viernes, 20 de febrero de 2026

Independencia

La miré fijamente a los ojos una madrugada de jueves y le dije: dime que no soy la única que no persigue la estabilidad. Que no sueña con casarse (ni siquiera con el amor de su vida), que no desea convertirse en madre (ni siquiera con el amor de su vida), aunque eso signifique condenar a toda una familia entera a renunciar a su única oportunidad de tener descendencia. Dime que no soy la única que sí quiere mudarse a un estudio y no a una casa con tres habitaciones, que no lloraría de alegría con un contrato indefinido porque la ataría a un lugar, que sería la más feliz del mundo si al volver a casa solo la recibiese su gato. Dímelo. Dime que no soy la única que querría malgastar las madrugadas de vida que le quedasen escribiendo libros, en lugar de conociendo gente nueva para volver a despedirla. Dime que no soy la única a la que no le gustaría poner cuadros propios en las paredes, porque esas paredes nunca serían hogar. Dime que no soy la única que quiere pasar su vida visitando países, aunque me lo funda todo en vida. Y, por favor, dime que no soy la única que en sus últimos días solo querría volver a ver cinco minutos a cada amor del pasado con el que todo esto no se pudo dar. Y ella, muy tranquila, con sonrisa irónica, me respondió: “tranquila, somos muchas”. 

lunes, 9 de febrero de 2026

Hokage

Hoy he pensado en ti
y no preguntes por qué
No sé si me he acordado mejor de tus ojos que de tu risa
o si era al revés
Será que aún resiste en mí tu huella
y la sombra que llevas siempre bajo los pies
No tenía ni veinte años
pero te juro que habría jurado
que eran seis o siete en mi interior
cuando estaba a tu lado
y te veía como a un Dios
Tranquilo, no he recordado grandes cosas
solo las playas a las que fuimos
y en las que aún pueden verse escondidas
en cada granito de arena
-si los miras bien de cerca-
todas las sonrisas que nuestras almas una a la otra se regalaron bajo un decreciente sol
Del día que íbamos en el coche bajo la lluvia solo sé una cosa
me habría dado igual que se hubiese inundado todo
pero me alegro 
-de veras-
de que ahora haya renacido en ti el campo de flores 
que un día mi tormenta ahogó 

Punzadas en el cora (volumen II)

Soñar con una persona y despertarte al lado de otra
Hacer lo que debes siendo lo que no quieres
Pulsar el botón de eliminar en la última foto
Escuchar tu nombre y seguir hacia delante sin girarte
Mentir a los ojos por el bien de la otra persona
El cigarro de las tres de la mañana con tus fantasmas
Oír la puerta cerrarse sabiendo que no la va a volver a abrir
Coger doce rosas y clavarte trece espinas
Encontrarte con su familia
Que se quede grande la palabra amiga
Dejar de escribirle, pero no de quererle
Reconocer a alguien y cambiar de calle en un fallido intento de dormir los sentimientos 
Despertarte de un sueño donde estabas siendo muy feliz y darte cuenta de que era solo un sueño
No querer saber cómo le va a esa persona y que te lo cuenten
Querer a alguien y que no sea correspondido
Que te quieran y no poder corresponder
Darte cuenta de que el tiempo es lo único que jamás va a volver 

viernes, 6 de febrero de 2026

024

Nunca os toméis a broma un intento de suicidio
porque nunca es para llamar la atención
Puedes estar respondiendo que estás bien  al cotidiano “¿Cómo estás?” de un amigo por Whats
mientras te están poniendo la vía
y solo contárselo años más tarde
-yo lo sé bien-
Y no
nunca es por un desamor
ni por malas relaciones familiares
ni por una infancia traumática
siempre es por ese nudo
ese jodido nudo agarrado en la garganta
que no te deja respirar
Los ángeles que vienen a salvarnos no existen
como mucho a veces adoptan la forma de nuestros padres
pero hasta que la persona entienda que solo ella puede salvarse a sí misma
sé amable con los demás
nunca sabes por lo que están atravesando
yo debería aplicármelo la primera 

jueves, 5 de febrero de 2026

Cómo borrar la tinta que mancha mis dedos

Hoy he escuchado que la palabra “olvidar” en italiano se dice de dos formas diferentes
una es para olvidar datos de tu cabeza 
como fechas o letras
otra es para sacar a alguien de tu corazón
-adivina cuántas personas utilizan esta última- 
y yo no he podido evitar pensar 
que no sabes cómo desearía
no haber mirado nunca tus ojos de cerca
ni haber sobrevivido al precipicio de tu congelación
No sabes cómo desearía haberle entregado mi amor
a la persona correcta
-que a estas alturas, menos tú, habría sido cualquiera-
No sabes cómo desearía que te hubieras ido mucho antes
al ser posible antes de nacer yo
porque no se puede olvidar
lo que nunca se ha conocido
ni se puede arrancar de la piel
lo que nunca se ha sentido
¿Pero cómo voy a hacer eso precisamente yo,
que he dejado infinidad de pruebas de la catástrofe
en cada poema que he escrito
y lo he firmado con la tinta del corazón?

