Qué bonita esa ciudad,
espejo de la mía,
a kilómetros de distancia,
pero tan cerca como parecida.
Qué bonito campo,
donde el viento corre y purifica,
qué bonita casa,
aquella en la que vive mi segunda familia.
Ellos me dan cobijo,
compañía y amor.
Y si alguna vez tengo frío,
me regalan su calor.
Desde que estoy con ellos
la vida me sonríe
los pájaros me cantan
y las mariposas me siguen.
No saben cuánto les quiero
y tampoco imaginan
que en mi vida son lo primero.
Ni por todo el oro del mundo
yo los cambiaría,
ni a todos ni a ninguno.
Qué bonitos son,
qué bonito lo hacen,
qué será lo que tendrán,
que son como nadie.
Corazón de oro,
puño de acero,
valen mucho más
que cualquier dinero.
Los veo y la tristeza se me murió,
los tengo y nada más necesito tener.
Qué bonitos que son
Isabel, Paco y Rubén.
La vida es como un juego de cartas, suerte que yo todavía conservo los comodines sobre la mesa y los ases bajo la manga.
viernes, 2 de febrero de 2018
domingo, 31 de diciembre de 2017
Rostros sombríos
Vengo rumiando un tiempo
que las cosas han cambiado,
que ya no hay tal cenicero
ni sobre él dolor alguno apagado.
Vengo rumiando un tiempo
que las cenizas se me caen al suelo.
Porque las piso y no se apagan,
me las llevo con el dolor de mi alma.
Por qué necesito que el humo persista,
porque respiro aire y me ahogo.
Por qué anhelo el alcohol en mi sangre,
porque bebo agua y me subrogo.
Vengo rumiando un tiempo,
que ya no soy la misma,
de mi mano alguien se soltó,
y la lluvia de caer desistía.
Quizás de mí ingenua,
que lo ignoré por completo,
pero ahora anhelo aquellas manos
como a la sombra que se llevó el viento.
Aquellas risas ahora permanecen congeladas
viviendo en todos esos rostros sombríos.
Miradas esquivas si las hubiere,
ceniza donde hubo madera quemada.
Cruzo las calles,
abordo las esquinas
y en cada mujer
creo ver tu figura.
Aquellos pasos que oigo tras mi espalda,
no son más que el lejano recuerdo
que tengo de los tuyos.
Quisiera verte a ti, amiga,
después de girarme,
y no tener motivos para huir,
sino de tu ausencia librarme.
Te echo de menos.
Te echo de menos.
A A.F
A Alicia
sábado, 2 de diciembre de 2017
Tras aquellas paredes
Sintiendo el arroyo de la noche la sutileza de mis pensamientos se tornaba ensordecedora, abasteciéndome de tus efímeros recuerdos intentaba hallar la calma en el campo de batalla que había irrumpido en mi habitación. Hasta tan dichosa calma se me antojaba tempestad cuando tú no estabas ahí para referirme cuánto para ti mi vida significaba. Creí estar sola cuando te encontrabas a mi vera, creí haber tocado con la punta de mis dedos el fuego del infierno cuando con tus labios callabas los anhelos de mi boca. Qué alma tan estúpida la mía que por tales sandeces ahora agoniza ante la tormenta de tu irrevocable marcha. Que me condenen si en amarte no me empeñé, que me lleven junto al diablo si en hacerte mi hombre yo no insistí. Tal fue mi tarea y siempre mi empeño puesto en ella, pero el cielo no me sonrió, yo lo vi llorar. Sus lágrimas mojaron mis sentimientos y calaron hasta los resquicios del ático de mi alma. Ahora padezco la gotera de tu amor quebradizo, impune, absuelto de ser castigado. Me da un vuelco el corazón y estimo que en tu regreso estaría el milagro de mi ser, ser mundano que sólo mendiga tu calor en los días de desdicha. Pero ya no me queda más remedio que callar y obedecer a las paredes que me dan cobijo, que más allá de ellas serenidad alguna encontraré, ni pasos que me lleven de vuelta a tu edén.
jueves, 16 de noviembre de 2017
Hoy ha sido un día triste
He llorado la pérdida
de mil lunas a mi vera,
aquellas me alumbraron el camino
cuando me perdía por las veredas.
He querido reemplazarlas
y su lugar ya está precintado,
volaron las liebres hacia lejanas aguas,
me escondí en un lugar abandonado.
