martes, 28 de marzo de 2023

¿Y qué quieres que te diga? Si sigues siendo el amor de mi vida

¿Y qué quieres que te diga? Si aún escucho tu risa al final del pasillo, como un niño que corre eufórico cuando le persigue su madre para castigarle, pero que lo único que realmente le esperaba al llegar a la puerta era mi beso de buenas noches y la víspera de los buenos días. ¿Qué quieres que te diga? Si todavía me despierto en mitad de la madrugada y puedo ver tu mirada buscando la mía, y eso que duermo a oscuras. ¿Qué quieres que te diga? Si aún me acuerdo de tu nombre a voces, y de ese tal vez que condenamos cruelmente a que no lo fuera nunca. ¿Qué quieres que te diga, mi amor? Si he contado las veces que así te llamaría y no hay números hasta el infinito, si paso por tu casa y te veo justo ahí, en mi recuerdo, siendo lo que un día fuimos. Dime qué coño quieres que te diga la próxima vez que tus labios se enreden en los míos con la excusa infalible de que nunca sabrán encontrar el camino. Qué fijación para elegir el lugar donde perderte. Qué quieres que te diga, si fijé mi calendario en el viernes, solo porque tú venías. Qué quieres que te diga, joder, si por más tiempo que pase, por más veces que llueva, nunca será el necesario para olvidarte, ni para ahogarme en otras mareas. No sé qué coño decirte, cada vez que pasas por mi lado y siento que nunca lo harás lo suficientemente cerca. Dime qué me dirías, si supieras que hay mundo detrás del vacío, vida en otros planetas. Dime qué me dirías, si supieras que podemos ir juntos de la mano a cualquiera sin billete de vuelta. Yo creo que lo sé, que conmigo te irías. Pero mientras eso no ocurre, dime ¿Qué quieres que te diga? Si todavía eres y seguirás siendo siempre el amor de mi vida.

martes, 14 de marzo de 2023

Vivir con ansiedad

Qué bonito sería vivir sin ansiedad. Vivir sin estar pendiente cada puñetero minuto del reloj porque tu percepción del tiempo está distorsionada y lo que para otros es un minuto para ti es una hora. Qué bonito sería levantarse y que te diera tiempo por lo menos a mear antes de que mil pensamientos asalten tu cabeza a la vez y te bloqueen y no te dejen hacer nada. Qué bonito sería ver que te han mandado un mensaje y que no te palpite el corazón porque en seguida tu cabeza piensa que se trata de algo malo. Qué bonito sería no tener esa incansable necesidad de tenerlo todo bajo control, y si algo falla, sentir una opresión en el pecho. Qué bonito sería ser capaz de vivir el día a día, sin más, adaptándose a cada circunstancia que vaya surgiendo, y no vivir adelantado a lo que va a ocurrir, imaginando cientos de escenarios posibles y cómo vas a actuar en cada uno de ellos para que al final ninguno termine realmente ocurriendo. Os aseguro que es increíblemente agotador. Qué bonito sería tener la voluntad de hacer cosas, y disfrutar de hacerlas, sin tener que parar a la mitad para respirar hondo y replantearte mil y una cosas completamente irracionales, disfuncionales, y que nada te aportan excepto dejarte sin fuerzas para hacer nada más. Qué bonito sería que tu único momento de verdadera desconexión no fuese cuando estás rodeado de gente de confianza, cuando estáis en la calle haciendo planes, y pudieras sobrevivir mentalmente también al hecho de estar solo en casa de lunes a jueves. Qué jodidamente dura se hace la semana cuando tienes ansiedad hasta que llega el viernes. Tener ansiedad es tener constantemente malas vibras en el cuerpo, y la mente las veinticuatro horas del día a tres mil millones de revoluciones por minuto, pensando y sobrepensando: “¿Por qué dije esto? ¿Por qué hice aquello? ¿Cuántos días faltan para tal? ¿Qué pasará cuando llegue este momento, qué haré? ¿Qué estará haciendo no sé quién? ¿Cuándo será la próxima vez que lo veré como la última vez? ¿Por qué con ellos sí y conmigo no?” Tener ansiedad es sentirte mal por cada cosa que pasa a tu alrededor pero no saber cómo intervenir, no saber cómo ayudar a los demás porque no te sabes ayudar ni tú, y que encima piensen que es porque eres egoísta o mala persona. Tener ansiedad es sentirlo todo el doble que los demás, que los pensamientos y emociones te sobrepasen y superen día sí y día también, y tener que parar y desconectar con todo y con todos hasta volver a sentirte mínimamente mejor. Tener ansiedad es tener una necesidad incansable de hacer cosas, de llevar a cabo planes, de vivir experiencias, y la incesante decepción, contínua, cuando ves que no se logran y que te toca volver a quedarte en el sofá, acompañada de tus inseparables pensamientos. Tener ansiedad es, por otro lado, no tener fuerzas para salir de ese sofá, porque nada te llama la atención ni te llena tanto como para darte una motivación para hacerlo. Tener ansiedad es tener pesadillas concurrentes y percibir que todos los días son iguales, y ya no saber cómo sobreponerte a ellos para ser feliz. Tener ansiedad es que al día le sobren la mitad de horas de las que tiene, y que cuando estás agusto con tus amigos, falten el doble. Tener ansiedad es no poder dormir por las noches y no poder levantarte por las mañanas. Tener ansiedad es que te reprochen continuamente por qué eres así y que eso solo haga que te sientas culpable contigo mismo y todo se agrave. Tener ansiedad es tener una enemiga que te acompañará toda la vida, y contra la que si no puedes, al final te tienes que acabar uniendo a ella.

