te abracé hasta arañarte la espalda
te escuché hasta quedarme sorda de tus latidos
te leí hasta darme cuenta de que eras tú quien lo subrayaba
Te quise hasta que el amor vivió las cuatro estaciones
te perdí hasta darme cuenta de que te amaba
te odié cuando vi mis latidos muertos en el suelo
me enamoré de cada una de tus pestañas
-y ni siquiera me lo habría creído-
Te sonreí por el simple placer de sumarme a la curva de tu boca
y al final me reí tan fuerte
que tuviste que llamarme loca
Me estrellé mil millones de veces contra el muro
y todavía sigo pensando que detrás de él está la libertad
Hemos estado ahí arriba, te lo juro
mirando a la luna a puntito de saltar
Te he dolido hasta quedarme sin a quién dañar
Me has dañado hasta quedarme sin herida que sanar
El “pero” de esta historia
que por ti volvería a sangrar
porque el rojo
siempre
seguirá siendo
mi color favorito
-después del de tus ojos
que ojalá ya nunca
se vuelvan a cerrar-
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