Dicotomía en mi vida,
fui y ya no soy,
echo de menos los días
que ya no son como hoy.
Mis amigos ya se fueron,
ahora otros me dan cobijo,
es esto lo que yo quiero
mas no lo he elegido.
Mi nueva vida me abraza
y yo me dejo hacer buena dama,
el relente de la noche me sorprende
y envuelvo mis miedos en su manta.
Culpable es el tiempo,
bonitas las nubes
que quiero tocar
y ellas se cubren.
Rocío de la mañana que viste
de blanco el bosque,
de negro mi alma;
hoy ha sido un día triste.
de mil lunas a mi vera,
aquellas me alumbraron el camino
cuando me perdía por las veredas.
He querido reemplazarlas
y su lugar ya está precintado,
volaron las liebres hacia lejanas aguas,
me escondí en un lugar abandonado.
Dicotomía en mi vida,
fui y ya no soy,
echo de menos los días
que ya no son como hoy.
Mis amigos ya se fueron,
ahora otros me dan cobijo,
es esto lo que yo quiero
mas no lo he elegido.
Mi nueva vida me abraza
y yo me dejo hacer buena dama,
el relente de la noche me sorprende
y envuelvo mis miedos en su manta.
Culpable es el tiempo,
bonitas las nubes
que quiero tocar
y ellas se cubren.
Rocío de la mañana que viste
de blanco el bosque,
de negro mi alma;
hoy ha sido un día triste.
miércoles, 8 de noviembre de 2017
Mi(l) mundo(s) interior
Le planto frente
a esta hoja en blanco
con lluvia en los ojos
corazón hundido en barro.
Las alas no se me encrispan,
en la cima de mi alma
se esconde una carta
firmada con borrosa tinta.
Y el hielo me baña,
y el viento me enreda
en una noche oscura
me desvío por tus veredas.
Oscuro es el camino
verde la primavera
en el mar nado conmigo
y canto con las sirenas.
Muriendo me hallo
a ti te quería
incluso me has dado
donde más me dolía.
Que los duendes te cuenten
quién era yo
que las hadas brillen
hasta que muera el sol.
en el mar nado conmigo
y canto con las sirenas.
Muriendo me hallo
a ti te quería
incluso me has dado
donde más me dolía.
Que los duendes te cuenten
quién era yo
que las hadas brillen
hasta que muera el sol.
miércoles, 30 de agosto de 2017
Tengo un invierno en el corazón
Tengo un invierno en el corazón. Cada vez que no me miras. Cada vez que no me rondas. Cada vez que para no besarme. No me abres la boca. Cada vez que te vas. Pero vienes. Pero vuelves. Para volver a irte. Para no regresar. Porque es mejor despedirse. Porque es peor no decir adiós. Porque adiós y te quiero no echan raíces. Porque el viento arrasó. No ha existido invierno tan frío. Invierno con más ansias de verano. Ni corazón que lo soporte. En sí mismo. Corazón mundano. El mío se extinguió. Hace un segundo. Hace un segundo llovió. Hace un segundo. Que le tengo miedo al sol. Tengo un invierno en el corazón. Que alberga lluvia, nieve, tormenta. Que abarca mar. Que abarca selva. Que da cobijo al frío. Que siento que ese corazón ya no es mío. Que me congela la piel. Que lo miro y no es él. Que de mí se olvidó. Que me dejó sin calor. Y ahora muero de frío. Y ahora escucho el eco del pájaro sombrío. Desistir de escuchar su voz. Asumir mis propios desafíos. Tengo un invierno en el corazón. Que me dice que él ya se marchó. Que me dejó y no se asustó. Que sacó un pañuelo y no lloró. Que lo abrió y lo celebró. Triste mi corazón. Triste mi alma y triste yo.
Tengo un invierno en el corazón
que no deja que las flores crezcan en mi interior.
que no deja que las flores crezcan en mi interior.