lunes, 13 de marzo de 2023

Dime qué se siente

Dime cómo te sientes ahora que nadie siente lo que sentí yo una vez por ti.
Dime qué se siente al saber que nadie volverá a escribirte como si el bolígrafo acariciara terciopelo y no papel.
Dime qué sientes cuando besas otras bocas y no encajas en sus labios.

Cuando rozas otras pieles y se te duermen las manos 

           en

               el 

                  intento.

Cuando miras hacia el lado y ves en otros lo que un día tuviste conmigo, y de repente empieza a llover por dentro.

O cuando giras otra vez en esa esquina y te vuelve a abofetear el mismo recuerdo martilleante, una y otra vez, incesante.

Dime qué sentiste la última vez que me miraste a los ojos y ya no te viste reflejado en ellos.

Dime qué has sentido cuando te han hablado del amor e irremediablemente he vuelto a aparecer en tu cabeza como un fantasma del pasado que jamás dejará de atormentarte.

Dime qué sientes cuando me ves y te tiembla la mente. Cuando imaginas que todavía puedes venir corriendo a darme un beso, pero cuando te fijas en que voy de la mano de otro recuerdas el presente y te quedas estancado en el suelo.

Dime ¿Qué se siente ahora que tienes lo que siempre quisiste, tu libertad? Porque te aseguro que al irte tú, me devolviste la mía, pero de la tuya, sin embargo, lo único que puedo decir es que ahora para ti es más cárcel que nunca.