miércoles, 4 de febrero de 2026

Obra cumbre

Siempre fui de emociones intensas. De apretar los dientes con el frío y morderme la lengua en las cálidas conversaciones. Siempre fui de abismos ininterrumpidos y de inviernos eternos que les daban la vuelta a todas las estaciones. Siempre fui de emociones contenidas, de enamorarme una vez cada ocho años y medio y querer a todo el que me dé los buenos días. Siempre fui de arañar las paredes con mis trenzas de espiga y morderme las uñas sin llegar a romperlas. Siempre fui de dormir con la puerta cerrada y recibir a los fantasmas con la boca abierta, deseando saliva. Siempre fui de hacerles el amor llamándolos por otros nombres, hasta creerme que ya no llevaban mi apellido. Siempre fui de abrazar fuerte sin decirte por qué, pero hacerlo hasta sentir un pellizco. De no contestarte los mensajes mientras te escribo pergaminos. Siempre fui de carreteras empapadas, de cielos cubiertos, de rostro serio y llorar de la risa. Siempre fui de saltos al vacío en cámara lenta y goterones de agua que calaban hasta la roca más dura para hacerle una grieta. ¿Qué quieres que te diga? Si fui Romeo sin Julieta y un gato herido sin sus siete vidas. Fui la cumbre de la torre de Pisa y lo que nadie encontró en La Atlántida. De querer y odiar a mi madre a partes iguales, de mandar y recibir cartas. De escribir libros a la musa que nunca lo mereció, pero que llegaba siempre puntual a su visita. Siempre fui una niña grande buscando la mano que ahora escribe, siempre fui sus ojos a punto de llorar mirando el arcoiris que su mismo llanto había creado, siempre fui el pájaro que volaba más alto y todos los aviones que acaban aterrizando. Siempre fui de dejarte volar lejos, volar libre, y reservarte tu hueco de siempre por si alguna vez decides volver, aunque ya no le pongo ni cojines. Fui maleza y bosque y la presa que se oculta en él, fui la víctima arrepentida que decidió vengarse y acabó dándote un beso delante de tu madre. Fui la que acabó hablándole de las nubes a las que me subiste confiando en que la tormenta nunca amenazase. Y ¿Lo adivinas? Cayeron rayos tan fuertes que las quemaduras de tercer grado que aún conservo tienen la forma exacta de tus dedos en la escalada cumbre hasta mi cuello, que aún hoy agoniza irreparable. Soy la niña pequeña que echa de menos a su mejor amiga y solo quiere volver a ponerse su ropa para hacerse fotos en el espejo, solo por seguir conservando algo de ella. Soy la que la quiere a rabiar aunque hayan pasado los años y no entiende que sus lazos ya solo los sostienen el pasado. Soy la mujer que siente una por una a cada persona que ha fallado y que no encuentra una salida cuando le avisan del incendio que avanza a gran paso. Soy la que intenta quererte, de verdad, pero me engancho a otras sombras y me arrastro. Soy la que se deja besar en el portal medio abierto y llega con el corazón más arañado que las medias. Soy la que lee el libro hasta los agradecimientos y sueña con agradecerte algún día todas sus letras. Soy la que apaga luces y enciende velas solo por sentirlo todo un poquito más cerca. Soy la que se marea en los barcos y pierde el rumbo en tierra firme. Soy de acariciar con ambas manos y escribir con el nudo que a mi alma persigue. Soy la del cañón abierto, la del puño cerrado, la del cajón medio abierto, la del corazón congelado. Soy la que sale a la calle con tu mechero para ver si lo pierdo y así te olvido, para acabar igualmente pidiéndote otro. Soy la de las contradicciones a pie de letra, la de las inundaciones en la isla desierta, la de los esquemas rotos. Pero todo esto me gusta, porque soy yo y no cabría otro yo en lo que hoy y ahora soy, y con eso, me conformo.