Corazón, pobre del mío.
domingo, 20 de agosto de 2017
Despídete de la luna
Donde el cielo nace
donde el horizonte acaba
en el universo el sol duerme
en el firmamento las estrellas bailan
he dormido toda la noche
añorando el despertar del alba
he abrazado a la luna entre poemas
entre lágrimas las nubes me lloraban
y el agua pura en mi piel se resbalaba
y pasaba dentro y mi corazón limpiaba
de polvo antiguo de barro sucio
de viejos recuerdos marchitos y absurdos
y en el suelo yacía un charco transparente
yo tendida al lado miraba al fondo de frente
entonces pasó una niña a verme
la asusté y lloró desconsoladamente
ella me conocía y sabía que yo no podía
que el frío me calaba que no me abandonaba
que la fiesta de la madrugada no me pertenecía
que en el llanto de mi pasado mi pena se ahogaba
siempre he echado más de menos
que he echado cosas de más
que siempre me lo guardo que siempre lo escondo
que incluso cuando lo pierdo la vida me vuelve a ganar
ya es verano y no me importa
que ahora hace calor aquí dentro
y en esta habitación soy yo la que sobra
ya es verano y no perdono al invierno
que a mi cuerpo le faltó calor
que a mi mechero le faltó fuego
sola sola me encuentro
dentro dentro pasa la madrugada
tarde tarde se hace
llora llora la mariposa sin sus alas
grito y me quedo muda
grito pero nadie me escucha
lloro y en el cielo amanece
niña, despídete de la luna.
donde el horizonte acaba
en el universo el sol duerme
en el firmamento las estrellas bailan
he dormido toda la noche
añorando el despertar del alba
he abrazado a la luna entre poemas
entre lágrimas las nubes me lloraban
y el agua pura en mi piel se resbalaba
y pasaba dentro y mi corazón limpiaba
de polvo antiguo de barro sucio
de viejos recuerdos marchitos y absurdos
y en el suelo yacía un charco transparente
yo tendida al lado miraba al fondo de frente
entonces pasó una niña a verme
la asusté y lloró desconsoladamente
ella me conocía y sabía que yo no podía
que el frío me calaba que no me abandonaba
que la fiesta de la madrugada no me pertenecía
que en el llanto de mi pasado mi pena se ahogaba
siempre he echado más de menos
que he echado cosas de más
que siempre me lo guardo que siempre lo escondo
que incluso cuando lo pierdo la vida me vuelve a ganar
ya es verano y no me importa
que ahora hace calor aquí dentro
y en esta habitación soy yo la que sobra
ya es verano y no perdono al invierno
que a mi cuerpo le faltó calor
que a mi mechero le faltó fuego
sola sola me encuentro
dentro dentro pasa la madrugada
tarde tarde se hace
llora llora la mariposa sin sus alas
grito y me quedo muda
grito pero nadie me escucha
lloro y en el cielo amanece
niña, despídete de la luna.
-Despídete de la luna
miércoles, 19 de julio de 2017
Quizás sólo llueva dentro de mi casa
Cuando el reloj se para
mi corazón se congela
y empiezo a dudar;
¿Por qué todo en mí se quiebra?
Si quisiera continuar
andaría con los pies vendados
pero me da miedo caer
sin que nadie me abra sus brazos.
Cuando el reloj anda
deseo que lo haga al revés,
que se reste el tiempo,
que de y cuarto se pase a y diez.
Quisiera andar hacia detrás,
no al futuro sino al pasado,
para saber lo que se me viene
y poderlo esquivar antes de que llegue.
Cuando el reloj hace tic-tac,
comprendo que el tiempo no está ausente,
y que la eternidad es sólo un parche
que me inventé para protegerme.
Y aunque todo esto sea cierto,
he podido comprender que con lo malo no basta;
el tiempo permite que fuera el sol brille,
(quizás sólo llueva dentro de mi casa).
mi corazón se congela
y empiezo a dudar;
¿Por qué todo en mí se quiebra?
Si quisiera continuar
andaría con los pies vendados
pero me da miedo caer
sin que nadie me abra sus brazos.
Cuando el reloj anda
deseo que lo haga al revés,
que se reste el tiempo,
que de y cuarto se pase a y diez.
Quisiera andar hacia detrás,
no al futuro sino al pasado,
para saber lo que se me viene
y poderlo esquivar antes de que llegue.
Cuando el reloj hace tic-tac,
comprendo que el tiempo no está ausente,
y que la eternidad es sólo un parche
que me inventé para protegerme.