                     Las ironías de la vida

viernes, 10 de marzo de 2023

Mundo injusto, vida bonita

Me gustaría decir que me crié en un mundo bonito y justo. Me gustaría decir que viví y vivo en un mundo bueno. Que es verdad eso del Karma, o los experimentos sociales en los que alguien recoge del suelo la cartera de alguien y se la devuelve. Me gustaría poder decir que es cierto que los amigos siempre se quedan, y que el amor, cuando es verdadero, es para toda la vida. Me gustaría pensar que es cierto eso de que es el mismo amor el que siempre mueve el mundo. Pero no, nada de eso es verdad. En este mundo puedes ser un hijo de puta toda tu vida mientras la misma te trata como un rey, y viceversa. Generalmente lo que encuentras te lo quedas, y ni siquiera reconoces que alguna vez se perdió. Aquí al final acabas perdiendo hasta esos amigos que contabas con los dedos de una mano, y normalmente se enamora de ti alguien completamente diferente a de quien tú lo estás. Este mundo se mueve por el dinero, da igual cuánto lo quieras, o el talento que tengas, si no tienes dinero para pagarlo no lo puedes tener. Todos valoran lo que tienen los demás pero nadie valora lo que él mismo tiene. Nos hacemos ilusiones, daño unos a otros, vamos a por el débil y lo hacemos más débil para que los valientes se hagan más valientes. Juzgamos sin saber, y machacamos después de juzgar. Y qué fácil se ve. Nos da igual lo que le pase al vecino del cuarto pero la cosa cambia cuando afecta de puertas para dentro de casa. Y qué lástima de sociedad. Pero es así, nada es justo y nada es eterno. La vida es una ruleta rusa constante y hay que saber ponerse las gafas para encontrar la belleza y la bondad detrás de todo eso, porque después de todo, ahí sigue estando, diminuta pero impoluta, para el que sepa apreciarlo y verlo.

Búscame y encuéntrame

Búscame al atardecer
en cualquier cafetería
de la calle Álamo

Llévame de la mano

a aquel mirador

que jurabas le hacía justicia al cielo

y pareciese que nunca podría llover


Bésame justo cuando pase 

una estrella fugaz

y suelta mis labios

cuando vuelva a pasar 

el último cometa 

que haya cruzado la ciudad

de un punto a otro

sobre nuestras cabezas


Encuéntrame al anochecer

enredada entre las sábanas

de la que fuera nuestra cama

y los mechones de tu pelo

que después del orgasmo

entre los dedos se me escapan


Prométeme, amor,

que aunque nazcan cientos

de ciudades nuevas

siempre haremos de Madrid París

y que aunque me queden por vivir

miles de tormentas

siempre podré encontrar la calma

ahí mismo, debajo de tu almohada.

El chico de los ojos marrones y verdes

El chico de los ojos marrones pero que cuando los miras de cerca ves que son verdes. El chico de las chanclas blancas y azules en verano y de los tenis solo azules en invierno. El chico de la riñonera negra y las llaves haciendo música al andar. El que ríe sin parar y no calla ni para respirar, pero que carga todo un mundo interior de luchas y batallas que no cuenta a nadie. El chico que te encuentras por la calle cuando vuelve por vacaciones y parece que nunca se fue. El que ves en cualquier esquina con su cigarro de liar, aunque siempre te dice que lo está dejando, y distingues por su risa particular. No creas que te recuerdo solo por lo malo. Eras un poco inocente, infantil a ratos, y de ese tipo de persona que hay que martillar hasta romperle la coraza para que sean capaces de ver y decirte que te quieren. De no entender la poesía pero ser capaz de presentarte hasta cien videojuegos diferentes. De no tener la confianza para hablarte pero cuando lo hace se disculpa con su auténtica carita de niño por no haberlo hecho antes. Y esa es la parte buena, aunque ocultos, tus sentimientos son puros. Aunque en silencio, tu corazón late. Aunque esquivo, siempre pones la sonrisa cuando estás en frente. Me gusta, eres simple, pero llano. Eres amigo de tus amigos y generoso con el vecino. Eres buena persona, siempre lo has sido y es lo único que no va a cambiar pase el tiempo que pase, y por eso te voy a querer toda la vida, aunque un día te mudes a Marte y yo siga en la Tierra, a millones de kilómetros y minutos luz de poder visitarte. 

P.D: la camisa estampada del verano pasado te quedaba muy bien.

