico de la riñonera negra y las llaves haciendo música al andar. El que ríe sin parar y no calla ni para respirar, pero que carga todo un mundo interior de luchas y batallas que no cuenta a nadie. El chico que te encuentras por la calle cuando vuelve por vacaciones y parece que nunca se fue. El que ves en cualquier esquina con su cigarro de liar, aunque siempre te dice que lo está dejando, y distingues por su risa particular. No creas que te recuerdo solo por lo malo. Eras un poco inocente, infantil a ratos, y de ese tipo de persona que hay que martillar hasta romperle la coraza para que sean capaces de ver y decirte que te quieren. De no entender la poesía pero ser capaz de presentarte hasta cien videojuegos diferentes. De no tener la confianza para hablarte pero cuando lo hace se disculpa con su auténtica carita de niño por no haberlo hecho antes. Y esa es la parte buena, aunque ocultos, tus sentimientos son puros. Aunque en silencio, tu corazón late. Aunque esquivo, siempre pones la sonrisa cuando estás en frente. Me gusta, eres simple, pero llano. Eres amigo de tus amigos y generoso con el vecino. Eres buena persona, siempre lo has sido y es lo único que no va a cambiar pase el tiempo que pase, y por eso te voy a querer toda la vida, aunque un día te mudes a Marte y yo siga en la Tierra, a millones de kilómetros y minutos luz de poder visitarte.
P.D: la camisa estampada del verano pasado te quedaba muy bien.