Y aunque todo esto sea cierto,
he podido comprender que con lo malo no basta;
el tiempo permite que fuera el sol brille,
(quizás sólo llueva dentro de mi casa).
jueves, 6 de julio de 2017
Me han crecido alas en las cicatrices
Siempre he querido pensar que la vida es demasiado bonita, y algunas veces he creído falsamente que a tu lado lo sería aún más. Tenerte es un plato prohibido, tu compañía; un sabor que mi paladar nunca tendrá el gran privilegio de poder degustar. A menudo mis pensamientos acerca de ti me desgarran el corazón y él empieza a dudar si debe latir. Tengo miedo de que en un tiempo termine por olvidarlo y por eso ya no me hablo de ti. Guardo tu memoria bajo llave en los resquicios de mi casa con el inútil objetivo de no encontrarme con tus recuerdos de frente y no saber por dónde huír. No lo sé, el cómo, pero ellos siempre consiguen salir y pasan a verme. Y entonces desisto de huír, y me vuelvo a esconder para poder sobrevivir.

Si te dijera las veces que, contradiciendo a mis principios de supervivencia, he mirado detrás de la puerta para ver siquiera tu sombra aparecer tras ella... Si te dijera que tiemblo al verte temblarías conmigo y estaríamos en igualdad de condiciones. Me he dormido cien noches imaginando tus ojos posarse sobre mi silueta, visualizando cómo tu mirada se torna dulce y en un gesto amable le sonríe a mi cuerpo dormido. Si te dijera que otras cien noches las pasé contigo... Tomamos café y nos dimos la vida. Nos leímos y nos escribimos, legra a letra, poniéndole punto y final a cada frase que acabábamos. En mis sueños ocurría así. Estás en mí, en mis tazas de café y en las portadas de mis libros. Atrincherado en mi espalda y aferrado a mi alma. Como el niño de ojos brillantes y nervios incontrolables que agarra con fuerza y premura su balón.
Y es en este punto de la historia donde me doy cuenta de que ahora yo soy la mujer que lleva esos tacones de aguja pero que pisa fuerte y lleva paso firme. El rumbo me lo ahorro y prescindo de coger atajos ni servicios. La vida ahora es más bonita sin ti. Los ramos de flores me llueven solos y los piropos me los digo a mi antojo. El pájaro hace su nido y yo hago mi camino. Mi piel ya no necesita tus caricias y mis labios ahora saben respirar sin tus besos. Mi cama deja de estar fría a pesar de que ahora vuelves pero ya estás lejos. Te nombro y al amor ya no lo siento. Me voy al aeropuerto; quiero viajar antes de irme. Me marcho a otros países y no cojo avión
Si te dijera las veces que, contradiciendo a mis principios de supervivencia, he mirado detrás de la puerta para ver siquiera tu sombra aparecer tras ella... Si te dijera que tiemblo al verte temblarías conmigo y estaríamos en igualdad de condiciones. Me he dormido cien noches imaginando tus ojos posarse sobre mi silueta, visualizando cómo tu mirada se torna dulce y en un gesto amable le sonríe a mi cuerpo dormido. Si te dijera que otras cien noches las pasé contigo... Tomamos café y nos dimos la vida. Nos leímos y nos escribimos, legra a letra, poniéndole punto y final a cada frase que acabábamos. En mis sueños ocurría así. Estás en mí, en mis tazas de café y en las portadas de mis libros. Atrincherado en mi espalda y aferrado a mi alma. Como el niño de ojos brillantes y nervios incontrolables que agarra con fuerza y premura su balón.
Y es en este punto de la historia donde me doy cuenta de que ahora yo soy la mujer que lleva esos tacones de aguja pero que pisa fuerte y lleva paso firme. El rumbo me lo ahorro y prescindo de coger atajos ni servicios. La vida ahora es más bonita sin ti. Los ramos de flores me llueven solos y los piropos me los digo a mi antojo. El pájaro hace su nido y yo hago mi camino. Mi piel ya no necesita tus caricias y mis labios ahora saben respirar sin tus besos. Mi cama deja de estar fría a pesar de que ahora vuelves pero ya estás lejos. Te nombro y al amor ya no lo siento. Me voy al aeropuerto; quiero viajar antes de irme. Me marcho a otros países y no cojo avión
...porque me han crecido alas en las cicatrices.