jueves, 23 de febrero de 2023

Hoy te he visto

Hoy te he visto. Y, joder, estabas más guapo que nunca. Te he visto exactamente igual que estabas la última vez, con la sonrisa puesta y la ropa quitada. Con las persianas medio bajadas y la luz apagada, escondiendo nuestros miedos bajo la manta y hablándonos a los ojos. Te juro que nos he visto, de verdad. Ahí mismo, en el sofá, abrazados, restándole importancia al frío del invierno. He visto esos brazos acariciarme como quien pinta una obra de arte para un museo, he visto tu espalda curvarse en el momento exacto en que un beso impactaba contra ella, y he visto a nuestras manos bailar sin música una danza propia, entrelazándose dedo a dedo. He visto mil y un detalles que creía haber borrado de mi memoria, y otros cien que pensaba que, de darse alguna vez, serían difíciles de ver a los ojos, pero, maldita sea mi suerte, que siempre alcanzo a apreciar hasta la última peca que cuelga de tus hombros. Joder, es que hasta te juro que me esforcé en verte borroso, tanto que no supiera descifrar tu cara, tanto que pareciera pixelada, pero, vaya, si me la sé de memoria, si la llevo fotografiada. Así que nos he visto, en 5D, he visto cada poro de mi piel erizarse ante cualquier roce tuyo, he visto una pestaña caerse, y no he podido evitar soplarla y pedir un deseo estúpido. Nos he escuchado reír, y te prometo que sigue siendo la melodía más bonita del mundo, que no ha cambiado un solo tono, un solo acorde, un único matiz. Nos he visto en casa y no había techo, había cielo, nos he visto mirar a la cámara y sonreír, y he caído en la cuenta de que ya no sé ni siquiera dónde está esa foto, seguramente la perdí. Nos he visto queriéndonos, y jamás alcanzaré a comprender por qué, ni en qué momento dejamos de hacerlo. Fallo de aprendiz.

Tenías razón, estoy muy por encima de ti

Tenías razón, estoy muy por encima de ti, y no por el mero hecho de decir que dos personas nunca pueden ser iguales. Estaba muy por encima de ti, pero no te confundas, no lo estaba por ser mejor persona, ni más inteligente, ni tampoco menos mala. Estaba y estoy muy por encima de ti, simplemente por quererte de la manera que he sido capaz de hacerlo. Y tenías razón, nunca, pasen los años que pasen, lograrás alcanzarme, porque jamás serías capaz de sentir la décima parte de lo que sentí yo. Tenías razón, te vengo grande, porque tú eres de cosas simples, de ver el mismo vídeo que te hace gracia por séptima vez y compartir otros cien iguales, y yo soy de cosas complicadas, fiel amiga de la sensibilidad, de retorcerme la cabeza y el corazón para escribir los textos que más te ponen la piel de gallina. Porque tú eres de un mundo, llamado simpleza, y yo soy de otro, llamado caos. Estoy muy por encima de ti porque yo siempre me voy a empeñar en creer y demostrar que sí se puede hacer eterno un verano, y tú te conformarás toda la vida con sacar tus mejores abrigos del armario cada invierno. Estoy muy por encima de ti, porque yo siempre vuelvo al lugar que duele, porque siempre seguiré metiendo la quinta marcha y apretando el acelerador a tope cuando vea un muro que lleve tu nombre, y tú, sin embargo, siempre harás oídos sordos cuando escuches el mío, y para ti el dolor, siempre será otra cosa, nada que tenga que ver con nosotros. Estoy muy por encima de ti porque alguien tenía que enseñarte qué era el amor, aunque tú nunca pudieras aprender a convivir con él. Estaré siempre muy por encima de ti, y tenías razón, así, cariño mío, jamás podríamos haber sido felices.

viernes, 10 de febrero de 2023

Todavía sigo siendo yo

Todavía sigo siendo yo. Lo he asumido, al fin, como suerte, en todos sus sentidos. Me siguen brillando los ojos con las puestas de sol y cuando te veo pasar. Me sigue palpitando el corazón con las piezas de piano y con una escasa y sutil mirada tuya, que salta esquiva de esquina a esquina, como si así no la pudiese encontrar. Me sigue poniendo nerviosa conducir cuando hay mucho tráfico y también tu risa cortando el aire que respiro. Sigo bebiendo café tres veces al año y acordándome de ti cada noche de mi vida, porque de todas las preguntas que un día me hice, hasta hoy ni una respuesta has dejado de llevar contigo. Todavía no he superado del todo lo del miedo a las personas y sigo queriendo más a los animales. No he dejado de sentir cientos de mariposas por dentro que podrían perfectamente en el otro extremo del mundo causar el mayor desastre. Sigo abrazándome a los libros en invierno y haciendo de la playa mi casa en verano. Todavía guardo la camiseta que me regalaste aunque esté desteñida, y tus cartas mal escritas aunque ya no las lea. Ahora tengo más quemaduras, pero tú sigues siendo la única de tercer grado, y sigo siendo de moratón fácil, de herida pronunciada, de cicatriz perfecta. Me sigue gustando la comida salada y jugar estando rota a que no he dejado nunca de estar entera. Sigo escondiendo la cabeza debajo de la almohada cuando tengo pesadillas, y ahora miro la pluma de mi brazo derecho cuando me olvido de los motivos para avanzar, porque a fin de cuentas, estés o no estés tú, siempre seré esa niña de la burbuja azul que escribe infinitas letras sobre el frío y empañado cristal, para que algún día las leas.