Loes
domingo, 21 de mayo de 2017
Me gusta cuando Mario
Su magia atravesaba feroz el límite de lo incansable, se elevaba y en vueltas enredaba el aire que mata y que de amor muere. Se enmudecía la tiniebla y gritaba el cielo; la tormenta es vencida y el sol se luce vencedor. En mis pupilas se dilataba la ilusión y en mis labios se hallaba la vulnerabilidad con sello de grandeza. El frío dejaba de hacer eco en los rincones de la calle. Algo pasaba entre la gente, algo permanecía tras el paso del tiempo. Algo que sólo yo podía ver. Alguien rellenaba los vacíos y pintaba la vida de color. Su nombre era Mario.
Y desde entonces, sin siquiera conocerla, me acompaña su voz.
Me gusta cuando Mario me mira, aunque lo haga siempre a distancia.
Me gusta cuando llega y se queda buscando un motivo para no marcharse.
Me gusta cuando me señala su corazón y con sus ojos me pide que no lo abra.
Me gusta cuando me da la mano porque besarme todavía no sabe.
Me gusta cuando Mario entra y no llama a la puerta, él se asoma a mi ventana.
Me gusta cuando me cuenta de qué material está hecha la vida que recuerda.
Me gusta cuando dice que no viene, pero al final me acompaña.
Me gusta cuando dice que se va, pero conmigo siempre se queda.
Me gusta cuando Mario me escucha y él no quería.
Me gusta cuando quiere y de mí se preocupa incluso sin razones.
Me gusta cuando abre la puerta de mi casa y mi casa deja de ser mía.
Me gusta cuando sin habernos visto nuestras almas ya se conocen.
Me gusta cuando Mario me comprende y nadie le entiende a él.
Me gusta cuando comprendiéndole a mí misma me entiendo.
Me gusta cuando me explica de qué color es el aire que respira.
Me gusta cuando le digo que yo vengo, soy y vivo del viento.
Me gusta cuando Mario abarca mis temores.
Me gusta cuando me refugia del mundo en su armonía.
Me gusta cuando él está, cuando nadie existe.
Me gusta cuando dice que me quiere, y sé que sí lo haría.
Me gusta cuando Mario me habla, aunque ya pocas veces lo haga.
¿Y quién es Mario?
Ni siquiera él existía.
Y desde entonces, sin siquiera conocerla, me acompaña su voz.
Me gusta cuando Mario me mira, aunque lo haga siempre a distancia.
Me gusta cuando llega y se queda buscando un motivo para no marcharse.
Me gusta cuando me señala su corazón y con sus ojos me pide que no lo abra.
Me gusta cuando me da la mano porque besarme todavía no sabe.
Me gusta cuando Mario entra y no llama a la puerta, él se asoma a mi ventana.
Me gusta cuando me cuenta de qué material está hecha la vida que recuerda.
Me gusta cuando dice que no viene, pero al final me acompaña.
Me gusta cuando dice que se va, pero conmigo siempre se queda.
Me gusta cuando Mario me escucha y él no quería.
Me gusta cuando quiere y de mí se preocupa incluso sin razones.
Me gusta cuando abre la puerta de mi casa y mi casa deja de ser mía.
Me gusta cuando sin habernos visto nuestras almas ya se conocen.
Me gusta cuando Mario me comprende y nadie le entiende a él.
Me gusta cuando comprendiéndole a mí misma me entiendo.
Me gusta cuando me explica de qué color es el aire que respira.
Me gusta cuando le digo que yo vengo, soy y vivo del viento.
Me gusta cuando Mario abarca mis temores.
Me gusta cuando me refugia del mundo en su armonía.
Me gusta cuando él está, cuando nadie existe.
Me gusta cuando dice que me quiere, y sé que sí lo haría.
Me gusta cuando Mario me habla, aunque ya pocas veces lo haga.
¿Y quién es Mario?
Ni siquiera él existía.
viernes, 5 de mayo de 2017
Escribía mientras soñaba
[Si fuera luna]
Si fuera luna, tú serías lucero.
Si fuera espuma, tú, orilla.
Si yo fuera horizonte, tú, mi cielo.
¿Cómo hacértelo saber sin decírtelo?
Tus ojos dormidos clavados
en el trasfondo de mi mirada.
Tu voz cantando mi nombre
y mis dedos al filo de tu espalda.
Más que sentirlo, lo he vivido.
Tus pasos se alejaban y
se tornaban confundidos.
Mas la oscuridad de mi alma
por tu luz se iba contigo.
Si fuera luna, tú serías lucero.
Si fuera espuma, tú, orilla.
Si yo fuera horizonte, tú, mi cielo.
¿Cómo hacértelo saber sin decírtelo?
[Tus ojos dormidos]
Tus ojos dormidos clavados
en el trasfondo de mi mirada.
Tu voz cantando mi nombre
y mis dedos al filo de tu espalda.
[Cada noche nos encontramos]
Cada noche nos encontramos
en el mundo de los sueños.
Yo la reina de tus ojos magos,
tú el príncipe de mi cuento.
[Día 20 sin ti]
Día 20 sin ti; eres la tormenta
que se acerca y después se aleja,
dejando una fría lluvia a su paso.
Día 20 sin ti; eres la tormenta
que se acerca y después se aleja,
dejando una fría lluvia a su paso.
[Vienes]
Vienes, me desordenas el alma y te vas.
Ni el mismo diablo hace eso.
Vienes, me desordenas el alma y te vas.
Ni el mismo diablo hace eso.
[Más que sentirlo]
Más que sentirlo, lo he vivido.
Tus pasos se alejaban y
se tornaban confundidos.
Mas la oscuridad de mi alma
por tu luz se iba contigo.
[No somos de este mundo]
No somos de este mundo, amor.
No pertenecemos a este enredo.
No nos encontramos en el nudo.
Somos las manos que lo atan.
No somos de nadie.
Somos de nosotros.
[Hoy te escribo]
Hoy te escribo porque he oído
que mi nombre aún recuerdas.
Hoy te digo que tu nombre tatuado
en mí todavía se incendia.
[He querido soñar]
He querido soñar que un beso para ti es suficiente.
He soñado mil besos,culpables de asesinarte,
y he despertado con mis labios inocentes.
[No me cansaría de decirte]
No me cansaría de decirte
que eres lo mejor
que le pasó a mi vida,
como nunca antes.
No me cansaría de decirte
tantas cosas que siento,
si no te cansaras de escucharme.
[Hola, nos conocemos]
Hola, nos conocemos.
Cada día te pienso.
Solemos conversar,
pero nunca te he dicho
todo lo que siento;
que para mí
significas mucho más.
[Sé no hablarte]
Sé no hablarte porque sé
fingir que no me importas.
Sin embargo, no sé callar
que me duele saber que te pienso
cada día un poquito más.
[Me enredo entre las hojas de mi diario]
Me enredo entre las hojas de mi diario,
hablándoles en claro, y a veces en oscuro,
cómo te pienso, en blanco o en negro,
pero siempre demasiado.
[Maldito nombre de cinco letras]
Maldito nombre de cinco letras,
que no para de rondar mi cabeza.
¿Por qué a mí? Yo sólo quería escribir poesía,
cantar flamenco y beber cerveza.
[Día 30 sin ti]
Día 30 sin ti; podría ser fuerte,
pero siempre me dejo vencer por mi debilidad;
tu dulce pero amargo recuerdo,
impreso en las páginas de mi memoria.
[Y yo aquí]
Y yo aquí, y mi mente vuela.
Y tú allí, creando tormenta.
Ardo en fuego,
agito mis alas.
De tus nubes heladas
respira mi pecho.
[Te quiero]
Te quiero.
Te quiero diez lunas.
Te quiero cien soles.
Te quiero más que a las estrellas
y más que a mil ramos de flores.
[Ya no creo en las esperanzas]
Ya no creo en las esperanzas
que se basan en el tiempo.
[Amiga, dile que no le quiero]
Amiga, dile que no le quiero.
Dile que le he olvidado.
Pero que nunca se entere
que al decirlo estaba llorando.
[El amor es el anhelo]
El amor es el anhelo
de salir de uno mismo.
[No es ella quien te llora]
No es ella quien te llora por las noches
cuando conversa a solas con
tu apagada y persistente ausencia.
[La vida es lo más bonito]
La vida es lo más bonito
que me ha pasado jamás.
[Me llora el alma]
Me llora el alma
y no me escuchas.
Me bañan las olas
y el mar está en calma.
[Me has pasado]
Me has pasado
y me has ignorado.
Me has hablado
y me he callado.
Te he soñado
y te he olvidado.
[Seis meses no son nada]
Seis meses no son nada
cuando es tinta borrosa
lo que se aferra a la carta.