Me querías

Tú, que decías que me querías, que va, no lo hacías. Cuando quieres a alguien recoges su felicidad si la ves tirada en el suelo, no la pisas. Cuando quieres a alguien te quitas minutos de tu tiempo, para ponerlos en su reloj. Cuando quieres a alguien no pones el cronómetro a cero, y te quedas mirando cada milisegundo que pasa, con la pierna temblorosa bajo la mesa y ojos de cordero mientras la otra persona te cuenta cosas que tú ni siquiera estás escuchando. Cuando quieres a alguien pides perdón, y lo pides porque te sientes mal, no por obligación. Cuando quieres a alguien te preocupas de dejarle bien antes de irte, aprendes a leerle el alma antes que los labios, aprietas los dientes ante el problema y sigues, ahí, a su lado. Cuando quieres a alguien te brillan los ojos, te baila el cuerpo con los pies en el suelo, te pillan de vez en cuando mirando con cara de no estar en La Tierra y ni siquiera saberlo. Tú, que decías que me querías, jajaja. ¿Acaso sabes qué es eso? Cuando quieres a alguien, cuando lo quieres de verdad, te importa una mierda cómo estás tú, aunque veas la vida color gris, a esa persona le dices que hoy el cielo es de color rosa. No pagas con ellas tus frustraciones, ni la obligas a ver las cosas a través de tus ojos. Cuando quieres a alguien y se está cayendo, tienes los cojones de parar el mundo, todo el puto mundo entero, para darle la mano hasta que consiga estabilizarse. Cuando quieres a alguien no lo abandonas a su suerte, esperando que un día su herida sane. Cuando quieres a alguien te quedas haciéndole compañía, aunque haya mil kilómetros de por medio o se haga de día, aunque caiga un aguacero. Tú, que decías que me querías, que va, no lo creo. Tú, que decías que me querías, yo ya no te quiero.

Te echo de menos

Te echo mucho de menos. Te echo terriblemente de menos. Echo de menos tu mano cogiendo fuerte la mía cuando no tenía, o simplemente no sabía, dónde agarrarme. Echo de menos tus ojos destellantes de ilusión ante cualquier atisbo de vida, tu forma de ver el oasis en el desierto, el agua en el hielo, la isla en el mar. Echo de menos tu valentía enmascarada de riesgo, tu pecho al descubierto cuando la bala venía directa, abrirle a cara descubierta la puerta al miedo para invitarle gentilmente a pasar. Echo de menos tu coraje, tu forma de andar hacia delante aun sabiendo las cosas que dejabas atrás, no responder ese mensaje, no hacer aquella llamada, jugar a que ya no duele y ganar. Echo de menos tu forma de arrancar la piel a tiras, solo porque sabías que ahí estaba la herida y nunca iba a cicatrizar. Echo de menos tu forma de combatir la tristeza, echarle un pulso al dolor y acabar rompiéndole el brazo. Echo de menos cómo eras y fuiste capaz de dejar de ver como un mar lo que en realidad era tan solo un lago. Echo de menos tu risa invadiendo la casa y el portal, como una onda expansiva que se va colando por los huecos más recónditos, hasta llegar al último rincón del mundo y allí explotar. Echo de menos que me digas que sí se puede, que no habrá tormenta en el mundo que pueda apagar un fuego interior, que no habrá abrazo en el mundo que pueda abarcar la fuerza que tenemos tú y yo. Te echo de menos con los seis sentidos. Joder, cómo te echo de menos… Me echo de menos, porque nunca me he tenido.