Si hasta con una vela
te sé escribir mejores letras.
Cautela.
[El sol parpadea]
El sol parpadea y
la luna cierra sus ojos.
El mar se ensancha,
entro en la boca del lobo.
Girasoles y margaritas
cantan en primavera.
Cae la noche y nieva.
[No me sé explicar]
No me sé explicar,
si bien hablo más que digo,
si no pienso, pero escribo.
¿Quién me va a entender?
Si corro y no huyo.
Si tiemblo y ladro humo.
[Qué feliz estoy]
Qué feliz estoy en mi cama,
escribiendo entre llamas.
Qué bonita que tú eres,
de defectos careces.
De ti yo me enamoro
una y veinte veces.
Veinte veces te llamaría,
dulce y elegante poesía.
[Se me fue la llama]
Se me fue la llama, muriendo,
se me apagó el corazón.
Fuiste tú, el rojo mechero
que encendiéndome la reavivó.
lunes, 10 de abril de 2017
De nadie
Amor, amor te llamo. Amor, el amor que me duele. Amor, me matas. Que te amo. Que me hieres. Que me muero y te resbala.
Bajo la lluvia camino, voy siguiendo los pasos desconsolados de los rostros sombríos, sobre cuerpos congelados.
Cansada de no entender, por qué me miras y te ríes, por qué eres más oscuro que el atardecer. Y sin embargo te imagino en mi mente, soy culpable de mis cadenas, que te respiro sutil, pausada y algo leve.
En mi garganta viven las ansias de retorcerme y no comer, las ansias que me devoran y me esconden, cuando te imagino igual a mí y lo pareces ser. Calle abajo vive el alivio, la nicotina y el fiel alcohol. La gente disfrazada me habla, te lloro un rato y de por vida entre carcajadas me río yo.
De nada me ha servido confiar en que puedo ser yo, que soy entendible, que no soy de nadie y a veces del sol. De nada me ha servido esperar a entregarme en cuerpo, cuando me he entregado en alma tantas veces que ya no las recuerdo.
Quién eres tú, yo a ti no te conozco. Te miro, pero no lo sé. Con quien estuviste lo desconozco. Ocupar el segundo lugar no es fácil cuando estás predestinada a ser la última en la carrera. Miro a la grada y la gente aplaude, no es cruz lo que sale en mi moneda.
Y ya no lloro porque ya no siento, los cristales se rompen y la lluvia pasa dentro. No me importa estar en el borde del precipicio, no me inporta caer o creer, que puedo seguir estando conmigo.
Amor, no es esto lo que quiero. Mi cicatriz está sangrando. Tuya ya no me siento. La libertad dentro guardada la llevo, y hoy me da alas, para poder volver a volar lejos.
Loes
Bajo la lluvia camino, voy siguiendo los pasos desconsolados de los rostros sombríos, sobre cuerpos congelados.
Cansada de no entender, por qué me miras y te ríes, por qué eres más oscuro que el atardecer. Y sin embargo te imagino en mi mente, soy culpable de mis cadenas, que te respiro sutil, pausada y algo leve.
En mi garganta viven las ansias de retorcerme y no comer, las ansias que me devoran y me esconden, cuando te imagino igual a mí y lo pareces ser. Calle abajo vive el alivio, la nicotina y el fiel alcohol. La gente disfrazada me habla, te lloro un rato y de por vida entre carcajadas me río yo.
De nada me ha servido confiar en que puedo ser yo, que soy entendible, que no soy de nadie y a veces del sol. De nada me ha servido esperar a entregarme en cuerpo, cuando me he entregado en alma tantas veces que ya no las recuerdo.
Quién eres tú, yo a ti no te conozco. Te miro, pero no lo sé. Con quien estuviste lo desconozco. Ocupar el segundo lugar no es fácil cuando estás predestinada a ser la última en la carrera. Miro a la grada y la gente aplaude, no es cruz lo que sale en mi moneda.
Y ya no lloro porque ya no siento, los cristales se rompen y la lluvia pasa dentro. No me importa estar en el borde del precipicio, no me inporta caer o creer, que puedo seguir estando conmigo.
Amor, no es esto lo que quiero. Mi cicatriz está sangrando. Tuya ya no me siento. La libertad dentro guardada la llevo, y hoy me da alas, para poder volver a volar lejos.
Loes
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