Cuando te acuerdes de mí

Hola, otra vez, amor mío. Supongo que tú sabrás mejor que yo eso de que el asesino siempre vuelve al lugar del crimen, así que aquí estoy. Aquí vengo, de nuevo, a contemplar una vez más el esqueleto que queda de lo que fuera nuestro amor, a cara descubierta y con los ojos abiertos de par en par, como si quisiera o me gustara recrearme en la que quizá haya sido nuestra obra de arte más macabra, y sólo tal vez, sin ni siquiera sentirme culpable por ello, después de ti. Quería decirte que cuando te acuerdes de mí, y de lo que teníamos antes de que lo matásemos a sangre fría, sigas autoconvenciéndote de que tampoco fue tan grande lo que sentiste, y yo, por mi parte, cuando me acuerde de ti, trataré de olvidar que sí lo fue. Cuando te acuerdes de mí, sigue intentando fingir que no te fallan las piernas cuando coges a alguien más, y yo, fingiré que me siento igual de segura en otros brazos. Cuando te acuerdes de mí, hazte a la idea de que todo lo que te escribí está al alcance de cualquiera, que volverán a escribirte igual, o al menos parecido. Yo, trataré de pensar que tengo textos mucho más bonitos, y otras cuantas musas que te pasan de largo. Cuando te acuerdes de mí, olvida el sabor de mis labios y recuérdame solo por mi nombre. Cuando te acuerdes de mí, olvida nuestras miradas cómplices, o cómo nuestros gemidos se confundían en uno solo cuando hacíamos el amor en la parte de atrás del coche. Sigue pensando que el amor no está hecho para ti, cuando eres tú el que quizá no esté hecho para el amor. Sigue refugiándote en tu complejo de Peter Pan, con la diferencia de que esta vez te tocará hacerlo sin una Wendy. Yo olvidaré, o al menos negaré hasta la muerte, que fuiste el amor de mi vida, como un náufrago que ya no recuerda de dónde viene. Sonreiré cuando te vea pasar, como si hubiera metido en una botella todos nuestros recuerdos y la hubiera lanzado al mar más lejano de casa. Haré mi vida, seré feliz, porque me quedarán por ver cientos de estrellas fugaces que me recuerden el significado de la palabra fugaz, después de que tú me lo enseñaras. Aún así, hay cosas que son eternas, como la huella que has dejado en mí, pero de la que haré de tripas corazón para no mirar. Así que, cuando te acuerdes de mí, ten presente todo esto y olvida también la historia de los hilos rojos, porque ya no sé de qué color es el mío, ni si se parece en algo al tuyo. Pero cuando te acuerdes de mí, no dudes, ni por un instante, que volvería a repetir nuestro crimen desde el principio, volvería a elegirte a ti como culpable de dejar de querernos, y como víctima de mi manera de enamorarme. Cuando te acuerdes de mí, te pido que no lo hagas también de nuestras manos entrelazadas mientras nos contábamos secretos a la luz de la luna, de esos abrazos que abarcaban todos los problemas del mundo o de ese silencio que solo se atrevían a romper los besos atropellados en el camino de tu boca a la mía en un cuarto a media noche. Cuando te acuerdes de mí, olvida la capacidad de reconocimiento que tenían nuestros cuerpos uno con el otro, los nervios a flor de piel cuando nos encontrábamos por puro azar o por mano del destino, o la paz que nos podíamos dar en una mirada que fácilmente duraba horas. Cuando te acuerdes de mí, olvida todas las cosas que me dijiste, las que te escribí, y las que los dos nos callamos. Cuando te acuerdes de mí, olvida mis ojos sostenidos por los tuyos, mis manos haciendo de pincel por tu espalda, tu cuerpo contra el mío, mi vida con la tuya. Yo mentiré, diré que ya ni siquiera recuerdo tu voz, como si fuera una melodía desconocida que cada vez se escucha más lejana en el tiempo. Diré que ya no sueño contigo, y que si lo hago, ya no me despierto con mal sabor de boca y una angustia clavada en el pecho. Diré que me es indiferente encontrarme por casualidad con tu familia, esa que me tendió la mano como si fuera una más, para que tú un día me terminaras sacando por la puerta de atrás mientras todos dormían y no podían enterarse, como quien abandona a un perro herido en la carretera y no mira por el retrovisor del coche hacia atrás cuando se está yendo. Diré que ya no recuerdo lo que nos pasó, y que ya no pienso en lo que nos podría haber pasado. Diré que me alegro por ti si consigues ser feliz con alguien más, con la mayor sonrisa jamás dibujada en mis labios. Diré que aquellas noches frías en las que visitaba un rato nuestros recuerdos para calentarme un poco, o quizás para acabar aún más congelada, ya quedaron muy lejos. Diré que jamás te quise tanto, y que de haberlo hecho alguna vez, ya ni siquiera lo recuerdo. Mentiré tan bien que me creeré mis propias mentiras. Siempre fui más de empezar por el final que por el principio, como cuando al comprar un libro leía siempre primero cómo terminaba. Siempre me gustó más empezar por la Z que por la A, creo que va siendo hora de retomar viejas costumbres. Tú jamás le cuentes a nadie lo que fuimos juntos, sigue recordándome como esa niña loca que escribía y sentía sin parar, y que solo te regaló una pequeña parte de su vida, obviando que fue la más importante también para los dos. Piensa que jamás habríamos conseguido ser felices, que algún día encontrarás a esa persona que se parezca tanto a ti que nunca encontréis un motivo para separaros, yo rezaré para que esa vez sí os funcione la teoría de los imanes, como no nos funcionó a nosotros a la inversa. No recuerdes nuestro amor como el más grande que hayamos tenido en nuestra vida, porque te vas a sentir como un cobarde por haber preferido no luchar, igual que me sentí yo. Guarda nuestras fotos y mis cartas en el cajón más hondo que encuentres, y no encuentres nunca un solo motivo para volver. Que nuestro único atisbo de esperanza de estar juntos sea encontrarnos en otra vida, una en la que también te vuelva a esperar para nacer. Cuando te acuerdes de mí, olvida que me has echado de menos. Olvida tus oscuras noches de invierno aferrado al colchón maldiciendo que esa sea tu única compañía, muy lejos de casa y de los que te quieren. Olvida que el verdadero motivo por el que nunca hemos intentado de verdad ser amigos es porque han pasado tres años y cada día hemos sido más conscientes de que no hay peor despedida que volver a saludar con dos besos cuando los labios ya se conocen. Olvida que en realidad piensas que somos dos masoquistas, que cuando se cruzan, más tarde o más temprano acaban cayendo y cometiendo el mismo delito, una y otra vez, aunque se pasen el resto de su vida jurando que son inocentes de querer. Olvida lo felices que podríamos llegar a ser, y sigue caminando de la mano de ese miedo que siempre nos ha frenado cuando el semáforo se ponía en verde. Podrías pensar que yo soy la única que todavía vive aferrada al pasado, pero olvida que una parte de ti aún no está preparada tampoco para vivir sin mí en el futuro. Cuando te acuerdes de mí, olvida que me quisiste y convéncete con seguridad de que ya no soy el amor de tu vida, si es que alguna vez llegué de verdad a serlo. Convéncete tan fuerte hasta que de verdad lo creas. Olvídate de las veces que has sentido el inevitable impulso de buscarme. Olvida las veces que te has acordado de nosotros y se te ha escapado una pequeña sonrisa, y olvida también las que has sentido un puñal en el pecho al hacerlo. Cuando te acuerdes de mí, si lo haces al leer esto, olvida que te lo he escrito. Cuando te acuerdes de mí, olvida que me has recordado. Cuando te acuerdes de mí, dime si tú también eres capaz de olvidarme, porque yo no me lo creo.